La anestesia en pacientes con comorbilidades constituye uno de los grandes desafíos en la práctica clínica veterinaria.
Cada procedimiento exige un plan individualizado que combine el conocimiento profundo de la fisiopatología, la farmacología de los agentes anestésicos y una monitorización rigurosa.
Un error de valoración puede multiplicar riesgos y comprometer la seguridad del paciente.
En España, donde la clínica de pequeños animales es cada vez más compleja y especializada, esta realidad cobra especial relevancia.
La presencia de patologías cardíacas, renales, hepáticas o endocrinas obliga a veterinarios a ajustar protocolos y trabajar con la máxima coordinación con su equipo.
La importancia del trabajo previo
El artículo original subraya que el éxito comienza con una valoración exhaustiva antes de la inducción anestésica.
La historia clínica completa, el examen físico detallado y la evaluación del dolor y del estado de ansiedad o estrés del animal son imprescindibles.
En este contexto, las escalas objetivas (como la Glasgow Composite Measure Pain Scale en perros o la Feline Grimace Scale en gatos) ayudan a orientar la elección farmacológica.
Asimismo, la clasificación del estado físico según la ASA (American Society of Anesthesiologists) permite anticipar complicaciones y preparar al equipo clínico.
El panel mínimo de pruebas debería incluir hemograma, bioquímica, electrolitos, glucosa, presión arterial y ECG, complementado con diagnóstico por imagen cuando proceda.
Estos datos permiten construir un mapa claro del riesgo anestésico real.
Monitorización y seguridad intraoperatoria
En pacientes con comorbilidades, la monitorización debe ir más allá de lo básico. Además de la presión arterial no invasiva, el ECG y la pulsioximetría, conviene disponer de capnografía, control de glucosa y, siempre que sea posible, presión arterial invasiva.
Los autores remarcan un objetivo clave: mantener el gasto cardíaco y la entrega de oxígeno a los tejidos.
Para lograrlo, la normotermia es un punto crítico; la hipotermia no solo prolonga la recuperación, sino que puede inducir bradicardia y agravar coagulopatías.
El uso de anestesia multimodal, combinando agentes sistémicos con anestesia local, ayuda a reducir dosis, minimizar efectos adversos y mejorar el control del dolor.
Recuperación: un momento crítico
La fase de recuperación es especialmente delicada en animales con enfermedades crónicas.
El estrés, la hipoxia o el dolor mal controlado pueden desencadenar complicaciones graves: desde descompensaciones cardíacas hasta retraso en la cicatrización o fenómenos de dolor maladaptativo.
Crear un entorno tranquilo, controlar la temperatura y ajustar la analgesia de forma dinámica son pasos esenciales.
En pacientes de riesgo, la monitorización debe prolongarse hasta que estén completamente conscientes, móviles y con parámetros estables.
Casos frecuentes en la clínica
El artículo revisa distintas comorbilidades habituales:
- Enfermedad valvular mitral (MVD): mantener una frecuencia cardíaca normal-alta, evitar taquicardias y disponer de infusiones de dobutamina para casos de hipotensión. Los agonistas α2 deben evitarse, ya que aumentan la poscarga.
- Cardiomiopatía hipertrófica (HCM, en gatos): evitar el estrés y los fármacos que incrementen la frecuencia cardíaca (p. ej., ketamina). El uso de opioides y benzodiacepinas es seguro, y la anestesia balanceada reduce el riesgo de hipotensión. La recuperación requiere especial vigilancia.
- Enfermedad hepática: la selección de fármacos es crítica. Isoflurano y sevoflurano son opciones de mantenimiento preferentes por su bajo metabolismo hepático. Es esencial evitar hipotensión e hipoxia, que reducen aún más la perfusión hepática.
- Enfermedad renal: mantener una presión arterial media adecuada (≥80 mmHg en casos de insuficiencia renal), vigilar electrolitos —especialmente el potasio— y ajustar la fluidoterapia de manera prudente.
- Trastornos endocrinos:
- En hipoadrenocorticismo (Addison), la suplementación hormonal previa es indispensable y deben evitarse agentes como etomidato.
- En hiperadrenocorticismo (Cushing), el control del estrés y la monitorización de la ventilación son prioritarios, sobre todo en pacientes obesos.
- En diabetes mellitus, es clave programar la cirugía a primera hora, monitorizar la glucemia intraoperatoria y mantener protocolos que minimicen el estrés y la alteración del metabolismo glucídico.
Implicaciones para la práctica clínica en España
El mensaje es claro: no existen protocolos anestésicos universales para pacientes con comorbilidades. Cada caso exige un enfoque individual, basado en datos objetivos y con una monitorización avanzada siempre que sea posible.
En la clínica diaria, donde la presión asistencial y el tiempo limitado pueden llevar a aplicar rutinas, este recordatorio resulta fundamental.
Los equipos que invierten en formación en anestesia avanzada, junto con una buena comunicación entre veterinarios y ATVs, no solo reducen riesgos: también mejoran la experiencia del paciente y la confianza del tutor.
Conclusión
La anestesia en pacientes con enfermedades crónicas no debe verse como un obstáculo insalvable, sino como un reto clínico que exige conocimiento, preparación y vigilancia extrema.
Con protocolos adaptados, monitorización rigurosa y un control cuidadoso de la recuperación, es posible ofrecer una anestesia segura y eficaz incluso a los pacientes más complejos. Como sintetizan Sidari y Carter (2025), “el objetivo final es mantener el gasto cardíaco y la perfusión tisular: la clave de la anestesia segura”.
Este artículo ha sido elaborado a partir de la revisión “Anesthesia and Analgesia for Patients With Comorbidities”, publicada en Today’s Veterinary Nurse (Summer 2025, Sidari H.A. & Carter H.).
Disponible en: todaysveterinarynurse.com. El presente contenido es una adaptación en español para profesionales veterinarios en España, sin reproducir de forma literal el original.












