La cardiomiopatía hipertrófica y la enfermedad renal crónica coexisten con frecuencia en el gato, especialmente en pacientes geriátricos.
Una revisión publicada en el Journal of Feline Medicine and Surgery analiza las vías de interacción entre los sistemas renal y cardiovascular y sus implicaciones para el diagnóstico y el manejo clínico.
Un eje cardiovascular-renal interdependiente
Las enfermedades del corazón y del riñón son muy prevalentes en gatos y aparecen con frecuencia en el mismo paciente.
- La cardiomiopatía hipertrófica primaria idiopática afecta al 15-16 % de los gatos aparentemente sanos.
- La enfermedad renal crónica puede alcanzar una prevalencia de hasta el 80 % en gatos de 15 años o más, en función de la población estudiada y los criterios diagnósticos utilizados.
Los autores proponen el concepto de eje cardiovascular-renal para describir la relación funcional entre corazón, vasos sanguíneos y riñones.
Las alteraciones estructurales o funcionales inducidas por enfermedad, toxinas o fármacos pueden afectar a uno o ambos sistemas y modificar su interacción normal.
Aunque se conoce poco sobre la frecuencia con la que una enfermedad primaria en uno de estos órganos desencadena enfermedad en el otro, existen varias vías de interacción que probablemente contribuyen al deterioro funcional progresivo cuando uno o ambos están afectados.
Repercusión de la enfermedad cardíaca sobre el riñón
Los gatos con enfermedad cardíaca grave pueden presentar reducción del gasto cardíaco y riesgo de hipotensión arterial sistémica, insuficiencia cardíaca congestiva y complicaciones tromboembólicas arteriales.
- La activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona y del sistema nervioso simpático puede ser inicialmente compensatoria, pero a largo plazo genera estrés miocárdico y renal.
- La inflamación, el estrés oxidativo, la disfunción endotelial y la fibrosis pueden comprometer el flujo sanguíneo renal, la oxigenación y la tasa de filtración glomerular.
- La azotemia es frecuente en gatos con cardiomiopatía aparentemente asintomática y en los hospitalizados por insuficiencia cardíaca congestiva aguda antes de iniciar el tratamiento diurético.
En un estudio (Rogg et al., 2025), 51 de 116 (44 %) gatos tratados por insuficiencia cardíaca congestiva presentaban azotemia antes de recibir diuréticos parenterales.
Repercusión de la enfermedad renal sobre el corazón
La enfermedad renal puede alterar el volumen y la presión sanguínea con consecuencias cardiovasculares directas.
- Los gatos urémicos pueden desarrollar hipovolemia por poliuria obligatoria, vómitos o diarrea.
- Por el contrario contrario, la fluidoterapia parenteral agresiva, el manejo anómalo de sodio y agua, la activación del eje renina-angiotensina-aldosterona y la anemia crónica pueden favorecer hipervolemia y aumentar la carga de trabajo cardíaco.
La hipertensión arterial sistémica es uno de los vínculos mejor establecidos entre ambas enfermedades.
- Se describe en el 40-61 % de los gatos con enfermedad renal crónica y en el 28 % de los gatos con lesión renal aguda.
- En estudios transversales de tamaño reducido, el 48-85 % de los gatos hipertensos presentaban evidencia ecocardiográfica de cardiomiopatía hipertensiva, aunque los autores señalan que la relevancia clínica de estos cambios no está completamente establecida.
Los trastornos electrolíticos asociados a la enfermedad renal (hipopotasemia, hiperpotasemia, alteraciones del calcio e hiperfosfatemia) también pueden afectar a la función y estructura cardiovascular.
La anemia propia de la enfermedad renal crónica aumenta en prevalencia y gravedad con el estadio de la enfermedad y puede favorecer la sobrecarga cardíaca y los cambios en el corazón izquierdo.
¿Qué hacer? Diagnóstico y monitorización
La revisión recomienda:
- Evaluar la función renal en todo gato con enfermedad cardíaca confirmada, mediante biomarcadores sanguíneos y urinarios, electrolitos, densidad urinaria, cociente proteína-creatinina en orina y, cuando esté indicado, diagnóstico por imagen.
- En gatos con enfermedad renal y sospecha de afectación cardíaca, la ecocardiografía permite diagnosticar, fenotipificar y estadificar la enfermedad; la radiografía torácica complementa esta información al valorar signos de insuficiencia cardíaca congestiva.
- Los biomarcadores cardíacos no deben interpretarse de forma aislada para confirmar enfermedad cardíaca en gatos con disfunción renal, ya que su acumulación puede estar influida por la reducción del filtrado glomerular.
Manejo cuando coexisten ambas enfermedades
El objetivo terapéutico común en la insuficiencia cardíaca congestiva, la lesión renal aguda y la enfermedad renal crónica es mantener un equilibrio hídrico adecuado.
Sin embargo, las necesidades pueden ser opuestas: la enfermedad renal puede requerir fluidoterapia para sostener la presión arterial y el flujo renal, mientras que la insuficiencia cardíaca suele precisar diuréticos.
En estos casos se recomienda tratar el sistema cuya descompensación explica los signos clínicos, minimizando el riesgo para el otro órgano.
En gatos con insuficiencia cardíaca activa y azotemia concurrente, la presencia de azotemia aislada no justifica suspender la diuresis, pero exige una monitorización estrecha de creatinina, urea, electrolitos, estado de hidratación, peso corporal, producción urinaria y presión arterial.
- La identificación de enfermedad cardíaca o renal debe llevar al clínico a considerar el impacto que esa enfermedad (y su tratamiento) puede tener sobre el otro órgano, así como la posible existencia de una enfermedad primaria concurrente que modifique el manejo y el pronóstico del caso.
Fuente
Coleman AE, Lourenço BN. Feline comorbidities: cardiovascular and kidney diseases. J Feline Med Surg. 2026; 28(3): 1098612X251407521.
Rogg S, Mochel JP, Kundu D, et al. Frequency and progression of azotemia during acute and chronic treatment of congestive heart failure in cats. J Vet Intern Med. 2025 Jan-Feb; 39(1): e17254.











