Durante años, usar antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) en gatos con enfermedad renal crónica (ERC) era algo que muchos evitábamos con extrema cautela. El miedo estaba ahí: ¿y si al intentar quitar el dolor acabábamos empeorando los riñones? Muchos preferíamos no arriesgarnos... aunque eso significara dejar a los gatos con un dolor constante que, seamos honestos, era muy real. Pero las cosas están cambiando.
Una revisión que publicó la World Small Animal Veterinary Association - Global Pain Council (WSAVA-GPC) en el Journal of Small Animal Practice (Monteiro et al., 2019) presenta evidencia que nos hace replantear todo esto.
Con una buena selección de casos y seguimiento riguroso, los AINEs pueden ser seguros y, sobre todo, muy útiles.
El problema que vemos cada día
Cualquiera que trabaje en consulta sabe de qué hablo: gatos mayores que vienen con insuficiencia renal y, encima, con artrosis u otros procesos dolorosos crónicos. Es frustrante porque constituye un escenario clínico recurrente. Los números hablan por sí solos: La ERC afecta hasta al 40% de los gatos de más de 10 años y a más del 80% de los que pasan de los 15.
La artrosis aparece en más del 60% de los gatos de más de 6 años y hasta en un 90% de los mayores de 12 años. El resultado es que dolor y ERC van juntos con demasiada frecuencia. Y no tratar el dolor tampoco es "ir sobre seguro": significa gatos que se mueven menos, comen peor, beben menos... gatos que van apagándose poco a poco.
Lo que dice la ciencia (y me tranquiliza)
Los estudios de los últimos años están cambiando el panorama: Gowan et al. (2011, 2012) demostraron algo que me llamó mucho la atención: gatos con ERC tratados a largo plazo con meloxicam no solo no empeoraban, sino que la creatinina les subía más despacio que a los no tratados.
King et al. (2016) comprobó que usar robenacoxib durante un mes en gatos con ERC estable no daba problemas comparado con placebo. Y antes, Gunew et al. (2008) ya había mostrado que era seguro en gatos geriátricos durante seis meses.
La hipótesis más lógica es que, al sentir menos dolor, el gato se mueve más, se alimenta mejor y bebe más agua, lo que contribuye indirectamente a mantener cierta estabilidad. Sin embargo, lo fundamental es que el dolor, por sí mismo, reduce de forma directa la tasa de filtración glomerular, de modo que su control tiene un efecto fisiológico inmediato sobre la función renal.
¿Qué significa "ERC estable"?
Aquí está la clave, y es importante ser precisos. No vale cualquier gato con insuficiencia renal. Hablamos de pacientes que:
- Mantienen peso y creatinina prácticamente sin cambios durante varias semanas
- No tienen la tensión descontrolada, infecciones urinarias activas o problemas dentales severos
- Conservan un estado general aceptable, con buena hidratación
- Los gatos que tienen variaciones rápidas en la función renal o se descompensan a menudo no son candidatos para AINEs crónicos.
Cómo lo aplico en consulta
Basándome en las guías del WSAVA-GPC y la ISFM, esto es lo que hago:
- Seleccionar bien: sobre todo en estadios IRIS 1 y 2. En IRIS 3, caso a caso (y con más cuidado). En IRIS 4, la decisión debe ser muy cuidadosa y personalizada, ya que en la mayoría de pacientes no es recomendable, pero puede haber excepciones
- Dosis mínima que funcione: ajustando según cómo responde el gato
- Asegurar hidratación: agua fresca en varios sitios de la casa y dieta húmeda como base
- Controles regulares: peso, tensión, analíticas y orina. Sin esto no me siento cómodo
- Educar al propietario: son mis ojos en casa. Tienen que saber qué vigilar (que no coma, vómitos, cambios al orinar)
- Enfoque completo: fisioterapia, acupuntura, nutracéuticos, dieta renal, control del fósforo... porque esto nunca es solo un fármaco
Un cambio de mentalidad
Ya no es blanco o negro. No se trata de "sí" o "no" rotundo a los AINEs en ERC. Se trata de cómo y con quién usarlos. Porque al final, lo que está en juego es el bienestar de un paciente que, si no le tratamos el dolor, difícilmente va a mantener calidad de vida.
Personalmente, creo que esta nueva perspectiva nos da una oportunidad valiosa: acompañar mejor a esos gatos mayores, devolverles movilidad, apetito y ganas de interactuar. Y hacerlo sin perder el rigor clínico, con controles periódicos y con el tutor como aliado. La ciencia no nos pide ser temerarios, sino valientes y responsables. Con prudencia y seguimiento, los AINEs pueden dejar de ser un tabú para convertirse en una herramienta real que mejore vidas.













