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Quién decide y quién representa a la profesión veterinaria. Un análisis desde una perspectiva de género

La profesión veterinaria es hoy mayoritariamente femenina, pero esta realidad aún no se refleja en los espacios donde se toman las decisiones colectivas. Desde una perspectiva de género, este texto analiza la brecha entre la práctica clínica y la representación institucional, y cómo las dinámicas de poder influyen en quién decide, quién representa y qué prioridades marcan el futuro de la veterinaria en España.

Si la veterinaria es hoy una profesión mayoritariamente femenina, ¿por qué solo 12 de las 52 presidencias colegiales están ocupadas por mujeres? ¿Qué modelos de liderazgo acceden realmente a los espacios donde se toman las decisiones que marcan el rumbo del sector?

Esta reflexión, planteada desde una mirada crítica y profesional, no busca señalar personas ni cuestionar trayectorias individuales, sino analizar cómo las estructuras de representación han evolucionado -o no- al mismo ritmo que la realidad de la profesión.

  • Incorporar una perspectiva de género permite preguntarse si los estilos de liderazgo que hoy predominan están alineados con la diversidad, las necesidades y las formas de ejercer que sostienen la práctica clínica actual

Cuando la feminización no se traduce en representación

La veterinaria española es hoy una profesión mayoritariamente femenina. Lo es en las aulas, en las clínicas y en el ejercicio diario, donde son mujeres quienes sostienen buena parte del trabajo asistencial y organizativo.

  • Sin embargo, esta realidad no se reproduce con la misma claridad en los espacios donde se decide el rumbo colectivo de la profesión.
  • Allí donde se fijan prioridades, se construye el discurso institucional y se representa al sector ante la administración, la feminización pierde peso.

Existe así una distancia evidente entre quiénes ejercen la profesión y quiénes la representan. Una brecha que no se percibe en la consulta, pero que resulta determinante cuando se observa la estructura de poder y gobernanza profesional.

Cuando la representación no acompaña a la realidad profesional

  • La distancia entre la feminización de la profesión y su representación institucional se evidencia en un dato elocuente: 12 de las 52 presidencias colegiales (≈23 %) están ocupadas por mujeres

Esta desproporción no responde a una falta de presencia femenina en la profesión, sino a dinámicas de acceso al poder profesional que siguen reproduciendo trayectorias y perfiles tradicionales.

La representación institucional supone capacidad real de influencia, acceso a la toma de decisiones y posibilidad de orientar el rumbo colectivo de la profesión.

En este sentido, la brecha entre quién sostiene el ejercicio profesional y quién ocupa los espacios de decisión es claramente estructural.

Quién accede a los espacios de decisión

Aunque en los últimos años se ha producido una incorporación progresiva de mujeres a distintos niveles de responsabilidad, los órganos colegiales continúan favoreciendo trayectorias largas, una elevada disponibilidad horaria y, especialmente, capital relacional acumulado durante décadas.

Estos requisitos implícitos penalizan a generaciones más jóvenes y a quienes compatibilizan el ejercicio profesional con responsabilidades de cuidado, configurando una representación que avanza con mayor lentitud que la realidad del sector.

Esta brecha se hace además visible en el ámbito estatal.

La Junta Ejecutiva Permanente de la Organización Colegial Veterinaria no se elige por votación directa del conjunto de profesionales, sino en la Asamblea General de presidentes de los 52 colegios provinciales, lo que convierte su composición en el resultado de una representación indirecta.

  • En este contexto, aunque 12 colegios están hoy presididos por mujeres (≈23 %), su presencia en el principal órgano ejecutivo estatal desciende a solo dos integrantes (≈18 %), sin ocupar además los puestos de mayor responsabilidad.
  • El dato sugiere que la feminización progresiva de la profesión pierde peso a medida que se asciende en la estructura de poder institucional, evidenciando un desajuste entre la realidad demográfica del colectivo y su representación efectiva en los espacios donde se toman las decisiones estratégicas.

En estos órganos se fijan posiciones comunes, se definen prioridades normativas y se construye el relato institucional de la veterinaria.

Cuando la diversidad real del colectivo no se ve reflejada en estos espacios, existe el riesgo de que preocupaciones ampliamente compartidas queden diluidas o directamente fuera de la agenda.

El patrón se extiende más allá de los colegios

La brecha entre feminización y poder institucional no se limita al ámbito colegial.

Se reproduce también en los principales espacios de representación sectorial que articulan la defensa de intereses laborales, empresariales y profesionales de la veterinaria.

Representación femenina minoritaria en la ejecutiva sindical

En el ámbito sindical, FESVET, principal organización de representación laboral del sector, cuenta actualmente con presencia femenina en su órgano ejecutivo, aunque esta se limita a una única integrante dentro del comité de dirección.

Este dato resulta especialmente significativo si se tiene en cuenta que buena parte de los problemas laborales que aborda el sindicato -como la precariedad, las condiciones de trabajo, las jornadas extensas o la salud mental- afectan de manera directa a una profesión crecientemente feminizada.

La baja proporción de mujeres en los espacios de liderazgo sindical vuelve a evidenciar la distancia entre la realidad demográfica del colectivo veterinario y su representación efectiva en los ámbitos donde se definen las estrategias de defensa profesional.

Empresa y asociaciones clínicas, el mismo desequilibrio

En el plano empresarial, la patronal veterinaria, la Confederación Empresarial Veterinaria Española, está actualmente dirigida por un hombre.

