Durante décadas, la esterilización canina ha sido considerada una medida preventiva clave tanto para la salud como para el comportamiento. Sin embargo, la ciencia contemporánea está desmontando algunos de los mitos más arraigados.
- Nuevas investigaciones demuestran que, si bien puede reducir ciertos comportamientos asociados a las hormonas sexuales, también puede incrementar la aparición de otros trastornos conductuales -como miedos, ansiedad o agresión- especialmente cuando se realiza a edades tempranas o sin una adecuada valoración individual.
Comprender esta complejidad hormonal y conductual es esencial para avanzar hacia un enfoque verdaderamente personalizado, donde la decisión de esterilizar responda al bienestar integral de cada perro y no a una recomendación genérica.
Cuando la ciencia desafía las viejas certezas sobre la esterilización canina
Históricamente, la esterilización (castración en machos, ovariohisterectomía/ovariectomía en hembras) se ha promovido para:
- Controlar la sobrepoblación
- Reducir ciertos comportamientos ligados a las hormonas sexuales (vagabundeo, marcaje, monta, agresión entre machos)
Si bien estos efectos pueden ocurrir, la investigación moderna revela un panorama mucho más complejo...
Los riesgos conductuales, el lado menos conocido de la esterilización canina
La revisión publicada por Arroube y Pereira (2025) en la revista Animals pone de relieve una creciente evidencia científica que asocia la esterilización con un mayor riesgo de desarrollar determinados problemas conductuales.
Según los autores, los estudios más recientes y metodológicamente sólidos apuntan a que algunos perros esterilizados pueden mostrar una mayor predisposición a alteraciones emocionales y de comportamiento, entre ellas:
- Miedo y ansiedad, incluyendo miedo generalizado, ansiedad por separación y fobias a ruidos o situaciones novedosas
- Respuestas de pánico, con reacciones desproporcionadas ante estímulos percibidos como amenazantes
- Agresión, que no siempre disminuye tras la esterilización. Algunos trabajos reportan incrementos en ciertas formas de agresividad -por miedo, hacia extraños o incluso hacia miembros de la familia u otros perros-, especialmente cuando ya existía una tendencia previa o cuando la intervención se realiza de forma temprana
Estos hallazgos invitan a revisar la visión tradicional de la esterilización como herramienta universal para la modificación conductual y refuerzan la necesidad de valorar cada caso de forma individualizada.
¿Por qué ocurre esto? La clave hormonal
La esterilización suprime la principal fuente de hormonas sexuales -testosterona y estrógenos-, cuya influencia va mucho más allá de la reproducción.
Estas hormonas participan activamente en la regulación del sistema nervioso y en la modulación de las emociones, el aprendizaje y las conductas sociales.
Al eliminarse, se produce una alteración en la compleja red neuroendocrina que conecta las hormonas sexuales con otros mediadores clave:
- Cortisol, la hormona del estrés, cuya regulación puede volverse más inestable
- Oxitocina, fundamental en el vínculo social, la confianza y la reducción del miedo
- Dopamina, relacionada con la motivación, el aprendizaje y los mecanismos de recompensa
- Serotonina, esencial para la estabilidad del estado de ánimo, la impulsividad y el control de la agresión
La interrupción de este equilibrio hormonal puede traducirse en cambios emocionales y conductuales significativos, afectando la capacidad del perro para gestionar el estrés, las relaciones sociales y determinadas respuestas ante el entorno.
No es "talla única": factores a considerar
Los efectos NO son iguales para todos los perros. El impacto de la esterilización varía enormemente según:
- Edad de esterilización: La evidencia sugiere que la esterilización temprana (antes de la pubertad, <6-12 meses según raza) puede conllevar mayores riesgos conductuales y de salud (problemas articulares, algunos cánceres)
- Sexo: Los efectos pueden diferir entre machos y hembras
- Raza: ¡Fundamental! Las predisposiciones genéticas influyen enormemente en cómo un perro responde a la ausencia de hormonas sexuales
- Factores ambientales y de manejo: El estilo de vida, el entrenamiento y el entorno general del perro también interactúan
La importancia de la individualización y las alternativas
Dada la complejidad del tema, la revisión de Arroube y Pereira (2025) en la revista Animals subraya que la decisión sobre esterilizar debe ser individualizada.
No existe una recomendación universal aplicable a todos los pacientes, sino que cada caso requiere una evaluación específica basada en la evidencia y en el contexto clínico del animal. Los autores del citado estudio, destacan asimismo, la necesidad de:
- Evaluar riesgos y beneficios: Considerar la raza, edad, sexo, estilo de vida, salud y comportamiento específico de CADA perro.
- Asesoramiento profesional: Trabajar de la mano con veterinarios y etólogos clínicos actualizados para tomar la mejor decisión informada.
- Explorar alternativas: Considerar opciones como la esterilización con preservación de gónadas (vasectomía, ligadura de trompas) o métodos químicos reversibles (implantes de Deslorelina) cuando el objetivo principal no es la modificación conductual hormonal, sino el control reproductivo manteniendo el equilibrio endocrino.
La esterilización es una herramienta útil en ciertos contextos, pero no una panacea ni una decisión exenta de potenciales consecuencias significativas.
Necesitamos un enfoque más matizado y basado en la evidencia individual para proteger verdaderamente el bienestar físico y mental de nuestros compañeros caninos.
Fuente: Arroube, A., & Pereira, A. F. (2025). Dog neuter, yes or no? A summary of the motivations, benefits, and harms, with special emphasis on the behavioral aspect. Animals, 15(7), 1063. https://doi.org/10.3390/ani15071063













