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El Convenio Veterinario ante un sector que crece y unas condiciones que no avanzan

El sector veterinario continúa creciendo en facturación, inversión y complejidad asistencial, pero el Convenio Veterinario sigue reflejando unas condiciones laborales que apenas evolucionan. Salarios ajustados, jornadas extensas, escaso reconocimiento de la experiencia y dificultades reales para conciliar dibujan una brecha cada vez más evidente entre la evolución económica del sector y la capacidad de las clínicas para sostener equipos estables y comprometidos.

Hablar del Convenio Veterinario es hablar del marco laboral que condiciona la sostenibilidad de las clínicas veterinarias.

Durante años se ha asumido que las condiciones laborales del sector veterinario mejorarían de forma natural a medida que el sector creciera y se profesionalizara. Sin embargo, esa evolución no se ha producido de manera automática.

Hoy, muchas clínicas se enfrentan a dificultades para atraer y retener talento, sostener equipos estables y construir proyectos a largo plazo. Analizar el marco laboral vigente permite entender por qué esta desconexión no es casual, sino estructural, y por qué su revisión se ha convertido en un tema clave para el futuro de la profesión.

Un sector en expansión con un marco laboral estancado

El sector veterinario no está en crisis. Al contrario. En 2025 la facturación ha crecido alrededor de un 8 % respecto a 2024, consolidando una tendencia de crecimiento sostenido.

  • Más centros, más inversión, más grupos empresariales, más demanda y más complejidad asistencial. Es un sector en expansión
  • Sin embargo, cuando miramos el Convenio Veterinario, la fotografía es la de un sector estancado

La pregunta es inevitable: si el sector crece, ¿por qué las condiciones laborales siguen sin hacerlo? ¿Y, sobre todo, cuál será la subida salarial para el próximo año: un 3 %, un 4 %? ¿De verdad eso es todo lo que podemos aspirar a firmar cuando hay margen para mucho más?

Crecimiento económico sin traslado a las personas

Ese 8 % de crecimiento no es un dato abstracto. Significa más actividad, más presión asistencial, más exigencia clínica y más responsabilidad para los equipos veterinarios. Pero ese crecimiento no se está trasladando ni a los salarios ni a las condiciones laborales.

  • Las subidas pactadas en el convenio se mueven en porcentajes que apenas igualan, y a menudo ni siquiera eso, el coste de la vida
  • En 2025 se firmó una subida del 3 % que, además, solo se aplica al salario base y a los complementos de convenio, pero no al conocido “ad personam”, que en muchos casos representa una parte importante del salario real.

El resultado es claro: la subida efectiva queda por debajo del IPC. No es una mejora salarial, es una pérdida progresiva de poder adquisitivo avalada por el propio convenio.

Salarios bajos para una profesión sanitaria

El salario de convenio de un veterinario generalista ronda los 22.000 € brutos anuales (1500 € netos al mes).

  • Para una profesión sanitaria universitaria, con alta responsabilidad clínica, legal y ética, esta cifra resulta difícil de justificar.

La comparación con otros sectores sanitarios es inevitable. En el convenio de la sanidad privada en Cataluña, por ejemplo, profesionales como enfermería parten de salarios superiores y cuentan, además, con una estructura retributiva más sólida: complementos claros, progresión por antigüedad y mejores pluses.

  • No se trata de establecer jerarquías entre profesiones, sino de evidenciar una anomalía persistente: el veterinario queda sistemáticamente por debajo en reconocimiento económico, incluso en un sector que crece y se profesionaliza cada vez más.

Además, el convenio veterinario no reconoce de forma efectiva la antigüedad. Los años de experiencia no se traducen en una mejora salarial clara.

  • Puedes llevar diez o quince años ejerciendo, con una curva de aprendizaje enorme y mayor responsabilidad, y seguir prácticamente en el mismo escalón retributivo

En los distintos convenios de la sanidad privada, en cambio, existen complementos por antigüedad que reconocen el valor de la experiencia y fomentan la estabilidad de los equipos. No reconocerla en veterinaria favorece la rotación constante y la fuga de talento.

