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La luxación de cristalino en gatos puede manejarse médicamente cuando la cirugía no es posible

La luxación de cristalino en gatos puede manejarse médicamente cuando la cirugía no es posible, según un estudio retrospectivo que confirma que la extracción intracapsular es el tratamiento de elección.

En gatos con luxación de cristalino, la extracción intracapsular ofrece los mejores resultados en términos de visión y control de presión intraocular. No obstante, el manejo médico muestra resultados favorables en gatos en los que la cirugía no es viable, aunque el seguimiento disponible es limitado.

Un estudio publicado en Journal of Feline Medicine and Surgery ha evaluado los resultados de distintas estrategias terapéuticas en gatos con luxación de cristalino, así como los factores que influyen en la elección del tratamiento.

El trabajo incluye 136 ojos de 115 gatos atendidos entre 2007 y 2023 en los servicios de oftalmología veterinaria de la Universidad Tufts y Tufts Veterinary Emergency Treatment and Specialties.

Una enfermedad secundaria con consecuencias potencialmente graves

La luxación de cristalino en gatos se considera mayoritariamente secundaria al daño de las fibras zonulares asociado a uveítis crónica.

También pueden contribuir factores genéticos, la degeneración zonular relacionada con la edad u otras enfermedades oculares como cataratas o glaucoma crónico.

Entre las posibles consecuencias de la luxación de cristalino se incluyen glaucoma, desprendimiento de retina y daño endotelial corneal, alteraciones que pueden provocar pérdida de visión y dolor ocular.

Perfil de los pacientes incluidos

La mediana de edad de los gatos fue de 12 años, con un rango de 0 a 20 años. Los machos representaron el 77 % de los casos. En la presentación inicial, 83 de los 136 ojos (61 %) no eran visuales. El hallazgo concurrente más frecuente fue la uveítis, documentada en 105 ojos (77 %). También se registraron cataratas en 51 ojos y buftalmia en 26.

Distribución de los tratamientos iniciales

El tratamiento médico fue la opción inicial más frecuente, elegido en 79 ojos (58 %).

La enucleación se realizó en 32 ojos (24 %), la extracción intracapsular del cristalino (ICLE) en 12 ojos (9 %) y la reducción transcorneal (TCLR) en siete ojos (5 %).

  • La reducción transcorneal no tuvo éxito en ninguno de los ojos en los que se intentó. En seis de ellos, el cristalino no pudo desplazarse posteriormente al iris. En un séptimo caso, la reducción se produjo de forma inadvertida durante la preparación para ICLE y se documentó una nueva luxación en el plazo de una semana.

En tres ojos no se aplicó tratamiento, dos gatos fueron eutanasiados y un ojo se trató con ablación con láser de diodo de quistes uveales.

Resultados según la estrategia empleada

Los datos de evolución estuvieron disponibles para 63 de los 102 ojos que no fueron enucleados ni eutanasiados inicialmente (62 %), con una mediana de seguimiento de ocho meses. El seguimiento fue corto en la mayoría de los casos, lo que los propios autores reconocen como una limitación relevante del estudio.

Entre los ojos con seguimiento, 12 de 13 tratados con ICLE como manejo primario o secundario permanecieron visuales y normotensos, definidos por una presión intraocular inferior a 25 mmHg (92 %). No obstante, la muestra es reducida y este porcentaje debe interpretarse con cautela.

En los ojos tratados médicamente, 19 de 50 (38 %) permanecieron visuales y normotensos en la última revisión; sin embargo, 33 de 50 (66 %) se mantuvieron normotensos y 17 de 23 ojos (74 %) que eran visuales en el momento del diagnóstico conservaron la visión en el seguimiento.

Factores que guiaron la elección terapéutica

El razonamiento terapéutico se documentó en 94 ojos. Los factores más citados fueron:

  • el estado visual (40 %);
  • el confort percibido (36 %);
  • la edad o los antecedentes médicos (29 %);
  • las limitaciones económicas (12 %);
  • la dificultad para administrar medicación (10 %);
  • otros hallazgos oftalmológicos (9 %);
  • y el posible riesgo de sarcoma ocular postraumático felino asociado a la ICLE (7 %).

Los autores señalan que, desde un punto de vista teórico, dicho tumor no debería desarrollarse tras una ICLE correctamente realizada, ya que el procedimiento extrae el cristalino con su cápsula íntegra.

Una búsqueda en los archivos del Comparative Ocular Pathology Laboratory of Wisconsin identificó un único caso de sarcoma ocular postraumático felino entre 16 globos con antecedente de ICLE. Con la información disponible actualmente, los autores concluyen que este riesgo no justifica evitar la intervención.

Implicaciones para la práctica clínica

  • Los autores concluyen que la ICLE sigue siendo el tratamiento con mejores resultados documentados en la luxación de cristalino felina, mientras que la TCLR no parece una opción viable en esta especie.
  • El manejo médico puede representar una alternativa aceptable cuando la cirugía no es posible por riesgo anestésico, comorbilidades o limitaciones económicas, aunque los propios autores advierten que los costes a largo plazo del tratamiento médico podrían superar a los de la cirugía en función de los controles y la medicación necesarios.
  • Se necesitan más estudios para establecer los regímenes farmacológicos más adecuados, especialmente considerando publicaciones recientes sobre posibles efectos sistémicos de algunos colirios en gatos, y para conocer los resultados a largo plazo.

 

Fuente
Aronson RJ, Yang VY, Maggio F, Pumphrey SA. Treatment rationales and outcomes for cats with lens luxation: 136 eyes (2007-2023). J Feline Med Surg. 2026; 28(5):1098612X261444569.

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