En un contexto profesional marcado por la especialización creciente, la clínica veterinaria generalista sigue siendo el lugar donde se resuelven la mayoría de los problemas reales.
- Recuperar el valor del veterinario polivalente o veterinario todoterreno no es una mirada al pasado, sino una necesidad presente para la sostenibilidad clínica y asistencial del sector
Un recuerdo de quirófano que redefine un elogio
Recuerdo perfectamente el momento. Estaba trabajando en un hospital veterinario del norte de la península, en medio de una de esas semanas de guardia que curten el carácter.
Estaba en quirófano, suturando a un perro que había sido atacado por otro, cuando una de mis superiores entró, observó mi manejo de la situación y soltó sorprendida: “Iván, ¿tú también operas? Eres un auténtico todoterreno”.
En aquel momento, con el bisturí en la mano, no supe cómo tomármelo. No sabía si se trataba de un piropo a mi versatilidad y solvencia o una manera elegante de decir “aprendiz de mucho, maestro de nada”.
Han pasado los años, y esa duda se ha transformado en una certeza absoluta. La realidad es que no sé la intención que había detrás de esas palabras, pero hoy, yo lo considero un elogio mayúsculo.
- Y no solo eso: estoy convencido de que nuestra profesión necesita reivindicar, con urgencia y sin complejos, la figura del veterinario todoterreno.
Dos extremos generacionales que dejan un vacío clínico
Vivimos una época de polarización extrema en las nuevas generaciones de veterinarios. Observo con preocupación dos perfiles crecientes que dejan un vacío peligroso en el medio.
Por un lado, tenemos al recién graduado que sufre lo que yo llamo el "Síndrome Antonio Recio".
- Como el personaje de la serie, parecen decir: “Soy mayorista, no limpio pescado”.
- Traducido a nuestro idioma: “Soy diplomado (o aspiro a serlo) en cardiología/neurología/cirugía, yo no pongo vacunas y mucho menos limpio jaulas de hospitalización”.
Por el otro lado, está el perfil opuesto: el veterinario que, ya sea por comodidad, miedo o inseguridad, ha decidido convertirse en un mero gestor de derivaciones.
- Todo lo que se salga de una desparasitación o una pauta vacunal estándar, se remite al centro de referencia.
- Se está perdiendo el instinto de intentar resolver, de mancharse las manos.
La realidad estructural de la clínica veterinaria en España
Sin embargo, la realidad del tejido empresarial veterinario en España es tozuda. La inmensa mayoría de nuestros centros son clínicas pequeñas o medianas.
- En la clínica de barrio del día a día, no es viable, ni económica ni logísticamente, tener a un especialista por órgano en cada sala de consulta.
- Esas clínicas, que son el corazón de la salud animal en este país, no necesitan “mayoristas”. Necesitan veterinarios solventes.
Qué significa realmente ser un veterinario todoterreno
Ser un todoterreno no significa ser un chapuzas. Significa tener la capacidad mental y técnica para vacunar a un cachorro a las 10:00, diagnosticar un Cushing a las 11:30, interpretar con criterio una radiografía de tórax antes de comer y, si la tarde se tuerce, entrar a quirófano para resolver una cirugía de tejidos blandos con seguridad.
- El verdadero valor del todoterreno reside en su visión global. No ve un corazón o un riñón; ve al paciente completo.
- Y, sobre todo, el veterinario todoterreno tiene algo que ninguna especialización te da automáticamente: criterio.
- Saber hasta dónde llegas y tener la humildad y la profesionalidad de remitir a un especialista cuando el caso supera tus conocimientos o tu equipamiento. Eso no es ignorancia, es responsabilidad y excelencia clínica.
La polivalencia como motor de desarrollo profesional
A los futuros o recién graduados les diría que no hay nada más satisfactorio que esa polivalencia. Ser un todoterreno te permite mantener despierta la curiosidad intelectual todos los días.
En mi caso personal, aunque la ecografía se ha convertido en una de mis grandes pasiones y podría considerarse mi “especialidad” preferida, podría decir lo mismo de la oncología o de la endocrinología.
Me resultaría imposible renunciar a ninguna de las especialidades de nuestra magnífica profesión.
- Necesito la exigencia mental de la medicina interna, la adrenalina de una urgencia de verdad (no de las consultas a deshoras, sino de las que salvan vidas) y el trato cercano del veterinario de cabecera.
Recuperar el romanticismo clínico sin perder la excelencia
El veterinario todoterreno es quien conserva el romanticismo de esta profesión, es el heredero de ese veterinario de toda la vida, o quizás una versión 2.0 de él, que lo mismo atendía un parto que curaba una infección, el que conoce el nombre del perro y la historia de la familia.
Sigamos formándonos, busquemos áreas de interés, sí; pero no perdamos el orgullo de ser todoterrenos. Porque cuando un paciente entra por la puerta de nuestra clínica, lo que hace falta no es siempre un título colgado en la pared, sino un veterinario que sepa, quiera y pueda hacer lo que sea necesario.















