La oncología veterinaria se ha convertido en uno de los ámbitos de mayor especialización dentro de la medicina de pequeños animales, transformando el funcionamiento de los hospitales de referencia y reforzando el valor del trabajo en equipo.
En este escenario, los Auxiliares Clínicos Veterinarios (ACV) asumen un papel cada vez más integrado en la atención al paciente oncológico y en la organización asistencial.
- Conversamos con Ignacio Molina Angulo, veterinario y responsable del servicio de oncología del Hospital Veterinario AniCura Estoril, sobre la evolución de la especialidad en España y la práctica clínica diaria con pacientes oncológicos.
- Reflexionamos además sobre el papel del ACV en entornos hospitalarios especializados y los desafíos formativos y comunicativos que acompañan esta transformación.
Lleva cerca de dos décadas desarrollando su labor en el Hospital Veterinario AniCura Estoril. ¿Cómo ha evolucionado su trayectoria profesional hasta centrarse en la oncología veterinaria?
En noviembre de 2025 cumplí veinte años aquí, y lo digo con orgullo porque este hospital es mi casa, no solo mi lugar de trabajo.
- Empecé como empieza casi todo el mundo: poniendo vacunas, buscando mi sitio en el equipo, yendo a cursos, quedándome horas de más para aprender de los que tenía al lado...
Hace unos quince años apareció la oncología, casi sin buscarlo. Influyó mucho mi hermana, que es oncóloga pediatra en el Hospital Niño Jesús de Madrid y ha sido siempre un referente para mí. También mis amigos y compañeros Noemí del Castillo y Ricardo Ruano, que llevan años siendo referentes en oncología veterinaria.
De ese interés inicial fue naciendo un proyecto, con mucha ilusión y bastante esfuerzo, con el objetivo de tener un servicio de oncología que pudiera ser una referencia en la Comunidad de Madrid. Creo que vamos por buen camino.
Desde su experiencia clínica, ¿cómo ha evolucionado la oncología veterinaria en España en los últimos años, tanto en diagnóstico como en tratamiento?
Aunque todavía estamos lejos del desarrollo de la oncología humana, en los últimos quince años la oncología veterinaria ha evolucionado de forma extraordinaria.
Hoy disponemos en el hospital de radiología digital, ecógrafos de última generación, un TC recientemente incorporado y quirófanos plenamente equipados.
- La tecnología y una formación cada vez más especializada han mejorado de manera clara nuestra capacidad diagnóstica y terapéutica.
El cáncer es la patología más frecuente en pacientes geriátricos y, al mismo tiempo, nuestros perros y gatos forman parte de la familia. Por eso las personas buscan para ellos las mismas opciones y cuidados que ofrecerían a cualquier ser querido.
Seguimos formándonos porque la especialización es presente y futuro de la profesión. Además, contamos con más herramientas terapéuticas que nunca, aunque la burocracia y el coste de algunos tratamientos siguen siendo un reto.
El manejo del paciente oncológico suele requerir un seguimiento prolongado y decisiones individualizadas. ¿Qué elementos considera clave para ofrecer una atención clínica de calidad en este tipo de casos?
El manejo del paciente oncológico exige un seguimiento prolongado y decisiones siempre individualizadas. Para ofrecer una atención de calidad, hay dos pilares que considero inseparables, el conocimiento y la empatía.
- Es imprescindible mantenerse al día en los avances de la especialidad, pero cuando una familia entra en la consulta no busca títulos ni currículums, sino cariño, respeto y comprensión.
Cuando esa confianza se establece, todo es más fácil. Las decisiones se toman de forma más compartida, la comunicación fluye mejor. Por eso todos los tutores tienen el correo del servicio de oncología. No es solo un detalle, es una forma concreta de decirles que estamos disponibles, que no están solos en esto.
En los últimos años parece que vemos más cáncer en perros. ¿Se debe a una mayor incidencia real o a mejores herramientas diagnósticas y mayor esperanza de vida, y cuáles son hoy los tumores más frecuentes?
Fundamentalmente se debe a lo segundo. Los animales viven cada vez más porque forman parte de nuestra familia y cuidamos más su salud, lo que inevitablemente aumenta la probabilidad de diagnosticar enfermedades asociadas a la edad.
La alimentación ha mejorado, disponemos de más recursos diagnósticos y contamos con tratamientos que hace años no estaban disponibles. Eso nos permite detectar antes y abordar patologías que en el pasado pasaban desapercibidas o no podían tratarse.
- No tengo la sensación de que haya una incidencia real mucho mayor, sino que hoy diagnosticamos mejor, estamos más atentos y contamos con herramientas terapéuticas más eficaces.
En nuestro hospital, el tumor que vemos con más frecuencia es el linfoma, aunque atendemos una gran variedad de procesos oncológicos diferentes.
Usted suele decir que su auxiliar es su mano derecha. Dentro de la oncología clínica, ¿qué funciones concretas desempeñan los ACV en el manejo del paciente?
Mi auxiliar es, sin duda, mi mano derecha. Sin su apoyo sería imposible desarrollar mi actividad clínica diaria con el nivel de atención que exige la oncología.
- Un auxiliar no es solo quien extrae sangre, realiza radiografías o recoge la consulta. Es un profesional especializado, con una formación y una responsabilidad fundamentales dentro del equipo.
