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La base de un buen ACV está en escuchar, observar y aprender con mirada clínica y humana

En esta entrevista hablamos con Covadonga Suárez, Auxiliar Clínico Veterinario con una extensa trayectoria en consulta, hospitalización y atención al cliente. Su mirada combina técnica, sensibilidad y experiencia real de clínica. A través de su visión práctica, nos recuerda que el ACV es mucho más que un rol de apoyo y que su participación impacta directamente en la calidad asistencial, en la comunicación con el tutor y en el bienestar del paciente.

La figura del Auxiliar Clínico Veterinario - ACV- vive un momento decisivo. Cada vez más clínicas y hospitales reconocen que la calidad asistencial no depende solo del conocimiento técnico, sino también del trabajo en equipo, la comunicación y el bienestar emocional de quienes sostienen la actividad diaria.

En este contexto, Covadonga Suárez se ha convertido en una voz de referencia en Galicia. Responsable del área de Hospitalización y Comportamiento en el Hospital AniCura Abros y Delegada de ANAVET en Galicia, combina una sólida experiencia clínica con una sensibilidad especial para comprender a los animales… y también a las personas que los cuidan.

Este año, su participación como ponente en el Congreso Andaluz de Veterinarios, donde impartió tres charlas, refuerza su papel como divulgadora y formadora dentro del colectivo ACV. Con ella conversamos sobre hospitalización, comportamiento, liderazgo, relaciones interpersonales y el futuro de la profesión.

Desde tu experiencia en hospitalización y comportamiento, ¿qué cualidades diferencian a un ACV que trabaja en un entorno hospitalario frente a uno que desarrolla su labor en una clínica general?

En esencia, las cualidades fundamentales deben ser similares en ambos contextos.

La formación de una auxiliar clínica veterinaria en cuidados hospitalarios y, especialmente, en comportamiento animal mantiene una estrecha relación con todas las facetas del trabajo diario, ya sea en una clínica general o en un hospital de referencia.

  • Una ACV tranquila, sensible y empática resulta fundamental para desempeñar con éxito cualquiera de estas funciones. Sin embargo, el entorno hospitalario suele exigir una mayor capacidad de respuesta ante situaciones críticas, una gestión más intensa del estrés y habilidades específicas para el manejo de pacientes graves o con necesidades especiales de monitorización.

La atención al detalle, la observación constante del comportamiento del paciente y la capacidad para detectar cambios sutiles en su estado clínico o emocional cobran una relevancia aún mayor cuando trabajamos con animales hospitalizados.

En definitiva, aunque el perfil base sea común, el contexto hospitalario potencia y refina estas competencias, especialmente aquellas vinculadas al bienestar emocional del paciente durante estancias prolongadas.

Galicia tiene una red de clínicas y hospitales veterinarios muy diversa. ¿Cómo describirías la evolución del rol del ACV en tu comunidad en los últimos años? ¿Qué demandas nuevas percibes por parte de los centros?

Es cierto que cada vez surgen más clínicas de gran tamaño y hospitales veterinarios que buscan auxiliares con formación específica y especializada, aunque hay que señalar que esta formación todavía no cuenta con homologación oficial.

Al mismo tiempo, persiste una amplia red de clínicas de menor dimensión que también demandan profesionales bien preparadas, pero en este caso para cubrir puestos con un perfil más polivalente y multifunción.

Esta dualidad refleja la diversidad del sector en Galicia. Existen centros que apuestan por la especialización y la segmentación de tareas, mientras que otros funcionan con equipos más reducidos donde la versatilidad y la capacidad de adaptación a múltiples áreas resultan imprescindibles.

En hospitalización, el ACV es a menudo quien mejor conoce la evolución real del paciente. ¿Qué competencias consideras imprescindibles para garantizar un cuidado seguro y de calidad en este entorno crítico?

Contar con una buena base de formación que proporcione los conocimientos necesarios resulta fundamental.

Esta preparación nos ayuda a conocer e identificar los procesos que vive un animal durante su hospitalización, permitiéndonos detectar cambios significativos en su estado clínico y emocional, y actuar en consecuencia para garantizar su bienestar y seguridad.

La gestión del dolor, la ansiedad y el estrés hospitalario en perros y gatos requiere sensibilidad y formación específica. ¿Cómo integráis la visión del comportamiento en el manejo diario de los pacientes ingresados?

El punto de partida es que todo el equipo de hospitalización tenga conocimientos sobre bienestar animal y estrategias para minimizar el estrés.

  • Además, resulta fundamental que en cada cambio de turno se comente el comportamiento observado en cada paciente, compartiendo detalles que puedan ser relevantes para su manejo.

Una buena coordinación entre profesionales es clave para lograr mejores resultados. Cuando todos compartimos la misma visión y trabajamos de forma sincronizada, el animal recibe una atención más coherente y adaptada a sus necesidades emocionales y clínicas.

¿Hasta qué punto influyen las relaciones personales en el desempeño del ACV? ¿Qué papel juegan la comunicación y la confianza con veterinarios, compañeros y responsables de área?

La comunicación entre compañeros debe ser buena, ya que pasamos muchas horas al día juntos y teniendo entre manos mucha responsabilidad.

Los responsables de área, por su parte, deben ser personas que inspiren, animen y refuercen al equipo. Es fundamental que conozcan las necesidades reales de sus colaboradores y que sean resolutivos cuando se requiere ayuda, contribuyendo así al buen funcionamiento del día a día y al clima laboral positivo que todo centro veterinario necesita.

