Vetesfera

SÚMATE A VETESFERA CLINIC

La comunidad que está transformando la veterinaria clínica

En Vetesfera Clinic te conectamos con una comunidad que vive la veterinaria como tú :

📩 Recibe en tu correo contenido exclusivo, útil y sin ruido
🌱 Crece con artículos que te ayudan en la práctica clínica, la gestión de tu centro y el bienestar profesional de todo el equipo
🤝 Forma parte de un espacio donde compartir, aprender y avanzar juntos

Sumarme a Vetesfera

Cuidamos tus datos y solo te enviaremos contenidos útiles. Si no es para ti, podrás irte fácil (pero te prometemos que no querrás hacerlo).

Escasez de peritos veterinarios en España y su impacto en la mala praxis

La falta de peritos veterinarios con formación clínica y capacitación técnico-jurídica está comprometiendo la calidad de los procedimientos por presunta responsabilidad profesional en España. Este déficit afecta a la solidez de la prueba y a la seguridad jurídica de todos los implicados

Los peritos veterinarios se han convertido en una figura clave cuando una actuación clínica acaba en conflicto, pero cada vez es más difícil encontrar perfiles realmente cualificados.

  • Esta escasez no solo ralentiza los procedimientos, sino que también genera incertidumbre en torno a cómo se evalúa la práctica clínica en situaciones donde hay mucho en juego, tanto a nivel profesional como reputacional

Falta de peritos veterinarios cualificados y su impacto en la responsabilidad profesional

En la actualidad es un hecho que faltan peritos sanitarios y la Profesión Veterinaria no está exenta de esta situación.

  • La escasez de peritos veterinarios con formación clínica sólida y verdadera capacitación técnico-jurídica está dificultando en España la tramitación y gestión de procedimientos relacionados con presunta responsabilidad profesional veterinaria, un problema que afecta a la calidad de la respuesta judicial y a la seguridad jurídica tanto de los propietarios de animales como de los propios profesionales.

En un ámbito donde la valoración técnica resulta decisiva para determinar si la actuación asistencial fue correcta, la dificultad para encontrar expertos realmente cualificados está ralentizando procedimientos, debilitando informes y generando incertidumbre en asuntos especialmente sensibles desde el punto de vista clínico, económico y emocional.

El Perito Veterinario, una pieza clave en los procedimientos de responsabilidad veterinaria

La pericial veterinaria no constituye un elemento accesorio ni meramente complementario. En los procedimientos por presunta mala praxis profesional, suele convertirse en el núcleo de la controversia, al ser el instrumento que permite analizar si la actuación desarrollada por el veterinario se ajustó a la lex artis ad hoc veterinaria, es decir, al estándar técnico exigible en las concretas circunstancias del caso.

  • En este tipo de litigios no basta con describir un resultado desfavorable
  • La cuestión esencial consiste en determinar si dicho resultado era evitable, si el diagnóstico fue adecuado, si la indicación terapéutica resultó correcta, si existió un seguimiento clínico suficiente, si se informó debidamente al propietario y si las decisiones adoptadas fueron razonables conforme al conocimiento científico y a los medios disponibles.

Por ello, contar con peritos veterinarios de alto nivel no es un lujo ni una opción secundaria, sino una necesidad estructural del sistema de enjuiciamiento de los conflictos asistenciales en medicina veterinaria.

Retrasos, informes débiles y menor calidad probatoria

La primera consecuencia de la escasez de peritos especializados es práctica pues los procedimientos pueden demorarse por la dificultad de localizar a un profesional con experiencia clínica relevante, conocimiento técnico actualizado y capacidad para trasladar esa valoración al lenguaje jurídico.

  • Pero el problema no es solo temporal, cuando no se dispone del experto adecuado, aumenta el riesgo de que se aporten informes genéricos, poco especializados o insuficientemente motivados. Ello debilita la prueba, dificulta la contradicción técnica y reduce la calidad del debate procesal.

En asuntos veterinarios complejos, no basta con afirmar que hubo una complicación, un fallecimiento o una secuela. Es imprescindible explicar si el curso clínico era previsible, si existían alternativas diagnósticas razonables, si la complicación era una posibilidad inherente al procedimiento o si realmente existió una desviación del estándar asistencial. Sin una pericia rigurosa, el proceso judicial pierde precisión.

Esto afecta a todos los intervinientes: a los propietarios que tratan de acreditar un daño; a los veterinarios que necesitan defender una actuación clínicamente justificada; a aseguradoras, abogados y tribunales, que dependen de informes técnicamente sólidos para fundamentar sus decisiones.