A mí me gusta llamarlas enfermeras, porque su papel va mucho más allá de lo técnico. Preparan y administran la quimioterapia bajo mi supervisión, me apoyan en las pruebas de TC y están presentes en las consultas cuando explico a las familias la patología de su animal, acompañando también ese proceso emocional.
En definitiva, mi trabajo no se entiende sin ellas. La oncología es un trabajo en equipo, y su implicación, conocimiento y sensibilidad son imprescindibles para ofrecer la atención que nuestros pacientes y sus familias merecen.
Ha participado como coautor en el Manual de oncología para el ATV. ¿Qué objetivos persigue una obra de estas características en relación con la formación y el desarrollo profesional de los ACV?
La idea de escribir el libro junto a mi amigo Ricardo Ruano surgió al detectar una necesidad muy clara. Los auxiliares interesados en oncología no disponían de ningún manual específico dirigido a ellos.
- La bibliografía existente estaba orientada principalmente a veterinarios, lo que además les obligaba a realizar un importante desembolso económico en textos que no siempre se ajustaban a su realidad profesional.
Por eso decidimos dar el paso y convertir esa necesidad en un proyecto real. Nuestro objetivo fue crear una herramienta práctica, accesible y adaptada a los auxiliares, que les permitiera formarse en oncología con contenidos rigurosos pero pensados específicamente para su papel dentro del equipo clínico.
¿Cómo valora la especialización progresiva de los ACV dentro de áreas clínicas avanzadas como la oncología?
La especialización de los ACV es una evolución lógica y, diría, necesaria. En oncología, donde cada caso es complejo y cada detalle cuenta, el trabajo del auxiliar no es complementario, bajo mi forma de verlo, es estructural.
Los veterinarios necesitamos a los auxiliares, y los auxiliares necesitan formar parte activa del proceso clínico. En un área tan exigente como la oncología, con protocolos específicos, manejo delicado de tratamientos y una carga emocional importante, esa coordinación es fundamental.
- La oncología no se puede ejercer en solitario. Requiere confianza, comunicación constante y un respeto profundo por el papel de cada miembro del equipo.
Personalmente, intento transmitir a los enfermeros la pasión por esta especialidad. Es un campo duro, porque acompañamos a familias en momentos muy sensibles, pero también es una de las áreas más vocacionales y gratificantes de la medicina veterinaria.
Cuando hay formación, implicación y sensibilidad, el impacto en el paciente y en su entorno es enorme y eso solo se consigue trabajando verdaderamente en equipo.
La comunicación con los tutores en pacientes oncológicos es especialmente sensible. ¿Qué papel desempeñan los ACV en el acompañamiento, la información y la continuidad asistencial?
Fundamental. Yo no soy “Nacho, el oncólogo”. Soy Nacho, y detrás de mí hay un equipo.
Los auxiliares están en todas las fases de la enfermedad. Ven al paciente en consulta, en las pruebas, en los tratamientos, en los momentos buenos y en los más difíciles. Y están también con las familias, acompañando, resolviendo dudas y sosteniendo muchas veces lo que no siempre se ve.
- La oncología no es el trabajo de una sola persona. Es algo que construimos juntos cada día.
Y eso es lo que realmente me llena de orgullo, saber que detrás de cada paciente hay personas implicadas, profesionales y humanas, que dan lo mejor de sí en cada momento.
En términos de formación, ¿qué aspectos considera prioritarios para preparar a los ACV que desean orientarse hacia entornos hospitalarios especializados?
Para mí, lo más importante de todo -y siempre lo digo- es la actitud. Nadie nace sabiendo, pero con actitud, trabajo y compromiso, en poco tiempo puedes llegar a ser realmente bueno en lo que haces.
La vocación, el amor por los animales, la capacidad de esfuerzo y, muchas veces, de sacrificio, unidos a una formación continua, son las claves para crecer profesionalmente. Cuando esos valores están presentes, cada día contamos con enfermeros veterinarios más preparados, más implicados y mejores profesionales.
- Al final, el conocimiento se adquiere; la actitud, en cambio, marca la diferencia.
Desde la perspectiva de las asociaciones profesionales, ¿qué papel pueden desempeñar entidades como ANAVET en el impulso de la formación, la especialización y el reconocimiento del trabajo de los ACV en áreas como la oncología?
Los enfermeros veterinarios no están suficientemente valorados ni reconocidos en nuestra sociedad, empezando por el hecho de que no existe una titulación oficial, como sí ocurre en medicina humana. Esto hace que su formación dependa en gran medida de ellos mismos y de los recursos que puedan permitirse.
Asociaciones como ANAVET nacieron con el objetivo de dignificar su trabajo y de apostar por la visibilidad que, lamentablemente, aún no siempre tienen.
Nosotros, como veterinarios, somos en parte responsables de apoyarlos para que puedan alcanzar estos objetivos, reconociendo su labor, promoviendo su formación y trabajando juntos para que su papel sea reconocido como merece.
La visión de Ignacio Molina Angulo refleja una oncología veterinaria en plena evolución, marcada por la complejidad clínica, el trabajo coordinado y la necesidad de equipos cada vez más formados.
- En este escenario, los ACV amplían su espacio profesional y consolidan un papel activo dentro de la atención al paciente oncológico, especialmente en ámbitos como la comunicación, el seguimiento y la organización asistencial.
- Comprender esta transformación permite anticipar los desafíos de la práctica hospitalaria y subraya la importancia de la formación y la especialización como ejes del desarrollo futuro de la profesión veterinaria.















