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Dos casos felinos complejos resueltos mediante un abordaje multidisciplinar

Una serie de dos casos felinos publicada en Australian Veterinary Journal muestra que la colaboración entre medicina general, neurología, cirugía y comportamiento fue determinante para estabilizar pacientes con cuadros crónicos que ninguna especialidad habría podido resolver por separado.

Una serie de casos describe el manejo de dos gatas con signos crónicos en los que ninguna especialidad aislada habría podido ofrecer una respuesta completa.

La colaboración entre medicina general, neurología, cirugía y etología resultó determinante para alcanzar diagnósticos de trabajo y estabilizar a ambas pacientes.

Algunos pacientes felinos presentan cuadros en los que los signos físicos, emocionales y conductuales se superponen sin que una sola causa explique el conjunto.

  • En estos casos, la evaluación aislada por una única especialidad puede dejar sin resolver parte del problema.

El artículo de Bollaert et al. (2026) parte de la premisa de que los componentes biológicos, psicológicos, sociales y ambientales pueden interactuar en determinados pacientes, y que no abordarlos de forma conjunta puede comprometer la atención a largo plazo.

Para ilustrarlo, los autores presentan dos casos clínicos en gatos con problemas crónicos que requirieron la participación de distintas especialidades.

Autotraumatismo recurrente con anomalía neurológica de base

La primera paciente era una gata doméstica de pelo corto de 3 años de edad, esterilizada, remitida al servicio de comportamiento por episodios repetidos de alopecia y autotraumatismo en cara, cola, axilas y muslos caudales.

Antes de la evaluación conductual se habían descartado ectoparásitos, alergias, causas infecciosas, enfermedad sistémica y alteraciones urinarias, sin hallazgos que explicaran el cuadro por completo.

Durante la valoración conductual se detectaron interacciones táctiles de intensidad anormal, déficits propioceptivos, ataxia, reflejo de enderezamiento ausente o retrasado y respuesta de sobresalto reducida.

La evaluación neurológica orientó el diagnóstico hacia una anomalía congénita con déficits sensoriales y motores. No se realizaron resonancia magnética ni análisis de líquido cefalorraquídeo porque los autores consideraron que no modificarían el plan terapéutico; el diagnóstico se mantuvo como clínico.

El diagnóstico conductual provisional fue de conducta repetitiva anormal (frotamiento facial intenso y acicalamiento de juguetes y personas) con factores neurológicos concurrentes y posibles alteraciones del procesamiento sensorial o del dolor.

El plan combinó clomipramina, gabapentina, collar isabelino cuando no había supervisión, separación de otros animales en determinados momentos, rutinas previsibles y refuerzo de las conductas tranquilas.

Al reducir la clomipramina reaparecieron la agitación, los conflictos y un episodio grave de autotraumatismo. Al restablecer la dosis y ajustar temporalmente la gabapentina, la paciente se estabilizó y se mantuvo así durante los 6 meses siguientes.

Ingestión de pelo y obstrucción intestinal

La segunda paciente, gata doméstica esterilizada de 3,5 años, había sido operada dos veces para retirar tricobezoares obstructivos.

La cuidadora describía acicalamiento excesivo e ingestión de pelo ante la soledad, visitas o estímulos ambientales como el cortacésped o la aspiradora. La evaluación se realizó por telemedicina para reducir el estrés asociado al transporte y al contacto con desconocidos. Se identificaron miedo a estímulos sociales, frustración y conductas ansiosas ante cambios de rutina.

Los autores recomendaron también investigar posibles causas gastrointestinales y dermatológicas, pero la cuidadora prefirió posponer las pruebas salvo falta de mejoría.

El plan incluyó fluoxetina, pregabalina, pasta de parafina, feromona facial felina sintética, rutinas previsibles, control ambiental, juego estructurado y modificación de conducta.

A las 6 semanas no se habían producido nuevos vómitos y el acicalamiento había vuelto a niveles normales. Al reducir la pregabalina reaparecieron los signos de agitación y el aumento del acicalamiento, que remitieron al retomarla. Cuatro meses después, la paciente interactuaba con más calma y comenzaba a acercarse a las visitas.

Qué aporta este enfoque a la clínica

Ambos casos requirieron colaboración activa entre especialidades: en el primero participaron veterinarios generalistas, y servicio de enfermería, etología y neurología; en el segundo, cirugía y comportamiento.

La comunicación continua con los cuidadores fue relevante para comprender la cronicidad, anticipar posibles brotes y sostener el plan a lo largo del tiempo.

El trabajo no incluye un apartado formal de limitaciones y, como serie de dos casos, los resultados no son generalizables. Sin embargo, el caso ilustra unos puntos clave a recordar en la clínica:

  • Las afecciones médicas influyen en las funciones cognitivas y conductuales de los animales y en su salud a largo plazo.
  • Un enfoque multidisciplinario ayuda a los veterinarios a reconocer y manejar todos los factores que influyen en la enfermedad y el bienestar de los animales, especialmente en patologías complejas y crónicas.
  • El abordaje multidisciplinario demuestra cómo se pueden lograr resultados positivos a largo plazo, beneficiosos tanto para los pacientes, como para sus cuidadores y veterinarios.

Fuente
Bollaert BE, Ley JM, Zulch HE. The benefits of multidisciplinary collaboration in the successful management of two complex feline cases. Aust Vet J. 2026 Apr 21. doi: 10.1111/avj.70083.

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