Jornadas largas, disponibilidad infravalorada y fines de semana que valen lo mismo

La jornada anual del convenio veterinario se sitúa en torno a las 1.780 horas, una cifra elevada para un trabajo sanitario con alta carga física, emocional y de responsabilidad.

A ello se suma una flexibilidad que rara vez beneficia al profesional y que suele traducirse en más horas, turnos partidos y dificultades reales para conciliar.

  • De nuevo, la comparación es clara. En la sanidad privada humana en Madrid, por ejemplo, la jornada anual es de 1.680 horas, frente a las 1.780 horas del convenio veterinario.

A este marco se añaden guardias, localizaciones y disponibilidades tratadas como algo casi inherente a la profesión.

  • El ejemplo más gráfico es la disponibilidad 24 horas, retribuida con 15 € brutos
  • Una cantidad simbólica que no compensa en absoluto el impacto real de vivir permanentemente localizable.

Trabajar en fin de semana no tiene el mismo impacto que hacerlo entre semana. Afecta al descanso, a la vida social y a la conciliación. Si analizamos los distintos convenios de sanidad privada en España, esto se reconoce mediante pluses específicos por trabajar sábados y domingos.

  • En el convenio veterinario, este reconocimiento es inexistente
  • Se normaliza que los profesionales asuman turnos de fin de semana sin una compensación proporcional.

El mensaje implícito es claro: el tiempo personal vale lo mismo, independientemente del sacrificio que suponga.

Conciliación mínima: asuntos propios como gesto simbólico

La conciliación es otro indicador claro de precariedad. El convenio veterinario contempla un solo día de asuntos propios. Si miramos por ejemplo la sanidad privada en Andalucía, vemos que el convenio reconoce tres días.

  • La diferencia no es menor. Refleja cómo se concibe al trabajador: como un recurso siempre disponible o como una persona con vida más allá del trabajo.

Enfermar trabajando también sale caro

En el sector veterinario, ponerse enfermo o sufrir un accidente laboral sigue teniendo consecuencias económicas.

El convenio solo mejora lo previsto por el Estatuto de los Trabajadores a partir del día 21 de baja por accidente laboral.

  • Los primeros días implican una pérdida salarial. Sí, lo has leído bien, si te muerde un perro trabajando, y tienes que coger la baja, vas a cobrar menos durante los primeros 20 días.

Mientras tanto, ¿qué vemos en otros sectores sanitarios? En la sanidad pública se cobra el 100 % del salario desde el primer día y en la sanidad privada se complementa hasta el 100 % en caso de accidente laboral y se contemplan mejoras también en bajas por enfermedad común.

Para una profesión expuesta a riesgos físicos y a una elevada carga emocional, esta diferencia resulta especialmente significativa.

Cuando sobran facultades y faltan clínicos

El cierre del círculo es quizá el más preocupante. Cada vez resulta más difícil encontrar veterinarios clínicos que quieran trabajar en clínica, especialmente en determinados horarios, turnos de urgencias o en centros con alta carga asistencial.

Y esto ocurre a pesar de un dato llamativo: España es uno de los países de Europa con más facultades de veterinaria, tanto en números absolutos como en facultades por millón de habitantes, por delante de otros grandes países europeos.

  • No faltan graduados. Falta retención. Falta atractivo. Falta un marco laboral que permita construir una carrera clínica sostenible a medio y largo plazo.

Si hay crecimiento, hay margen

Volvemos al punto de partida. El sector veterinario crece un 8 %. No hablamos de supervivencia, sino de prioridades. De decidir si ese crecimiento incluye o no a las personas que lo sostienen.

La precariedad del Convenio Veterinario no es inevitable. Es una elección. Y mientras no se revise de forma profunda, seguiremos formando profesionales que el propio sistema expulsa de la clínica.

Porque el bienestar animal empieza por el bienestar veterinario. Y ese, hoy, sigue sin firmarse a la altura del sector que ya somos.

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