Muchas ACV destacan que una parte clave de su trabajo es actuar como “puente” entre departamentos o entre el veterinario responsable y el resto del equipo. ¿Cómo gestionas esa función dentro del hospital?

Actuar como puente no solo no es negativo, sino que puede resultar muy beneficioso siempre que se haga de forma respetuosa y constructiva.

  • Lo fundamental es tener claro que el bien común por el que todos trabajamos son nuestros pacientes.

Mantener esa perspectiva ayuda a que la comunicación fluya de manera natural, evitando malentendidos y asegurando que la información relevante llegue a quien la necesita en el momento adecuado.

Este año impartiste tres charlas en el Congreso Andaluz de Veterinarios. ¿Qué temas abordaste y por qué crees que son especialmente relevantes para el colectivo ACV?

Hablamos de las urgencias que se pueden presentar con pacientes neonatos y pediátricos, un área que requiere conocimientos muy específicos y capacidad de reacción inmediata. También abordamos la hospitalización libre de estrés, profundizando en las diferentes maneras de mitigarlo y en cómo podemos mejorar la experiencia del paciente durante su estancia.

Por último, tratamos la responsabilidad que tenemos sobre la medicina preventiva y cómo transmitir esa información al tutor para que pueda aplicarla de forma responsable.

  • Considero que estos temas son especialmente relevantes porque tocan aspectos fundamentales del trabajo diario de las auxiliares clínicas veterinarias, desde la atención en situaciones críticas hasta la educación del propietario, pasando por el bienestar animal durante la hospitalización

La formación continua es un pilar fundamental en la profesión. ¿Qué habilidades técnicas o emocionales consideras prioritarias para reforzar el nivel de la enfermería veterinaria en los próximos años?

Es imprescindible que logremos contar con una formación homologada y reglada de manera uniforme en toda España.

  • La falta de reconocimiento oficial de nuestra profesión sigue siendo una asignatura pendiente que limita tanto el desarrollo profesional como la valoración del colectivo.

Por otro lado, necesitamos urgentemente herramientas para el cuidado de la salud mental que nos ayuden a prevenir enfermedades laborales como el síndrome de burnout.

  • La carga emocional de nuestro trabajo es muy alta, y sin recursos adecuados para gestionarla, corremos el riesgo de sufrir un desgaste que afecta tanto a nuestra calidad de vida como a la atención que prestamos a los pacientes.
  • Invertir en bienestar emocional no es un lujo, es una necesidad para sostener una profesión de calidad a largo plazo.

Como Delegada de ANAVET en Galicia, ¿cuáles dirías que son los retos más urgentes que enfrenta hoy la profesión, tanto en tu comunidad como a nivel nacional?

El reto más urgente y prioritario es conseguir que exista un título reconocido y homologado dentro de la enseñanza reglada, ya sea como grado medio o superior de Formación Profesional. Esta es una reivindicación histórica del colectivo que sigue sin resolverse.

  • La falta de regulación oficial genera una situación de precariedad formativa y laboral que afecta a todas las auxiliares clínicas veterinarias del país.
  • Sin un marco educativo homogéneo, nos encontramos con profesionales que tienen niveles de preparación muy dispares, lo que dificulta la estandarización de la calidad asistencial y la valoración justa de nuestro trabajo.

Contar con una titulación oficial no solo dignificaría la profesión, sino que también protegería tanto a los profesionales como a los pacientes, estableciendo unos estándares claros de competencias y conocimientos.

Si pudieras transmitir un mensaje a los futuros ACV que hoy están formándose o dando sus primeros pasos, ¿qué les dirías sobre esta profesión, su propósito y el impacto real que pueden tener en la vida de los pacientes y de los equipos?

Les diría que se informen bien para formarse en centros serios y de calidad, ya que esa base inicial marcará su trayectoria profesional.

  • Cuando llegue el momento de hacer las prácticas, es fundamental que le pongan toda la ilusión y el empeño posible, intentando aprender lo máximo de la gente con experiencia, que tiene mucho que enseñar.

Deben saber que es una profesión muy bonita, pero también exigente y, en ocasiones, dura emocionalmente. Por eso es importante hacerlo por vocación, no solo por salida laboral.

  • El impacto que una ACV puede tener en la vida de los pacientes, en la tranquilidad de sus tutores y en el funcionamiento del equipo veterinario es enorme, pero requiere compromiso real.

La base de un buen profesional está en saber escuchar y observar con atención. Esas dos habilidades, aparentemente sencillas, son las que permiten aprender de forma genuina y convertirse en una profesional valiosa y respetada dentro del equipo.

La profesión ACV continúa creciendo en responsabilidad, visibilidad y complejidad. Voces como la de Covadonga Suárez demuestran que la excelencia clínica nace de la combinación entre conocimiento, empatía, comunicación y trabajo en equipo. 

Su labor en hospitalización, su compromiso con la formación y su participación activa en ANAVET reflejan un modelo de profesional capaz de elevar los estándares de la enfermería veterinaria y fortalecer el papel del ACV dentro de la clínica moderna.

Su visión confirma que el futuro de la profesión pasa por equipos cohesionados, pacientes mejor atendidos y una mayor comprensión del valor real que aporta el ACV al día a día de los centros. Una mirada que inspira y que, sin duda, seguirá contribuyendo al crecimiento de toda la comunidad.

 

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