Un problema creciente en un sector cada vez más tecnificado

La necesidad de peritos veterinarios no responde a una circunstancia aislada. Está vinculada a la creciente complejidad de la medicina y cirugía veterinarias, al incremento del nivel técnico de los centros asistenciales, al mayor valor económico y afectivo atribuido a los animales y al aumento de las expectativas de los clientes respecto del resultado asistencial.

La medicina veterinaria actual integra monitorización avanzada, anestesia compleja, cirugía especializada, diagnóstico por imagen de alto nivel, hospitalización intensiva, oncología, reproducción asistida y procedimientos mínimamente invasivos.

  • A medida que el acto clínico se tecnifica, también se vuelve más exigente su análisis retrospectivo en sede pericial.

Cada vez son más frecuentes las reclamaciones relacionadas con errores diagnósticos, retrasos terapéuticos, complicaciones anestésicas, infecciones postoperatorias, falta de seguimiento, defectos de información o controversias sobre la indicación de determinados tratamientos. En todos esos supuestos, la intervención del perito veterinario se vuelve esencial.

Las áreas más demandadas en pericia veterinaria

No todas las disciplinas presentan la misma litigiosidad ni exigen el mismo perfil pericial. En la práctica, buena parte de la demanda se concentra en áreas donde el margen de riesgo clínico es elevado o donde las consecuencias asistenciales resultan especialmente relevantes.

  • Entre las materias que con mayor frecuencia requieren valoración experta destacan en áreas como la medicina y cirugía animal, principalmente en el ámbito de los équidos y de los animales de compañía, aunque también está presente en el resto de las especies animales objeto de atención de los veterinarios.

Dentro de la cirugía, el área de especialización de los tejidos blandos y traumatología, por su vinculación con complicaciones postoperatorias, dehiscencias, infecciones, errores técnicos o secuelas funcionales; la anestesia y analgesia, por la trascendencia de los eventos intraoperatorios o de recuperación; la medicina de urgencias y cuidados intensivos, donde los tiempos de respuesta y la toma de decisiones resultan determinantes; la medicina interna, por la dificultad diagnóstica de muchos procesos; y la reproducción, muy especialmente en animales de alto valor económico.

  • También crece el interés por pericias en dermatología, odontología, diagnóstico por imagen, medicina equina, patología de animales de producción, bienestar animal y valoración de daño o pérdida de oportunidad terapéutica.

La realidad demuestra que no basta con ser veterinario generalista para intervenir con solvencia en cualquier procedimiento. Muchos asuntos exigen un conocimiento clínico profundamente especializado y experiencia real en el área concreta debatida.

No todo veterinario clínico es, por ello, un buen perito

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que cualquier veterinario con experiencia asistencial puede actuar con solvencia como perito. La práctica demuestra que esto no siempre es así.

El perito veterinario no solo debe conocer la medicina del caso. Debe saber estudiar críticamente la documentación clínica, ordenar cronológicamente los hechos, identificar puntos de controversia, valorar causalidad, diferenciar complicación de negligencia, distinguir obligación de medios de expectativa del cliente y construir conclusiones comprensibles, sólidas y defendibles en un proceso judicial.

A ello se añade una exigencia adicional: la capacidad de ratificar el informe y sostenerlo en interrogatorio, con rigor técnico, claridad expositiva y solvencia metodológica. La pericia no se agota en la redacción del dictamen; culmina en su defensa oral.

  • Por eso puede afirmarse que no todo gran clínico es necesariamente un buen perito, del mismo modo que la buena pericia requiere una combinación de experiencia asistencial, formación metodológica, conocimiento jurídico básico y hábito de análisis objetivo.

Reticencias entre los propios veterinarios

La escasez de peritos también se explica, en parte, por la cautela con la que muchos veterinarios contemplan esta actividad. Valorar la actuación de otros compañeros de profesión puede generar incomodidad, reservas o temor a conflictos personales y reputacionales, especialmente en sectores pequeños o muy interconectados.

Sin embargo, la función pericial no debería entenderse como un juicio personal sobre otro profesional, sino como un análisis técnico, independiente y fundado sobre la adecuación de una actuación concreta a los estándares asistenciales aplicables.

  • El verdadero compromiso del perito no es con una parte ni con un colectivo, sino con la objetividad, la ciencia y la verdad técnicamente argumentada.

Cuando existe conflicto de interés, proximidad profesional o falta de especialización suficiente, lo prudente es abstenerse. Pero esa prudencia no debe confundirse con deserción del deber técnico que la profesión también puede prestar a la Administración de Justicia.

