No ha sido un recorrido fácil ni exento de dudas. Ha sido un proceso de aprendizaje colectivo, de errores y aciertos, de avances técnicos y tecnológicos, de cambios de mentalidad y, sobre todo, de asumir que nuestra profesión tenía -y tiene- la obligación de aspirar a más en la atención a nuestros pacientes y en la comprensión de un órgano que, para muchos de nosotros, sigue siendo uno de los más fascinantes creados por la naturaleza.
De una cardiología diagnóstica a una cardiología terapéutica
Cuando comencé a formarme, la cardiología veterinaria era, en muchos aspectos, una disciplina eminentemente diagnóstica.
Recuerdo los primeros cursos de electrocardiografía, en los que, a partir de un electrocardiograma (ECG) y de la exploración física, intentábamos llegar al mejor diagnóstico posible.
- La ecocardiografía dejó de ser una herramienta excepcional para convertirse en parte de la práctica clínica diaria.
La ecocardiografía supuso un avance enorme, hoy plenamente establecido como patrón de oro en el diagnóstico de muchas patologías, pero que en aquel momento aún se percibía como una herramienta reservada a situaciones concretas. Como decía un ponente en uno de aquellos cursos: es como un Ferrari, no siempre vas al trabajo en Ferrari.

Oclusión de shunt portosistemico extrahepatico con sistema AVP, no todo es cirugía abierta
La cirugía cardíaca abierta, por su parte, era excepcional. Limitada a centros muy concretos, con una morbimortalidad elevada y con indicaciones muy restringidas, obligaba a muchos compañeros a buscar, casi de forma artesanal, hospitales donde alguien tuviera cierta experiencia en cirugía torácica, generalmente sin cardioplejia ni apertura de cavidades.
En ese contexto, muchas cardiopatías congénitas y adquiridas se asumían como “inoperables” o, en el mejor de los casos, manejables únicamente desde un punto de vista paliativo.
El ductus arterioso persistente como punto de inflexión
El cierre del ductus arterioso persistente marcó uno de los primeros grandes puntos de inflexión. Durante años, la toracotomía fue la única opción realista: una técnica exigente, invasiva, dolorosa en el posoperatorio y no exenta de riesgos.
La llegada de los primeros dispositivos percutáneos específicos para veterinaria, como el ACDO®, supuso un cambio radical. Por primera vez, podíamos ofrecer a muchos pacientes un tratamiento definitivo, mínimamente invasivo, reproducible y con tasas de éxito extraordinariamente altas.
Persistían, sin embargo, reticencias importantes, especialmente en pacientes de menos de tres kilos.
- Durante años, numerosas ponencias hablaban de estos casos como inoperables por vía endovascular. Algunos no asumimos esa premisa.
- Desde Estados Unidos hasta Asia comenzaron a emplearse sistemas procedentes de la medicina humana, adaptados para evitar la cirugía abierta en pacientes de muy pequeño tamaño.
Más adelante, la llegada del primer dispositivo diseñado específicamente para veterinaria, el VET PDA Occluder, terminó de consolidar una realidad hoy ampliamente aceptada: no existe una talla por debajo de la cual un paciente no sea operable si se dispone de la técnica, el conocimiento y la tecnología adecuados. Como ocurre con toda tecnología disruptiva, la aceptación no fue inmediata.

Sistema VET PDA OCCLUDER en angiografía. El sistema VET PDA OCCLUDER ha permitido operar ductus hasta ahora imposibles por tamaño y morfologia
Del escepticismo a la evidencia clínica
Hubo escepticismo. Hubo reticencias. Hubo quien pensó que se trataba de una moda pasajera, quien dudó de su aplicabilidad real o de su seguridad, y quien prefirió mantenerse en un terreno conocido.
Con el tiempo, la evidencia clínica, la experiencia acumulada y los resultados hablaron por sí solos, tanto en esta como en otras técnicas intervencionistas.
- Hoy, el cierre percutáneo del ductus arterioso persistente es el estándar de tratamiento en muchos centros, no por marketing ni por novedad, sino porque es, sencillamente, lo mejor para el paciente.
- Este mismo patrón se ha repetido -y se está repitiendo- con otras técnicas de cardiología intervencionista.
La válvula mitral y los nuevos límites de la especialidad
La reparación valvular mitral mediante técnicas edge-to-edge adaptadas a pequeños animales, como el sistema V-CLAMP®, representa probablemente uno de los mayores retos actuales para cardiólogos y cirujanos veterinarios, y a la vez uno de los mayores avances de nuestra especialidad.
La enfermedad mixomatosa de la válvula mitral es, con diferencia, la cardiopatía más prevalente en el perro. Durante años, nuestro margen de actuación se limitó al tratamiento médico, cada vez más sofisticado, pero incapaz de modificar de forma directa la lesión estructural primaria ni de revertir la progresión de la enfermedad
- La posibilidad de intervenir sobre la válvula mitral sin recurrir a cirugía abierta, sin circulación extracorpórea y en pacientes de pequeño tamaño parecía, hasta hace no tanto, poco menos que ciencia ficción.
- Hoy es una realidad compleja y exigente, con una curva de aprendizaje larga y con indicaciones que deben seleccionarse con extremo cuidado
No es -ni debe ser- una técnica para todos los pacientes ni para todos los equipos. Pero es, sin duda, un paso adelante enorme en nuestra capacidad terapéutica frente a una de las patologías cardíacas más frecuentes y limitantes en el perro geriátrico.

