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Falta evidencia sobre la seguridad de la radiografía en la perra gestante

Una revisión sobre diagnóstico por imagen en la gestación canina concluye que la ecografía y la radiografía tienen utilidades distintas, y que no existen estudios directos sobre los efectos de la radiación ionizante en perras gestantes. Ante esta incertidumbre, recomienda limitar la radiografía a fases avanzadas, minimizar el estrés e individualizar cada caso.

Una revisión de la Universidad de Padua analiza el uso de la ecografía y la radiografía durante la gestación canina y pone de manifiesto que no existen estudios directos sobre los efectos de la radiación ionizante en esta especie.

La ausencia de datos específicos obliga a extrapolar desde medicina humana con cautela y refuerza la necesidad de una evaluación clínica individualizada.

Dos técnicas con objetivos distintos

La ecografía y la radiografía son las herramientas de imagen más empleadas en el seguimiento de la gestación canina, pero responden a objetivos diferentes y no son intercambiables.

La ecografía permite el diagnóstico precoz desde aproximadamente la tercera semana de gestación, la evaluación de la viabilidad embrionaria y el seguimiento del desarrollo fetal. La radiografía, en cambio, se reserva para fases avanzadas: su aplicación principal es la determinación del tamaño de la camada en la última semana, y también se ha descrito su utilidad en la estimación del riesgo de distocia mediante pelvimetría.

Lo que se sabe sobre radiación y gestación

En medicina humana, los efectos de la radiación durante la gestación están bien documentados e incluyen riesgos teratogénicos, carcinogénicos y mutagénicos, con mayor vulnerabilidad durante el periodo de organogénesis.

  • La revisión recoge que, según datos de medicina humana, no se han observado efectos no cancerígenos por debajo de 0,05 Gy durante la gestación, y la dosis asociada a una radiografía convencional se situaría por debajo de los umbrales vinculados a efectos adversos.
  • No obstante, los autores advierten que esta extrapolación desde la especie humana debe manejarse con cautela.

En medicina veterinaria, la situación es diferente: no existen estudios que hayan investigado de forma directa los efectos de la radiación ionizante en la perra gestante. No hay valores umbral definidos para la especie canina, ni datos sobre consecuencias a corto o largo plazo en embriones o fetos caninos. La extrapolación desde medicina humana es, por tanto, la única referencia disponible.

La doble ausencia de evidencia

La revisión señala que la exposición a radiación en una radiografía simple durante la gestación avanzada es considerada baja por los propios autores del trabajo, en parte porque en ese momento la organogénesis fetal ya está completada, lo que reduce la preocupación por efectos teratogénicos. Sin embargo, no existen estudios que confirmen efectos negativos directos en la perra o los fetos, pero tampoco estudios que avalen su total inocuidad. Esta doble ausencia de evidencia es, según los autores, el nudo central del trabajo.

Ante exposiciones repetidas, la revisión menciona que algunos autores recomiendan precaución dado el efecto acumulativo de la radiación ionizante, aunque no se cuantifica este riesgo para la especie canina.

El estrés como factor a considerar

La revisión aborda también el impacto del estrés asociado al procedimiento diagnóstico. Se identifican dos fuentes principales: la manipulación y el posicionamiento durante la prueba, y el transporte al centro veterinario en el periodo periparto. Los autores reconocen que los datos disponibles en perros son limitados y no permiten cuantificar de forma específica el impacto de este estrés en perras gestantes.

Recomendaciones para la práctica clínica

A partir de los principios de precaución y de la evidencia disponible, los autores proponen una serie de orientaciones clínicas:

  • Limitar el uso de la radiografía a fases avanzadas de la gestación (aproximadamente a partir de los 45 días).
  • Evitar pruebas innecesarias.
  • Minimizar el estrés durante los procedimientos.
  • Priorizar la contención física frente a la sedación cuando sea posible.
  • Individualizar la decisión en cada caso.
  • Involucrar al propietario, especialmente en un contexto de evidencia incompleta.

Los autores mencionan que algunos criadores manifiestan preocupación por el uso de radiografías en perras gestantes. Aunque señalan que parte de esas preocupaciones carece de respaldo científico directo en la especie, consideran que deben abordarse con transparencia en la consulta como parte de una comunicación clínica adecuada.

Una incertidumbre que condiciona la práctica

La revisión concluye que la ausencia de estudios específicos en perros genera una incertidumbre clínica relevante que no puede resolverse con los datos actuales. Esa laguna refuerza la necesidad de una evaluación individualizada y de una comunicación transparente con el propietario como parte del estándar asistencial en reproducción canina.

Fuente: Schrank M, Pereira M, Mollo A. Diagnostic imaging in the pregnant bitch: risks, advantages, and disadvantages. Front Vet Sci. 2025 Jun 5; 12:1588847.

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