En la clínica diaria, la geriatría en veterinaria ya no se limita a diseñar un buen chequeo senior, sino a cómo hablamos, acompañamos y tomamos decisiones junto al tutor.
- El paciente geriátrico nos obliga a salir de la medicina puramente reactiva y a integrar conversación clínica, manejo del vínculo y seguimiento estructurado a medio y largo plazo
- No basta con saber diagnosticar, hay que saber conversar, acompañar y sostener emocionalmente a un tutor que toma decisiones difíciles sobre un animal al que lleva media vida unido
- La consulta del paciente senior exige una mirada más fina, un manejo comunicativo más profundo y una estrategia de seguimiento que marque la diferencia entre una clínica que reacciona y una que lidera
Comprender este cambio transforma no solo la calidad asistencial, sino también la forma en que la clínica se posiciona, fideliza y crece.
La geriatría como actitud clínica que transforma la consulta senior
La clave de la geriatría en la clínica diaria no está solo en los protocolos ni en las pruebas diagnósticas, sino en la forma de estar con el paciente y su tutor.
- La geriatría es, ante todo, una actitud clínica, es una manera de abordar la consulta senior desde la conversación cercana y la escucha activa
Y en este último punto reside la clave para añadir alma a la atención. La geriatría no es solo un conjunto de pruebas o un protocolo. La geriatría es una actitud, una filosofía clínica. Un chequeo senior no es una colección de analíticas, sino:
- una conversación íntima
- una revisión emocional
- una oportunidad para detectar lo invisible
- una puerta abierta a acompañar mejor
Cuando el tutor siente que no es un número más en la atención, sino que le hemos individualizado a él y a su animal, es cuando realmente habremos conseguido nuestro objetivo.
El papel del tutor: emoción, vínculo y comunicación
La relación entre el veterinario, el tutor y el paciente se convierte en un triángulo de confianza. En esta etapa vital, las decisiones clínicas están muy influidas por las emociones, la historia compartida y el miedo a la pérdida.
Muchos tutores cometen errores comunes: confundir signos de enfermedad con envejecimiento “normal”, no percibir cambios progresivos, creer que el dolor es inevitable o desconocer las posibilidades de tratamiento.
El veterinario debe escuchar, empatizar y educar, explicando que “la vejez no es una enfermedad” y que “los animales también sienten dolor aunque no lo digan”.
- Somos capaces de dedicar mucho tiempo a informar a un cliente con un cachorro sobre el protocolo vacunal o sobre los cambios de dentición, y , sin embargo, no dedicamos tiempo a hablar sobre la edad geriátrica con nuestros clientes, los síntomas de enfermedad, la prevención y que se puede hacer para mantener la calidad de vida del animal
- Si los tutores desconocen estos hechos, no dudéis que es en gran medida nuestra responsabilidad y solo una pequeña parte es de los tutores
Prejuzgar lo que una familia está dispuesta a hacer por su animal...
Por otro lado, solemos cometer un segundo error que es prejuzgar lo que una familia está dispuesta a hacer por su animal.
Ese error de apreciación nos lleva a ofrecer muchas menos alternativas de las posibles en prevención y en tratamiento.
Como equipo clínico tenemos que ser capaces de dar el apoyo necesario a los cuidadores, pero también, es responsabilidad nuestra dedicar tiempo suficiente a explicar la realidad del estado del animal teniendo en cuenta los siguientes aspectos:
Expectativas realistas
Debemos ser capaces de explicar claramente que podemos esperar con la patología que padece el animal. A veces tendemos a minimizar lo que puede ocurrir para dulcificar la realidad al propietario. Es un grave error que en ocasiones se puede volver en nuestra contra.
Aceptación de la enfermedad
En muchas ocasiones los tutores no quieren aceptar que su mascota está grave, puede morir o que va a necesitar cuidados durante el resto de su vida.
