Según los datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, en el curso 2020-2021, salieron al mercado 1.623 nuevos jóvenes veterinarios. Los datos del curso 2023-2024, en el momento de este reportaje, aún no han sido publicados oficialmente pero es probable que la cifra sea similar o ligeramente superior, considerando el aumento en el número de matriculados en años recientes.
La veterinaria, una profesión que se elige por vocación… y se construye con esfuerzo compartido
Muchos de los estudiantes que se gradúan en veterinaria en España tienen claro que quieren dedicarse a la clínica de pequeños animales y llegan al mercado laboral cargados de ilusión, con años de estudios a su espalda, y con ganas de empezar una carrera que no es solo una profesión, sino un modo de vida.
En paralelo, muchísima clínicas veterinarias en todo el país se esfuerzan por ofrecerles una primera oportunidad, proponiéndoles un lugar donde aprender, trabajar en equipo y desarrollar las bases de lo que algún día será su propia forma de ejercer la medicina veterinaria.
Sin embargo, todos en este sector sabemos que los primeros años de andadura profesional para los jóvenes veterinarios en las clínicas veterinarias suelen estar caracterizados por altibajos, aprendizajes de todo tipo y retos personales varios.
Por ello, este reportaje quiere dar voz a quienes están empezando, pero también quiere tender puentes entre generaciones, entre expectativas y realidades, entre lo que soñamos y lo que se puede construir juntos.
Asimismo, nos gustaría indicar que los nombres de los profesionales que aparecen en este reportaje son ficticios, a petición de los entrevistados. Una profesión que se elige por vocación... y se construye con esfuerzo compartido.
El primer año de profesión... cómo la veterinaria está cargada de luces y sombras
- Marina, 24 años, trabaja en una clínica urbana:
“Me sigue emocionando ver cómo mejora un paciente, o explicar un diagnóstico complejo a un tutor. Pero hay días en los que me siento desbordada. Las jornadas son largas y me cuesta desconectar. No siempre tengo a alguien que me guíe, y eso pesa.”
- Jordi, 25, en una clínica rural:
“Aquí somos pocos, así que tengo responsabilidades desde el primer día. Además, el ritmo es alto y vivo con cierta presión porque no hay margen para el error. Aprendo, sí, pero también estoy siempre muy cansado y con mucha tensión emocional. Me esfuerzo al máximo, pero siento que estoy en una carrera sin descanso.”
- Ana, 26, ha rotado por varias clínicas:
“He pasado por varias clínicas veterinarias y tengo que decir que lo más duro no era el trabajo en sí, sino sentir que no se valoraba mi esfuerzo, creo que es un sector donde hay que trabajar el liderazgo y el bienestar de los trabajadores. Por mi parte, he aprendido a poner límites y buscar entornos donde pueda crecer de verdad y por eso ahora estoy en un equipo que me forma y me respeta, y eso lo cambia todo.”
- Lucas, 25, lo tiene claro:
“Yo casi que acabo de terminar y ya sé que es duro, pero también creo que merece la pena. Hace unos días una familia nos abrazó por lo que habíamos hecho por su perra Arya y la verdad es que esa conexión no la cambiaría por nada. Siempre he sabido que esta profesión te exige mucho pero creo que también te da mucho y por eso no la cambiaría por otra"
Cuando el compromiso con la profesión veterinaria choca con la realidad y la sostenibilidad
Los veterinarios gerentes de las clínicas también tienen su propia historia, y muchos hacen verdaderos equilibrios para poder incorporar a jóvenes profesionales, ofrecerles un entorno formativo, acompañar su evolución... y, al mismo tiempo, sostener un negocio que en muchos casos trabaja con márgenes ajustadísimos.
“Hay que hacer entender que la mayoría de las clínicas veterinarias no son multinacionales, se trata de proyectos personales que han salido adelante con mucho trabajo, esfuerzo y pasión por una profesión que no siempre te responde de la manera que mereces. Como gerentes o dueños de las clínicas intentamos enseñar, pagar lo mejor posible, cuidar de nuestro equipo... pero igual el coste de los servicios veterinarios en España sigue estando por debajo de la necesario para sostener todo esto", nos cuenta un gerente que prefiere no aparecer con su nombre.
Por ello, tal vez en nuestra profesión también ha llegado el momento de abrir este melón... ¿qué valor le da nuestra sociedad al trabajo veterinario? ¿cómo podemos esperar calidad asistencial, tiempo, formación y bienestar profesional si el tutor medio valora más el precio que el servicio?... Las clínicas hacen lo que pueden para cumplir con todos sus deberes, y muchas veces mucho más y por esto la sostenibilidad del sector se está viendo afectada.
El aprendizaje como parte del camino
A veces olvidamos que en medicina humana, y en las series médicas de "Neflix" por ejemplo, vemos a médicos residentes colapsados, lidiando con guardias, errores y aprendizaje continuo.
Sin embargo, en veterinaria parece que no existe de manera reglada esa estructura de residencia clínica generalizada, pero sí es importante que las nuevas generaciones sepan que el inicio en la clínica veterinaria también es un proceso formativo. Exigente, sí, pero necesario.
Más puentes y menos muros
La ilusión de las nuevas generaciones está intacta y el esfuerzo de quienes gestionan las clínicas también pero durante este reportaje nos ha quedado claro que necesitamos escucharnos más, empatizar y construir espacios más sostenibles para todos.
No se trata de buscar culpas, igual la solución también está en entender el contexto, la vocación no debe significar renunciar al descanso ni a unas condiciones dignas, pero también debemos reconocer que la rentabilidad en la clínica veterinaria depende de muchos factores, entre ellos, de cuánto está dispuesta la sociedad a pagar por un servicio esencial y altamente cualificado.
En conclusión, este reportaje sobre los jóvenes veterinarios y los gerentes de las clínicas no busca señalar, sino visibilizar. Porque la profesión veterinaria se construye mejor si lo hacemos juntos: paso a paso, año a año, aprendizaje tras aprendizaje...












