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Etología felina y cómo lograr una convivencia exitosa entre gatos

En este artículo, repasamos los aspectos fundamentales para introducir un nuevo gato en un hogar donde ya vive otro, siempre desde la base científica y clínica que nos ofrecen las guías AAFP/ISFM y los estudios más relevantes en medicina del comportamiento felino, puesto que la convivencia entre gatos en un mismo hogar puede ser fuente de bienestar... o de estrés crónico. 

Comprender la etología felina nos permite prevenir conflictos y favorecer relaciones positivas entre  los gatos, sobre todo cuando conviven en un mismo hogar varios felinos. En este artículo, repasamos los aspectos fundamentales para introducir un nuevo gato en un hogar donde ya vive otro, siempre desde la base científica y clínica que nos ofrecen las guías AAFP/ISFM y los estudios más relevantes en medicina del comportamiento felino, puesto que la convivencia entre gatos en un mismo hogar puede ser fuente de bienestar... o de estrés crónico. 

¿Los gatos son animales solitarios o pueden convivir con grupos felinos afines?

Durante años se pensó que los gatos eran animales estrictamente solitarios, pero hoy sabemos que su sociabilidad es flexible ya que pueden vivir solos o formar grupos sociales estables, especialmente si han sido socializados desde pequeños. Los grupos felinos afines (clans o affiliative groups) comparten espacios, realizan conductas sociales (como acicalamiento mutuo o dormir juntos) y muestran tolerancia mutua. Aun así, esta sociabilidad es selectiva: no todos los gatos aceptan a cualquier congénere. Por eso, forzar la convivencia entre gatos incompatibles o introducir a un nuevo individuo sin las debidas precauciones puede desencadenar estrés, problemas de conducta y deterioro del bienestar.

¿Cómo podemos identificar una buena convivencia entre gatos?

Para favorecer relaciones armoniosas entre gatos, es esencial: Respetar su individualidad: no todos los gatos desean o disfrutan de la compañía de otros gatos. Ofrecer recursos suficientes y bien distribuidos: comida, agua, areneros, rascadores, zonas de descanso y escondites deben estar duplicados (o triplicados) y ubicados en distintos espacios para evitar competencia. Fomentar la previsibilidad y el control: los gatos necesitan sentir que pueden acceder a sus recursos sin miedo ni confrontaciones. Observar señales de afiliación o conflicto: frotarse mutuamente, dormir juntos o acicalarse son signos positivos. Evitarse, bufarse, bloquear el acceso a recursos o mostrar conductas regresivas pueden indicar malestar.

¿Y si nos llega un gato nuevo a casa? ¿cómo debemos proceder?

Una introducción gradual, controlada y respetuosa es clave para el éxito. Estos son los pasos recomendados:

1. Preparación del entorno: Habilita una habitación segura y equipada solo para el nuevo gato. Será su zona de adaptación durante los primeros días o semanas.

2. Intercambio de olores: Antes del contacto visual, intercambia objetos impregnados con el olor de cada gato (mantas, juguetes) para favorecer el reconocimiento olfativo sin amenaza.

3. Presentaciones visuales controladas: Cuando ambos gatos estén tranquilos, permite que se vean a distancia a través de una barrera (rejilla, puerta entreabierta) durante periodos breves y positivos.

4. Reuniones supervisadas: Permite encuentros breves en el mismo espacio bajo supervisión, asegurándote de que haya varias vías de escape y sin forzar la interacción.

5. Refuerzo positivo: Asocia la presencia del otro gato con experiencias agradables: juegos, premios, caricias (si las aceptan), sin invadir su espacio.

6. Escucha activa: Observa y respeta el lenguaje corporal de ambos gatos. Si hay señales de estrés o agresividad, vuelve a fases anteriores. El proceso puede durar días o incluso semanas. La paciencia, el respeto a los tiempos de cada animal y la prevención del conflicto son la base del éxito.

¿Y si no se llevan bien?

A pesar de todos los esfuerzos, algunos gatos simplemente no se aceptan. En esos casos, es importante: Consultar con un veterinario especializado en comportamiento o un etólogo clínico. Asegurar que ambos gatos tengan recursos duplicados y acceso a espacios independientes.

Valorar opciones como una convivencia paralela sin interacción directa, si el bienestar de ambos lo permite. Forzar la interacción o mantener una convivencia conflictiva puede generar estrés crónico, enfermedad y problemas conductuales a largo plazo.

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