- Debemos guiarles poco a poco en la comprensión profunda de lo que le ocurre a su animal, no solo por el tutor, sino también por el animal, ya que necesitamos esa compresión por parte del tutor para que realice un cumplimiento correcto del tratamiento
A veces, es necesario escalonar la información. Dar una parte de información “su perro podría tener algún tipo de tumor” y en la revisión del dia siguiente, dar ya la confirmación de que “su perro tiene linfoma”, aunque nosotros ya lo supiéramos desde el primer instante.
Evitar sentimientos de culpa o frustración
Es frecuente que el tutor tenga sentimientos de culpa o frustración por las más variadas causas. Desde no poder hacer más económicamente a no poder dedicar tiempo o no haberle traído antes al veterinario, o que el animal no mejora a pesar de los esfuerzos físicos, emocionales y económicos.
Poner en foco no solo en el estado del animal sino también en el estado anímico de los tutores del animal
Que sean capaces de ver cuánto les está afectando el día a día de la atención a su mascota y que pueden tomar medidas para no llegar a quemarse o a sufrir más de lo que sea necesario.
Recordemos que cuidar a alguien también hace que aumente el vínculo entre el cuidador y el cuidado.
Seguimiento y acompañamiento continuo
El seguimiento del paciente senior no termina con el chequeo. Debe ser constante, planificado y multidisciplinar, integrando veterinarios, auxiliares y comunicación con el tutor.
- Revisar medicaciones, estado general y evolución del dolor permite ajustar tratamientos y anticipar problemas
- Además, la atención domiciliaria y la telemedicina ganan peso, especialmente con tutores mayores o pacientes con movilidad reducida
- La tecnología nos abre un sinfín de puertas. La Inteligencia artificial, los dispositivos que pueda llevar el animal, la biopsia líquida y un largo etcétera, serán herramientas utilísimas en la detección precoz de síntomas de enfermedad o cambios de conducta
La comunicación en ambos sentidos, familia-veterinario, es crucial para evitar malentendidos y que la satisfacción del cliente sobre los cuidados que prestamos a su paciente senior sea alta.
- Recordemos que la atención al paciente senior puede ser una carrera de fondo mucho más que un sprint
- Podemos hacer un magnífico diagnóstico inicial y fracasar en los seguimientos y atención posterior.
Para mantener una buena comunicación, el equipo debe evitar juzgar las decisiones del tutor y esforzarse por comprender sus expectativas, valores y límites. Esto permite adaptar las opciones diagnósticas y terapéuticas, ofreciendo alternativas cuando la propuesta ideal no es viable.
Acompañar al propietario en este proceso, incluso cuando sus decisiones no coinciden con las nuestras, es parte esencial del trabajo clínico y exige un equilibrio emocional que evite que la empatía nos lleve a asumir responsabilidades que no nos corresponden.
Estrategia y rentabilidad: de la responsabilidad veterinaria a la economía
Incorporar la geriatría como línea estratégica mejora la rentabilidad y la fidelización, con crecimientos sostenidos cuando se implementan chequeos y planes de salud senior de forma constante en el tiempo.
- Estos servicios no se impulsan con descuentos, sino con historias reales que conectan emocionalmente con los tutores
- La digitalización facilita medir resultados, automatizar recordatorios y reforzar un plan de marketing centrado en el paciente mayor
- Para consolidar esta estrategia, la clínica debe comunicar de manera continuada: materiales divulgativos, vídeos, reuniones con propietarios y campañas en distintos canales ayudan a concienciar sobre la importancia del cuidado geriátrico y posicionan al centro como referente en prevención y detección precoz
El abordaje del paciente geriátrico va más allá de la medicina y se sostiene en la combinación de acompañamiento emocional, comunicación cercana y una estrategia clara de cuidados.
- La Edad de Plata de las mascotas ofrece beneficios para todos, con animales que viven mejor, tutores que se sienten respaldados y clínicas que consolidan una línea asistencial rentable y profundamente humana
Cada vez que ayudamos a un animal mayor a recuperar bienestar, reforzamos el valor esencial de esta etapa, una de las más gratificantes y significativas de la práctica veterinaria.