Falta de formación homogénea y práctica real

Otro de los grandes déficits del sistema es la ausencia de una formación homogénea, reglada y eminentemente práctica en pericia veterinaria. Existen programas, cursos y posgrados, pero con frecuencia la preparación resulta desigual y no siempre se centra en las competencias verdaderamente necesarias para el ejercicio profesional.

Las carencias más habituales aparecen en la práctica diaria: informes mal estructurados, exceso de descripción y escaso análisis crítico, lenguaje impropio del contexto procesal, deficiente razonamiento causal, bibliografía mal empleada y conclusiones ambiguas o poco defendibles.

  • La pericia veterinaria no se aprende únicamente estudiando conceptos teóricos
  • Exige entrenamiento con casos reales, tutoría por parte de profesionales experimentados, metodología de revisión documental, técnicas de redacción pericial y simulación de ratificación e interrogatorio judicial.

En definitiva, requiere una formación de posgrado verdaderamente orientada a la práctica pericial y no solo a la transmisión de contenidos abstractos.

Un trabajo de alta exigencia y escasa visibilidad

Elaborar un buen informe pericial veterinario implica una carga de trabajo considerable. Supone revisar historias clínicas, protocolos anestésicos, consentimientos informados, resultados analíticos, informes de imagen, necropsias, cultivos, monitorizaciones, evolución hospitalaria, comunicaciones con el propietario y bibliografía científica relevante.

Además, el perito debe contextualizar la actuación clínica en función de los medios disponibles, del tipo de centro, de la urgencia del cuadro, de la especie animal, del estado previo del paciente y del nivel de incertidumbre inherente a la medicina veterinaria.

  • Se trata, por tanto, de una labor altamente especializada, intelectualmente exigente y con una responsabilidad notable, porque de su calidad pueden depender condenas, absoluciones, indemnizaciones, sanciones deontológicas o graves consecuencias reputacionales para los implicados.

Pese a ello, sigue siendo una actividad relativamente poco visible y, en ocasiones, insuficientemente reconocida dentro del propio sector veterinario.

Cómo revertir la falta de peritos veterinarios

La solución a este problema exige una estrategia de medio y largo plazo. En primer lugar, resulta necesario prestigiar la actividad pericial como una disciplina técnica de alto nivel, vinculada a la calidad asistencial, la seguridad jurídica y la mejora del sistema profesional, es decir, debe ser concebida como una verdadera especialidad profesional.

También es fundamental incentivar la incorporación de veterinarios con sólida trayectoria clínica al ámbito pericial, especialmente en áreas de alta complejidad técnica. No se trata de apartar al clínico de la asistencia, sino de integrar su experiencia en una función complementaria de enorme valor para la justicia y para la profesión.

  • Del mismo modo, es imprescindible reforzar una formación especializada, práctica y rigurosa, centrada en casos reales, metodología pericial, razonamiento causal, uso adecuado de la literatura científica y entrenamiento en defensa oral.

La mentoría entre peritos experimentados y nuevos profesionales puede desempeñar aquí un papel decisivo, facilitando la transmisión de criterios técnicos, hábitos de análisis y cultura de objetividad.

Ello permitiría crear asociaciones profesionales especializadas que permitan establecer estándares adecuados en la prestación de estos servicios.

  • Por último, los despachos y gabinetes especializados, así como los colegios profesionales y las instituciones académicas, pueden contribuir de forma decisiva a elevar los estándares de calidad, seleccionar perfiles idóneos y consolidar una verdadera cultura de excelencia en pericia veterinaria.

Un pilar necesario para la veterinaria y para la justicia

La pericia veterinaria constituye hoy un pilar imprescindible en la resolución de conflictos derivados de la actividad clínica. Su importancia crecerá a medida que la medicina veterinaria continúe tecnificándose, aumentando la complejidad de los actos asistenciales y el nivel de exigencia social en torno a ellos.

  • No basta con que existan veterinarios dispuestos a emitir informes
  • Es necesario que esos informes sean técnicamente consistentes, metodológicamente rigurosos y verdaderamente útiles para el proceso judicial.

En última instancia, reforzar la figura del perito veterinario no solo beneficia a quienes litigan. Beneficia al conjunto del sistema: protege a los propietarios, ampara a los profesionales que actúan conforme a la lex artis, mejora la calidad de las resoluciones y contribuye a una medicina veterinaria más segura, más transparente y mejor evaluada.

 

Otros contenidos relacionados:

Contenido anterior
Reale entra en Canitas con una participación del 18,9% para desarrollar servicios veterinarios en España
Siguiente contenido
Liderazgo veterinario y rotación de personal: cuando la falta de tiempo es una cuestión de prioridades