La detección de un soplo, un síncope o una alteración respiratoria puede plantear dudas sobre qué pruebas realizar, cuándo derivar al especialista y cómo abordar el seguimiento del paciente cardiópata. En estas decisiones, el criterio clínico y la coordinación entre profesionales resultan fundamentales.
- Carlos González, responsable durante 11 años del Servicio de Cardiología de AniCura Valencia Sur Hospital Veterinario, es actualmente residente ACVIM en cardiología y doctorando en el Hospital Clínico Veterinario de la Universidad CEU Cardenal Herrera.
- Licenciado en Veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid, ha ampliado su formación en centros especializados del Reino Unido y es miembro de GECAR desde 2015.
Con motivo de su participación como ponente en el programa para ACV del próximo Congreso de AEVA, donde abordará el seguimiento y control del paciente cardiópata, conversamos con él sobre los avances de la especialidad, los principales retos clínicos y la importancia del trabajo coordinado entre veterinarios y ACV.
¿Qué avances han transformado la cardiología veterinaria y cuáles siguen siendo sus principales retos?
La cardiología veterinaria ha experimentado una evolución extraordinaria en los últimos años, tanto en las técnicas diagnósticas como en los procedimientos terapéuticos.
- La ecocardiografía transesofágica en 3D y 4D nos permite evaluar estructuras anatómicas complejas y planificar intervenciones con una precisión cada vez mayor.
- También hemos avanzado considerablemente en cardiología intervencionista y quirúrgica, incorporando dispositivos y procedimientos que amplían las opciones de tratamiento.
- A ello se suma una mayor implicación de los tutores, cada vez más conscientes de la importancia del diagnóstico precoz.
Sin embargo, todavía tenemos retos importantes. Uno de ellos es adaptar a perros y gatos los avances de la medicina humana, lo que requiere investigación y validación científica.
Otro gran desafío es interpretar los signos clínicos en pacientes que no pueden expresar lo que sienten.
Una intolerancia al ejercicio, por ejemplo, puede tener distintos orígenes. Por eso, resulta fundamental integrar la información que aporta el tutor con la exploración física y las pruebas complementarias para orientar correctamente el diagnóstico.
Trabaja desde hace años con pacientes referidos. ¿Qué situaciones o hallazgos deberían hacer pensar al veterinario generalista que ha llegado el momento de derivar un paciente a cardiología?
Existe a veces la idea preconcebida de que solo se debe remitir a cardiología aquel paciente extremadamente complejo, que está en una fase avanzada o descompensado, o aquel que ya no responde al tratamiento habitual.
- Sin embargo, la realidad es muy distinta: el verdadero éxito clínico reside en la detección e intervención precoz.
A la mínima sospecha o indicio de que un paciente pueda estar desarrollando una cardiopatía (ya sea por el hallazgo incidental de un soplo, una arritmia, cambios sutiles en la tolerancia al ejercicio, o una imagen sospechosa en radiografía), lo ideal es contar con la valoración del especialista desde el primer momento.
- Esta remisión temprana es la que realmente marca la diferencia en la calidad de vida del paciente y nos permite, en muchos casos, alargar sustancialmente su supervivencia.
Además, debemos recordar que la cardiología no consiste únicamente en hacer una ecocardiografía o pautar un fármaco estándar: cada consulta y cada paciente son únicos e individualizados.
- Dos animales pueden presentar un hallazgo en apariencia idéntico en una prueba diagnóstica y, sin embargo, requerir abordajes terapéuticos y pronósticos totalmente diferentes al integrar la anamnesis completa, los síntomas referidos por la familia y la exploración física en ese momento concreto.
Cuando recibe un caso derivado, ¿qué información clínica y qué pruebas realizadas previamente resultan realmente útiles para poder valorar bien al paciente desde el primer momento?
En cardiología, toda la información clínica previa es valiosa. Para nosotros es fundamental conocer la trayectoria completa del paciente, no solo el motivo de consulta.
El historial farmacológico detallado es prioritario. Necesitamos saber qué medicación está tomando o ha tomado, las dosis empleadas y, sobre todo, cuál ha sido su respuesta clínica: si hubo mejoría, efectos secundarios o una respuesta insuficiente.
Además, gran parte de los pacientes cardiópatas son animales de edad avanzada con enfermedades concomitantes, como patologías renales, endocrinas o hepáticas. Por eso, resulta imprescindible disponer de una analítica sanguínea y de orina completa y actualizada.
Evaluar la función renal, los electrólitos y el estado metabólico nos permite pautar o modificar el tratamiento cardiológico con seguridad.
¿Qué motivos de consulta son más frecuentes y qué casos plantean mayores dificultades?
Los motivos de consulta más habituales son el hallazgo incidental de un soplo, las arritmias auscultadas por el veterinario habitual y los episodios de síncope o colapso, disnea e intolerancia al ejercicio.
