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Protectores gástricos en perros y gatos, ¿protección real o prescripción por costumbre?

Los gastroprotectores se prescriben con frecuencia en situaciones sin evidencia robusta en veterinaria. El omeprazol, la famotidina y el sucralfato tienen indicaciones claras, y conocerlas marca la diferencia en la práctica clínica diaria.

Un estudio realizado en España y el consenso del ACVIM sobre uso racional de gastroprotectores coinciden en señalar que estos fármacos, aunque eficaces en indicaciones concretas, se prescriben con frecuencia en situaciones sin evidencia robusta. El reto no es si usarlos, sino cuándo hacerlo.

Durante años, los llamados “protectores gástricos” han ocupado un lugar casi automático en la clínica de pequeños animales.

Con frecuencia alguno de estos escenarios acaba acompañado de omeprazol, famotidina, sucralfato o un antiácido: perro que recibe tratamiento con AINE o corticoide, gato con enfermedad renal, pacientes ingresados, animal con vómitos o pancreatitis.

Sin embargo, la pregunta que deberíamos hacernos no es si estos fármacos son útiles, porque lo son, sino cuándo lo son realmente.

Un grupo heterogéneo de fármacos que no siempre trata lo mismo

Cuando hablamos de protectores gástricos nos referimos a un grupo heterogéneo de medicamentos. No todos actúan igual ni sirven para lo mismo.

De forma práctica, podemos clasificarlos en tres grandes grupos:

  • El primero son los antisecretores, que reducen la producción de ácido gástrico; aquí se incluyen los inhibidores de la bomba de protones (como omeprazol, pantoprazol o esomeprazol) y los antagonistas H2, como famotidina, ranitidina o cimetidina.
  • El segundo grupo lo forman los antiácidos, que neutralizan parcialmente el ácido ya presente en el estómago, aunque su efecto suele ser corto.
  • El tercer grupo incluye fármacos con efecto más citoprotector o de barrera, como el sucralfato, y fármacos que favorecen mecanismos defensivos de la mucosa, como el misoprostol.

Esta distinción es importante porque “dar un protector” no significa siempre estar tratando el mismo problema.

Qué dice el consenso ACVIM

El consenso del American College of Veterinary Internal Medicine (ACVIM) sobre administración racional de protectores gastrointestinales en perros y gatos reconoce que estos fármacos han transformado el manejo de la ulceración gastroduodenal, la esofagitis por reflujo y otras enfermedades relacionadas con el ácido.

Pero también cuestiona su uso rutinario en gastritis, pancreatitis, enfermedad hepática o enfermedad renal cuando no hay factores de riesgo adicionales de ulceración ni sospecha de sangrado gastrointestinal.

El propio documento advierte que la valoración crítica de estos fármacos en perros y gatos enfermos sigue siendo limitada: muchos estudios proceden de animales sanos o de extrapolaciones de medicina humana.

El ácido gástrico no es un enemigo

El ácido gástrico tiene funciones fisiológicas importantes: participa en la digestión de proteínas, facilita la absorción de nutrientes como hierro y calcio, ayuda a liberar vitamina B12 de los alimentos y contribuye a modular la microbiota intestinal al limitar el sobrecrecimiento bacteriano.

Por eso, suprimirlo sin una indicación clara puede no ser inocuo.

Antiácidos, sucralfato y misoprostol

Los antiácidos son accesibles, pero su efecto es corto y parcial. El consenso no encuentra evidencia suficiente para recomendarlos en el tratamiento de ulceración gastroduodenal o enfermedad por reflujo en perros y gatos. Pueden interferir con la absorción oral de tetraciclinas, fluoroquinolonas o digoxina, y requieren precaución en pacientes con insuficiencia renal avanzada cuando contienen aluminio o magnesio.

El sucralfato actúa formando complejos con proteínas en la mucosa dañada y creando una barrera local. Puede ser razonable en lesiones mucosas concretas, pero su uso indiscriminado no está justificado y también puede interferir con la absorción de otros medicamentos si se administra de forma simultánea.