Aunque contó en una etapa anterior con una presidencia femenina, esta circunstancia no se ha traducido en una transformación estable de los equilibrios de poder dentro de la representación empresarial del sector, lo que refuerza la necesidad de analizar estas dinámicas desde una perspectiva estructural y no exclusivamente personal.

Según la composición actual de su Comité Ejecutivo, la presencia femenina se limita a una integrante dentro del órgano de dirección, a la que se suma la figura de la secretaría en funciones técnicas, lo que sitúa la representación efectiva de mujeres en torno a una proporción minoritaria dentro del liderazgo empresarial veterinario

Esta misma lógica se observa en las principales asociaciones profesionales del ámbito clínico.

En el ámbito de las asociaciones clínicas, AVEPA, principal referente en formación continuada y producción científica en pequeños animales, presenta también una representación femenina minoritaria en su órgano de dirección.

  • De los siete cargos ejecutivos que componen su junta directiva actual, dos están ocupados por mujeres (≈29 %), sin presencia femenina en la presidencia

En el ámbito asociativo clínico, AMVAC presenta igualmente una representación femenina limitada en su órgano de gobierno. De los nueve cargos que integran su junta directiva, tres están ocupados por mujeres (≈33 %), sin presencia femenina en la presidencia.

  • La reiteración de este patrón en sindicatos, patronal y asociaciones profesionales apunta a un fenómeno estructural: la feminización de la base profesional no se traduce automáticamente en acceso al poder organizativo ni en capacidad para definir agendas y marcos de actuación colectiva.

Barreras culturales, más allá de los cargos formales

Más allá de los cargos formales, existen barreras culturales que condicionan la participación efectiva de las veterinarias en los espacios de poder profesional. Entre las más frecuentes se encuentran:

  • Horarios de reuniones poco compatibles con la vida personal
  • Dinámicas informales de toma de decisiones que dejan fuera a parte del colectivo
  • Redes de afinidad históricamente consolidadas que dificultan el acceso a nuevos perfiles
  • Estilos de liderazgo poco permeables a modelos más cooperativos

A estas barreras estructurales se suman factores personales, como el síndrome del impostor y el temor a la exposición pública, que actúan como freno adicional a la participación.

Infantilización y desautorización en el día a día profesional

A estas barreras se suma la infantilización y la desautorización simbólica que muchas veterinarias experimentan en su ejercicio profesional, especialmente las más jóvenes.

  • Se trata de dinámicas que cuestionan su autoridad, minimizan su criterio o interpretan su participación desde claves de inexperiencia, exceso de emotividad o supuesta falta de liderazgo.

Esta deslegitimación no siempre adopta formas explícitas, pero opera de manera constante a través de comentarios paternalistas, interrupciones sistemáticas, menor reconocimiento de aportaciones o una exigencia reiterada de demostrar competencia.

Del desgaste individual al efecto estructural

Estas experiencias acumuladas influyen directamente en la disposición a exponerse públicamente, a asumir roles de representación o a participar en espacios de decisión.

  • Pero su impacto no se queda en el plano individual. También condiciona los propios procesos electorales internos.

Cuando las mujeres -y especialmente las más jóvenes- son percibidas como menos autorizadas o menos legítimas para liderar, sus candidaturas reciben sistemáticamente menor respaldo.

Qué se decide cuando se decide quién representa

La representación institucional no solo distribuye poder interno, sino que define qué problemas se consideran prioritarios y qué relato proyecta la profesión hacia el exterior.

Cuando la diversidad real del colectivo no se incorpora de forma equilibrada, cuestiones como la salud mental, el desgaste profesional, la precariedad en los primeros años de ejercicio, la conciliación o las condiciones laborales en clínicas pequeñas y medianas tienden a ocupar un lugar secundario en la agenda institucional.

La representación como condición de sostenibilidad profesional

Repensar la representación desde una perspectiva de género es, por tanto, una condición necesaria para la sostenibilidad de la profesión veterinaria.

  • Una profesión altamente feminizada que no adapta sus estructuras de gobierno corre el riesgo de reproducir dinámicas de desgaste, desafección y abandono.
  • La cuestión de fondo no es únicamente cuántas mujeres ocupan cargos, sino si la profesión está siendo gobernada desde una comprensión completa de quienes la sostienen.
  • Solo desde ahí será posible construir una veterinaria más justa, cohesionada y preparada para afrontar los retos presentes y futuros.

Esta distancia entre feminización y poder no puede interpretarse únicamente como una disfunción interna del sector, sino que conecta con los diagnósticos que señalan los estándares internacionales en materia de igualdad.

La Recomendación General nº 40 del Comité CEDAW advierte de que la igualdad formal en el acceso a los espacios de decisión no garantiza una igualdad real cuando las estructuras de gobernanza, los sistemas de elección y los modelos de liderazgo continúan respondiendo a patrones tradicionales que limitan la diversidad de trayectorias, tiempos y estilos profesionales.

La persistencia de mecanismos de representación indirecta, la exigencia de disponibilidad permanente o el peso del capital relacional acumulado operan así como barreras estructurales que pueden afectar de forma desproporcionada a las mujeres, incluso en profesiones claramente feminizadas como la veterinaria.

*Datos actualizados a 4 de febrero de 2026 según información pública disponible en las organizaciones citadas.

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