Hay dos escenarios especialmente complejos.
- El primero son los síncopes o colapsos, que pueden deberse a arritmias transitorias o mecanismos reflejos puntuales.
A diferencia de las cardiopatías estructurales, que podemos evaluar mediante ecocardiografía o radiografía, estos episodios suelen ocurrir en casa y pueden no dejar alteraciones visibles ni rastro en un electrocardiograma de reposo. Además, requieren un diagnóstico diferencial con problemas neurológicos o metabólicos y herramientas de monitorización como el Holter.
- El segundo es diferenciar el origen de los síntomas cardiorrespiratorios.
En perros sénior es frecuente que una enfermedad cardíaca crónica conviva con patologías respiratorias, como el colapso traqueal o la enfermedad crónica de vías aéreas. Ante síntomas como tos o dificultad respiratoria, debemos determinar qué parte corresponde al corazón y cuál al sistema respiratorio para ajustar el tratamiento sin empeorar ninguna de las dos condiciones.
Por último, los pacientes felinos siguen siendo un desafío clínico. Pueden enmascarar los síntomas hasta fases avanzadas y una proporción muy alta de gatos cardiópatas no presenta anomalías en la exploración física.
En el Congreso de AEVA impartirá una ponencia dirigida a los ACV. ¿Qué aspectos abordará?
Mi intervención, titulada "Seguimiento y control del paciente cardiópata", parte de una idea fundamental: en cardiología, el diagnóstico es solo el principio. Las enfermedades cardíacas son crónicas y progresivas, por lo que requieren un seguimiento continuado y adaptar el tratamiento a la evolución del paciente.
- En este escenario, el papel del ACV es crucial. Abordaremos herramientas prácticas para monitorizar al paciente, tanto en la clínica como a distancia: el control de constantes, la detección precoz de signos de descompensación y la educación del tutor.
Enseñar a las familias a medir e interpretar la frecuencia respiratoria en reposo y transmitir la importancia de la adherencia a la medicación marca una gran diferencia en el pronóstico.
- Si logramos un seguimiento coordinado entre veterinarios, ACV y tutores, conseguiremos adelantarnos a las crisis en lugar de ir por detrás de la enfermedad.
¿Qué le gustaría que los ACV asistentes pudieran aplicar en sus clínicas después de su ponencia?
Me daría por muy satisfecho si se llevaran herramientas sencillas y protocolos claros para abordar sin miedo el seguimiento del paciente cardiópata.
En primer lugar, que sepan establecer una rutina de monitorización clínica: qué constantes valorar, cómo identificar signos de descompensación y cómo registrar la evolución del paciente.
En segundo lugar, que refuercen su papel como educadores de las familias. El ACV es un puente de confianza con el tutor. Enseñar a medir la frecuencia respiratoria en reposo en casa y transmitir la importancia de esta rutina permite convertir a la familia en nuestro mejor aliado diagnóstico.
- En definitiva, me gustaría que comprendieran que el seguimiento del paciente cardiópata no siempre requiere grandes aparatos, sino criterio, método, trabajo en equipo y una excelente comunicación con el tutor.
Con los años de experiencia, ¿qué mensaje considera fundamental transmitir al veterinario clínico sobre el paciente cardiópata?
Quizás cuando uno empieza a especializarse se obsesiona más con la técnica, la complejidad de las imágenes o los detalles hemodinámicos. Sin embargo, con los años te das cuenta de algo fundamental: la edad no es una enfermedad ni una razón para resignarse.
- Durante mucho tiempo ha existido cierta tendencia a pensar: "Es un perro muy mayor, ¿para qué hacerle más pruebas o derivarlo?". Creo que debemos erradicar esa mentalidad.
- Como veterinarios, no debemos prejuzgar las posibilidades ni tomar decisiones limitantes por las familias. Nuestro deber es ofrecer la mejor opción médica, diagnosticar con precisión y explicar qué se puede hacer.
Un paciente sénior con una enfermedad cardíaca no está condenado a perder calidad de vida si intervenimos a tiempo. Con los tratamientos y el seguimiento actuales, podemos conseguir que viva sus últimos años con una excelente calidad de vida, activo y sin sufrimiento. Trasladar esa proactividad al veterinario remisor es una de las lecciones más valiosas de mi trayectoria.
La experiencia de Carlos González pone de manifiesto que el abordaje del paciente cardiópata va más allá del diagnóstico. La detección precoz, la valoración individualizada y el seguimiento continuado requieren criterio clínico y coordinación entre veterinarios, ACV y tutores.
Una colaboración fundamental para mejorar la atención de estos pacientes y que tendrá especial protagonismo en su próxima ponencia en el Congreso de AEVA, dedicada al seguimiento y control del paciente cardiópata.





