Junto con el equipo de AniCura Vetsia trabajando colaborando y aprendiendo. La formación es vital en estos procedimientos.
Tecnología, ética y responsabilidad profesional
La cardiología intervencionista veterinaria nos obliga a una reflexión más profunda sobre la profesión en su conjunto. El avance tecnológico no puede ir desligado del avance ético, formativo y organizativo. No basta con que una técnica exista. Hay que saber cuándo indicarla y cuándo no, cómo explicarla a los tutores, cómo asumir las complicaciones y cómo trabajar en equipo.
- Del mismo modo, tampoco es ético negar su existencia o disuadir a las familias de explorar estas opciones cuando están clínicamente indicadas, especialmente en pacientes con expectativas de vida muy limitadas y cuyas familias desconocen, en muchos casos, las posibilidades reales que ofrece la intervención.
- La relación con los tutores ha cambiado. Hoy llegan informados, preguntan, comparan y esperan -con razón- una medicina veterinaria de alto nivel.
Ya no basta con “hacer lo que se puede”; se espera que hagamos lo que sabemos que es mejor, o que expliquemos con honestidad las opciones existentes y sus límites
Formación, colaboración y futuro
Desde el punto de vista profesional, también hemos cambiado. Hay más veterinarios con formación avanzada, más colaboración entre centros, más publicaciones científicas, más congresos y un interés creciente por generar evidencia clínica sólida. Basta observar el aumento anual de publicaciones quirúrgicas e intervencionistas en las principales revistas de cardiología veterinaria.
- Hemos dejado atrás, poco a poco, la idea de que la veterinaria va siempre a remolque de la medicina humana.
- Hoy adaptamos, innovamos y, en algunos casos, desarrollamos soluciones específicas para nuestros pacientes.
- Recuerdo cómo colegas de intervencionismo humano se sorprendían al comprobar que en nuestro hospital era posible intervenir un ductus arterioso persistente en un paciente de 950 gramos en apenas 24 minutos.
- Años después, un caso similar en medicina humana ocupó titulares en la prensa generalista.
El futuro apunta a una cardiología veterinaria cada vez más personalizada, con una selección del paciente tan importante como la técnica en sí. Veremos una integración creciente de imagen avanzada, planificación preoperatoria precisa, equipos altamente especializados y una formación continua entendida como requisito, no como opción.
También veremos más dispositivos diseñados específicamente para veterinaria y menos adaptaciones de material humano, así como técnicas híbridas que combinen intervencionismo y cirugía mínimamente invasiva.

Más allá de la técnica, el compromiso profesional
Pero junto al avance técnico debe ir, inevitablemente, la responsabilidad. No todo lo técnicamente posible es clínicamente indicado. La cardiología intervencionista no puede convertirse en un fin en sí mismo, sino en una herramienta potente al servicio del paciente.
- Esa responsabilidad se extiende también a la formación y a la transmisión del conocimiento.
- Compartir experiencia, errores y aciertos, y facilitar que otros veterinarios puedan avanzar desde una base más sólida, forma parte esencial de la madurez de una especialidad.
El verdadero progreso profesional no se mide únicamente por las técnicas que se incorporan, sino por la capacidad de generar criterio, ética y visión clínica compartida. Cada vez que entro en un quirófano para realizar un procedimiento intervencionista, sigo sintiendo el mismo respeto que el primer día.
- Respeto por el paciente, por el equipo y por la responsabilidad que asumimos. Ese respeto es, probablemente, lo que nos ha traído hasta aquí y lo que debe guiarnos hacia el futuro. Hoy ya no hablamos de futuro, sino de presente.
- El reto, a partir de ahora, no es avanzar más rápido, sino avanzar mejor. Con rigor científico, con humildad profesional y con una mirada a largo plazo que sitúe siempre al paciente en el centro.
Solo así la cardiología intervencionista no transformará únicamente la forma de tratar las enfermedades cardíacas, sino también la manera en la que entendemos la veterinaria como profesión sanitaria.












