A veces, una decisión profesional nace de un gesto sencillo, de una consulta inesperada o de ver cómo un animal recupera calidad de vida. Cambiar de camino pasados los 40 no significa borrar lo vivido, sino ponerlo al servicio de una nueva vocación.
En el sector veterinario, también hay espacio para quienes llegan con otra trayectoria, otra mirada y muchas ganas de sentirse útiles.
De una vida profesional a otra...
En multitud de ocasiones, casi siempre charlas informales en el hospital, la gente se sorprende cuando les digo que en otra vida fui periodista, que también hice radio, incluso entrevisté a algún famosete y que dediqué muchos años de mi vida al marketing online, la comunicación corporativa y no sé cuántas cosas más en ese mundo que parece tan atractivo y, como dicen ahora, “challenging”.
Esa otra vida no es tan remota… Hace solo 5 años que tomé la decisión de abandonar la idea de éxito que nos habían enseñado a los de mi generación: trabaja hasta reventar, escala en tu organización, sé ambicioso, deja de ser tú para integrarte en un nosotros -la empresa- y, sobre todo, haz saber a todo el mundo lo mucho que te esfuerzas y lo bien que te va (pensándolo bien esto último es también común para generaciones posteriores a la mía).
- Me costó mucho “salir del armario” y aceptar que mi lugar, mi pasión, mi vocación, estaba en sitios con menos moquetas y más pelos, con menos reuniones y más acción, con menos “lobos de Wall Street” y más animales necesitados de ayuda.
La cojera que cambió el rumbo
Todo empezó por una cojera. Mi perro Bone tenía problemas de movilidad y le llevé a la consulta de mi veterinario Javier P. Beneroso de DACs, especialista en rehabilitación y un profesional tan vocacional que cambió mi forma de entender este mundo.
Ver el progreso de Bone y, por encima de todo, comprobar cómo recuperaba su calidad de vida, creó en mí una necesidad. En una de las sesiones, hice la pregunta que cambiaría mi destino: “¿Qué tengo que hacer para trabajar en esto?”. La respuesta de Javier fue clara y concisa: “Hazte ACV y especialízate en rehabilitación”.
Volver a formarse pasados los 40
Así que, un día, avisé a mi familia con el corazón apretado y una sonrisa que no podía contener: voy a formarme como ACV. Pasados, y bien pasados, los 40 volví a la “escuela” con la misma ilusión,... Miento: mucha más ilusión que la que tenía cuando fui el primer día a la Facultad de Periodismo.
Me formé en uno de los mejores centros posibles, el Hospital Veterinari Montjuïc. Allí me crucé con profesionales que son referencia en su campo. El aprendizaje derivado de esa etapa fue enorme. El siguiente paso fue especializarme en rehabilitación y fisioterapia animal. Comencé a trabajar en el CRAR, Centro de Rehabilitación Animal de Barcelona y en paralelo me certifiqué con Improve.
Aprender el oficio desde dentro
En este tiempo he hecho prácticamente de todo: atención en clínica, UCI, mucha fisioterapia (aunque menos de la que me hubiese gustado), recepción, urgencias de noche, fines de semana y, desde hace casi dos años, ayudo en la gestión del Hospital Vet Vida Castelldefels como Practice Manager y ACV Rehabilitadora.
- Ahora ya no tanto, pero antes de dedicarme a la gestión, también he limpiado muchas jaulas y cambiado muchos empapadores.
- Cuando tienes el lujo de comprarte un sueño, tienes que saber que te lo compras con todo, con lo bonito y, también, lo necesario. Y justo en ese punto, en todo lo que no es necesariamente bonito de mi nueva actividad -limpiar jaulas, cambiar empapadores, lo puramente necesario- y no tanto en lo que todos ven (curar, cuidar, proteger), es donde valoro lo que he vivido profesionalmente antes de llegar aquí.
Mirar el hospital con perspectiva
Mis compañeros me suelen decir que soy una persona tranquila, que no hago demasiado aspaviento, y puede que algo de eso viva en mi interior y me brote de forma natural pero, además, también agradezco a mi pasado una experiencia intensa que me permite ver las cosas con cierta perspectiva sosegada, muy necesaria en un mundo tan emocional como la atención veterinaria.
Ahora entiendo que aquellas incontables horas de reuniones de coordinación con equipos de comunicación y marketing -casi nunca apasionantes para ser honesta-, o todas esas sesiones de brainstorming para encontrar una idea genial...
También están en mi memoria las sesiones de control y seguimiento de proyectos que me estaban entrenando para leer mejor el día a día de un hospital, y del sector en general: las fricciones típicas de un grupo humano trabajando bajo permanente tensión, la necesidad de consensuar reglas de juego claras para todos, la importancia extrema del trato al cliente, el no siempre fácil equilibrio entre generosidad y rentabilidad, etc.
Cuidar el día a día del equipo y del animal
Hoy en día, centro mi vida profesional en dos objetivos:
- Como Coordinadora del hospital, mi papel es cuidar el día a día para que el equipo veterinario solo tenga que preocuparse de lo más importante: cuidar de sus pacientes.
- Como ACV Rehabilitadora, mi prioridad absoluta es el bienestar del animal y de sus familias.
El valor de los perfiles híbridos
La mía es todavía una historia en construcción y solo me atrevo a dar un consejo: si estás leyendo esto y sientes que algo te frena para cambiar de rumbo, recuerda que el sector veterinario no solo necesita manos jóvenes; necesita mentes maduras, perfiles híbridos y personas resolutivas que traigan aire fresco.
- Yo a los 45 años decidí dejar de aburrirme para empezar a sentirme útil y ha sido una de las mejores decisiones de mi vida.
Gracias Bone, por enseñarme el camino.