El misoprostol tiene indicaciones más restringidas. Según el ACVIM, puede reducir lesiones gástricas en perros tratados con dosis altas de aspirina, pero se desconoce si previene la ulceración asociada a otros AINE en perros y gatos. Tampoco hay evidencia de que disminuya la ulceración inducida por glucocorticoides. Su uso clínico está condicionado por efectos adversos como dolor abdominal o diarrea y por su potencial abortivo.

Qué fármacos se prescriben en España

Un estudio reciente (Olmeda et al., 2026) encuestó a 265 veterinarios de pequeños animales en España para conocer sus hábitos de prescripción de gastroprotectores en perros.

  • Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) fueron el grupo más elegido, señalado por el 50,6 % de los participantes.
  • Dentro de los antisecretores, el omeprazol fue el más utilizado: lo prescribía el 69,4 % de los encuestados, frente al 29,8 % que empleaba famotidina.

En términos de eficacia antisecretora, los IBP son superiores a los antagonistas H2. Según el consenso ACVIM, para tratar ulceración o erosión gastroduodenal y esofagitis por reflujo los IBP son la opción de referencia, y su administración dos veces al día parece más adecuada que una sola dosis diaria en perros y gatos.

Una práctica que merece especial revisión es combinar fármacos por rutina.

  • Alrededor de un 30 % de los veterinarios encuestados combinaba gastroprotectores en el mismo paciente.

Sin embargo, añadir un antagonista H2 a un IBP no ha demostrado mejorar la cicatrización de úlceras y puede disminuir la eficacia antisecretora del IBP.

Los antagonistas H2 presentan además una limitación específica: desarrollan tolerancia farmacológica con la administración continuada. En perros puede aparecer en pocos días; también se ha documentado en gatos. El consenso ACVIM concluye que su uso en dosis única diaria no aporta beneficio para tratar ulceración gastroduodenal o esofagitis por reflujo y que, como monoterapia, son inferiores a los IBP.

Dónde persisten usos discutibles

El estudio español detectó que las principales indicaciones elegidas por los veterinarios sí estaban respaldadas por evidencia:

  • El 92,8 % prescribía gastroprotectores para tratar ulceración o erosión gastrointestinal.
  • El 83,8 % para esofagitis por reflujo.

Sin embargo, persistían usos sin respaldo sólido:

  • El 49,8 % los empleaba en gastritis no erosiva.
  • El 44,2 % como prevención asociada a AINE.
  • El 43,4 % en enfermedad renal crónica y el 31,3% en pancreatitis sin ulceración.

El propio estudio concluye que, pese a ser los más prescritos, los IBP (y en particular el omeprazol) siguen utilizándose con frecuencia en situaciones sin evidencia robusta.

Implicaciones para la práctica clínica

  • El ácido gástrico tiene funciones fisiológicas relevantes.
  • En perros y gatos con sospecha o evidencia de ulceración gastroduodenal, erosión o esofagitis por reflujo, los IBP bien indicados y pautados tienen un papel claro.
  • En pacientes con vómitos inespecíficos, gastritis no erosiva, pancreatitis sin signos de sangrado, enfermedad renal sin evidencia de lesión gastrointestinal o tratamiento con corticoides sin otros factores de riesgo, la indicación debe replantearse antes de prescribir.

La gastroprotección racional exige una pregunta sencilla antes de prescribir: ¿qué lesión quiero prevenir o tratar, y qué evidencia tengo de que este fármaco la modifica?

Esa pregunta, aplicada caso a caso, probablemente protege más que cualquier “protector” administrado por costumbre.

 

Fuentes
Marks SL, Kook PH, Papich MG, Tolbert MK, Willard MD. ACVIM consensus statement: Support for rational administration of gastrointestinal protectants to dogs and cats. J Vet Intern Med. 2018; 32(6): 1823-1840.
Olmeda P, Rey C, Rodríguez-Franco F, Marks SL, García-Sancho M, et al. Evaluation of veterinary prescription of gastroprotectants in dogs in spain. Vet Sci. 2026; 13(1): 61.

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