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Todo problema de comportamiento requiere valorar el dolor

El dolor puede estar detrás de problemas de comportamiento en perros y gatos. La agresividad, el miedo, la eliminación inadecuada o las conductas repetitivas pueden tener un origen doloroso que conviene descartar antes de iniciar cualquier abordaje conductual.

El dolor se debe incluir de forma sistemática en el diagnóstico diferencial de los problemas de conducta, incluso cuando no se identifique una lesión física evidente.

  • El dolor puede manifestarse como agresividad, miedo, eliminación inadecuada, conductas repetitivas o cambios en la interacción social.

El comportamiento y la salud están estrechamente relacionados. Cualquier patología que altere el funcionamiento de órganos y sistemas puede modificar la conducta, y los problemas de comportamiento también pueden repercutir en la salud del animal (Camsps et al., 2019).

Y muy habitualmente, el primer signo de problema de salud es un cambio de comportamiento (García-Belenguer S et al., 2022).

  • La frontera entre las alteraciones de comportamiento y los problemas médicos se considera cada vez más difusa y se potencia su valoración conjunta.

En este contexto, las patologías dolorosas destacan por su relevancia clínica y por su frecuencia de presentación.

¿Qué es el dolor?

El dolor se define como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño tisular real o potencial.

Sus manifestaciones conductuales pueden agruparse en dos grandes categorías:

  • Pérdida de comportamientos normales, como menor apetito o actividad.
  • Aparición de conductas anómalas, como agresividad, miedo, eliminación inadecuada, vocalizaciones o posturas alteradas.

Una prevalencia probablemente infrarregistrada

Mills et al. (2020) plantean que la relación entre dolor y problemas de conducta está infrarregistrada.

A partir de una revisión de 100 casos recientes de perros atendidos por varios autores, se estima de forma conservadora que alrededor de un tercio de los casos remitidos por problemas de conducta implicaban alguna condición dolorosa, aunque en algunos contextos la cifra se aproximaba al 80 %.

La variabilidad entre profesionales fue amplia: la proporción de casos en los que se sospechó dolor osciló entre el 28 % y el 82 %.

Los autores proponen cuatro formas de relación entre dolor y conducta:

  • que el motivo de consulta sea una manifestación directa del dolor;
  • que un dolor no identificado explique signos secundarios;
  • que el dolor agrave un problema de conducta previo;
  • que aparezcan signos conductuales asociados al dolor.

Agresividad y miedo como respuestas al dolor

El dolor puede inducir agresividad como respuesta defensiva orientada a evitar el contacto físico y prevenir más daño.

Camps et al. describen dos patrones diferenciados en perros con agresividad asociada a dolor:

  • Animales sin historia previa de agresividad, que muestran respuestas más impulsivas en contextos de manipulación.
  • Animales con agresividad previa, en los que el dolor aumenta la frecuencia e intensidad de las respuestas en los mismos contextos.

El dolor también puede participar en el desarrollo o el mantenimiento de respuestas de miedo, fobia o ansiedad.

Mills et al. señalan que las vías neurológicas implicadas en el miedo, el dolor y la ansiedad están interrelacionadas, y que una experiencia dolorosa puede facilitar asociaciones entre el dolor y estímulos inicialmente neutros, como el veterinario, la sala de exploración o determinados procedimientos. Este mecanismo de condicionamiento puede perpetuar respuestas de miedo más allá del episodio doloroso inicial.

Conductas repetitivas y estrés crónico

En las conductas repetitivas, el dolor puede actuar de forma directa. El exceso de acicalamiento en gatos o la dermatitis acral por lamido en perros pueden deberse a dolor localizado en la zona afectada. Además, el dolor crónico puede actuar como fuente de estrés mantenido, facilitando la aparición de conductas de desplazamiento que se repiten por su efecto de alivio parcial.

¿Cómo evaluar el dolor en consulta?

Los signos clínicos de dolor pueden ser:

  • Fisiopatológicos: debidos a la activación del sistema nervioso autónomo, como taquicardia, taquipnea, hipertermia, hipertensión arterial, temblores.
  • Conductuales: pueden ser muy evidentes, como una postura anormal o vocalizaciones, o muy sutiles y dependientes del carácter de cada perro, como una disminución de la interacción con personas u otros animales.

La valoración objetiva del dolor no es fácil, y para lograrlo se han propuesto numerosas escalas de medición. En la consulta pueden ser útiles, por ejemplo, la escala abreviada de dolor de Glasgow para perros o, en gatos, la escala facial de Grimace o el cuestionario de screening de dolor musculoesquelético.

Consideraciones para la práctica clínica

  • No descartar como irrelevantes las alteraciones de la marcha, los signos conductuales sin causa aparente o las conductas frecuentes en determinadas razas sin una valoración previa adecuada.
  • Incluir el dolor en el diagnóstico diferencial de los problemas de conducta de forma sistemática, antes de asumir un origen exclusivamente conductual.
  • Considerar realizar un ensayo con analgesia cuando se sospeche dolor, teniendo en cuenta que una respuesta positiva no confirma de forma definitiva la existencia de un foco doloroso concreto. Y una respuesta negativa tampoco lo descarta.
  • Tratar el dolor sospechado antes de asumir que la respuesta conductual depende exclusivamente de factores psicológicos o de aprendizaje.
  • No siempre es posible determinar si el dolor causa el problema de conducta o simplemente coincide con él; la relación exacta entre ambos no está del todo establecida.

 

Bibliografía
Camps T, Ferreiro D, Amat M, et al. Dolor y problemas de comportamiento. Consulta Difus Vet. 2019; 258: 45-49.
Evangelista MC, Watanabe R, Leung VSY, Monteiro BP, O'Toole E, Pang DSJ, Steagall PV. Facial expressions of pain in cats: the development and validation of a Feline Grimace Scale. Sci Rep. 2019; 9(1): 19128.
Mills DS, Demontigny-Bédard I, Gruen M, et al. Pain and problem behavior in cats and dogs. Animals. 2020; 10: 318.
García-Belenguer S, Rosado B, Palacio J et al. Manual de medicina del comportamiento. Consulta de Difus Vet. 2022; 195-205.
Olcoz M, Cabezas MÁ, Rocca GD, Gómez de Segura IA. Translation to Spanish and linguistic validation of the Canine Brief Pain Inventory. Front Vet Sci. 2023; 10: 1203453.

 

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