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Carta abierta “No quiero dejar la veterinaria, pero…”

Este testimonio es ficticio, pero podría ser perfectamente real porque lo que se cuenta aquí lo sienten, en silencio, muchas personas que forman parte de la profesión veterinaria

"Querida compañera, querido compañero: No quiero dejar la veterinaria pero hay días en los que me lo planteo. No porque no ame mi profesión, sino porque a veces siento que me duele más de lo que me sostiene, porque hay jornadas en las que la vocación no alcanza para apagar el cansancio, para lidiar con las exigencias, con la frustración o con esa sensación constante de no llegar a todo y además  sé que no soy la única persona que se siente así.

La mayoría llegamos a esta profesión movidos por una pasión profunda como es la de cuidar a los animales, aliviar su sufrimiento, ser parte de su bienestar, pero con el tiempo, esa motivación puede verse tapada por la rutina, por la presión del día a día, por los turnos que se encadenan, por los casos que nos persiguen en la cabeza incluso fuera del trabajo...

No quiero dejar la veterinaria, pero hay momentos en los que no me reconozco y me doy cuenta de que he dejado de disfrutar lo que antes me entusiasmaba, que voy en piloto automático y que mi energía está al límite. Que a veces, incluso, me cuesta recordar por qué empecé en esto, y no, no se trata de rendirse ni de ser débil, se trata de reconocer con honestidad que esta profesión tan vocacional también puede quemar. Que cuidar, sostener, decidir, consolar, contener… agota. Y que el desgaste emocional también forma parte del trabajo clínico.

Perder la motivación no significa haber fracasado, significa que algo necesita atención y , a veces, basta con hacer una pausa, mirar hacia dentro y preguntarse ¿qué parte del trabajo todavía me conecta con lo que soy? ¿qué podría cambiar, por pequeño que sea, para recuperar algo de oxígeno? Quizá sea volver a formarte en un área que te interesa o pedir ayuda para gestionar ciertas emociones o hablar con otras personas que han pasado por lo mismo...Tal vez sea replantear horarios, tareas, dinámicas de equipo. O, simplemente, recordar que la vocación no está en el entusiasmo permanente, sino en el compromiso de cuidarte para poder cuidar. Porque sí, a veces también necesitamos abrir nuevas ventanas dentro de la profesión.

Esta carta no es una despedida, es una pausa y una forma de decir que no quiero dejar la veterinaria, pero quiero ejercerla de un modo que no me consuma. Y si tú también lo sientes así, que sepas que no estás sola, que no estás solo. Que somos muchas las personas que queremos seguir aquí, pero mejor, con más salud, con más sentido, con más vida"

Este testimonio es ficticio, pero podría ser perfectamente real porque lo que se cuenta aquí lo sienten, en silencio, muchas personas que forman parte de la profesión veterinaria. Desde Vetesfera creemos que hablar de salud mental, motivación y bienestar profesional no es un lujo, sino una necesidad urgente y por eso seguiremos generando espacios, contenidos y conversaciones que visibilicen lo que también forma parte de nuestra realidad clínica y el lado humano de quienes se ponen en primera línea en las clínicas veterinarias todos los días.

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