La figura del Auxiliar Clínico Veterinario (ACV) vive un momento clave en España. Aunque la demanda de profesionales formados aumenta y las competencias del rol ganan visibilidad, persisten retos como la falta de regulación, el intrusismo y una estructura profesional todavía lejos de los estándares de países como Reino Unido.
- En ese escenario, voces con experiencia internacional y compromiso asociativo se vuelven esenciales. Es el caso de Óscar Blázquez, ACV en el Hospital Veterinario AniCura Marina Baixa, formado como Veterinary Nurse en Inglaterra y actualmente también delegado de ANAVET en Valencia, desde donde impulsa la profesionalización del colectivo.
Óscar además, será ponente en el II Simposio ANAVET-UP: formación, comunidad y crecimiento, un encuentro decisivo para el futuro del sector. Hoy hablamos con él sobre formación, regulación y el valor real del ATV dentro del equipo clínico.
Óscar, ¿cómo llegaste a formarte como enfermero veterinario en Inglaterra y qué significó para ti obtener allí el reconocimiento oficial como Veterinary Nurse?
Mi inquietud por la veterinaria surgió al realizar el curso CIM y comenzar a trabajar en el hospital, de eso hace ya 18 años.
- Cuando empecé, en el hospital no podía ni siquiera colocar un catéter; nuestras funciones se limitaban prácticamente al transporte de animales y a las tareas de limpieza. Esta situación me generaba una gran frustración.
Fue entonces cuando una noche coincidí con una chica que había venido del extranjero para realizar prácticas de veterinaria. Ella me habló de su experiencia en Inglaterra y de cómo allí los enfermeros veterinarios asumían numerosas tareas propias de la enfermería. Aquella conversación despertó en mí la inquietud por investigar cómo podía formarme de ese modo.
La verdad es que me pusieron muchas facilidades para realizar la formación y poder graduarme como tal.
Las prácticas, sin embargo, fueron otro cantar...
¿Qué aspectos de la formación británica te marcaron más en términos de exigencia, práctica clínica y responsabilidad profesional?
El idioma ya supuso un esfuerzo importante (risas). En cuanto al temario, la formación que se imparte allí es muy similar a la de los primeros años de la carrera de Veterinaria.
Asignaturas como parasitología o farmacocinética se abordan en profundidad, y aprender y dominar todos los ciclos fue especialmente complicado.
¿Qué percepción crees que existe en Inglaterra sobre la enfermería veterinaria y el rol que desempeña dentro del hospital?
La mentalidad en los hospitales, o al menos en aquellos en los que realicé prácticas, es diferente.
- Los roles están bien definidos y las responsabilidades de cada profesional, tanto del veterinario como del enfermero veterinario, están claramente establecidas.
Como ocurre en cualquier entorno de trabajo, pueden darse distintos puntos de vista, pero forman parte de la dinámica habitual de los equipos.
Esa claridad en la delimitación de funciones es, en mi opinión, un aspecto del que aún podemos seguir aprendiendo y avanzando en España.
Desde tu experiencia, ¿cuáles son las diferencias más llamativas entre el modelo inglés y el español en cuanto a funciones, competencias y autonomía del ATV?
El modelo de enfermería veterinaria en Inglaterra es un sistema muy trabajado y consensuado. En contraste, en España existe una gran oferta de cursos de auxiliar veterinario, incluso fácilmente visibles en medios generalistas como la televisión.
Son pocas las academias que apuestan de forma decidida por una formación de calidad, orientada a establecer unas bases sólidas y bien estructuradas para el desarrollo profesional del ATV.
En Reino Unido, las funciones están claramente delimitadas por ley. ¿Cómo afecta esa regulación a la calidad del trabajo y al respeto profesional dentro de las clínicas?
En primer lugar, esta regulación hace que el desempeño profesional no dependa únicamente de la confianza personal del veterinario para realizar procedimientos como una extracción de sangre o la administración de una medicación.
Las funciones están claramente estipuladas y cada profesional es responsable de sus propios actos.
A tu regreso a España, ¿qué diferencias profesionales te resultaron más evidentes al incorporarte a un equipo veterinario?
No viví un choque cultural propiamente dicho, ya que nunca he trabajado en Inglaterra. Sin embargo, sí resultaba llamativo haber conocido de primera mano todo lo que se realiza allí y, al volver a mi puesto de trabajo, percibir las limitaciones existentes aquí.
- Afortunadamente, con el tiempo y demostrando mi valía y experiencia, pude ejercer una enfermería veterinaria de calidad.
Imagino que esta experiencia es compartida por muchos auxiliares que hemos querido desarrollar plenamente esta función.
Uno de los problemas más mencionados en España es el intrusismo. ¿Cómo crees que influye la falta de regulación en la seguridad del paciente y en el desgaste de los propios auxiliares?
La ausencia de una regulación clara de la profesión fue uno de los motivos que me llevó a formarme fuera de España e incluso a plantearme, en algún momento, desarrollar mi carrera profesional en el extranjero. Finalmente, por motivos familiares, decidí continuar mi trayectoria en España.
Creo que una definición clara y consensuada de las funciones de cada perfil profesional ayudaría a evitar muchos malentendidos. El veterinario cuenta con la formación y la responsabilidad legal para realizar actos clínicos como el diagnóstico o la prescripción de tratamientos, mientras que el auxiliar veterinario debe desempeñar su labor dentro de un marco bien delimitado, centrado en la enfermería y el apoyo clínico.
Cuando estos límites no están claramente establecidos a nivel normativo, pueden surgir interpretaciones erróneas sobre el intrusismo. La gran mayoría de los auxiliares veterinarios buscamos trabajar correctamente, respetando nuestras competencias y con el objetivo de apoyar y facilitar el trabajo del veterinario y mejorar la atención al paciente.
Es cierto que existen casos aislados de profesionales que se extralimitan en sus funciones, pero se trata de una minoría. Precisamente, una regulación adecuada contribuiría a proteger tanto al paciente como a los propios profesionales, evitando confusiones y reforzando el trabajo en equipo dentro de la clínica veterinaria.
¿Es posible avanzar hacia un modelo más estructurado como el inglés? ¿Qué pasos consideras imprescindibles: regulación, formación oficial, especialización…?
Sí, de hecho ya existen modelos formativos bien estructurados y con la infraestructura necesaria para ofrecer una formación de calidad. Además, contamos con el apoyo de veterinarios de prestigio que respaldan la profesión, algo muy positivo.
- El paso fundamental sería definir claramente las competencias del auxiliar veterinario y establecer un marco de responsabilidades. A nivel académico, ya existen propuestas sólidas desde universidades y academias reconocidas.
Lo más frustrante es que, teniendo gran parte del camino hecho, todavía falte una regulación clara; quizá sea algo que veamos más adelante… incluso ya desde la jubilación (risas).
Además de tu labor clínica, eres delegado de ANAVET en Valencia. ¿Qué papel desempeñas desde este cargo y cuáles dirías que son hoy las necesidades más urgentes del colectivo en tu comunidad?
Como delegado, mi principal labor es transmitir los valores de unidad de la profesión y dar visibilidad a la asociación en cada oportunidad posible, especialmente en las formaciones y conferencias en las que participo.
Creo que una de las necesidades más urgentes del colectivo es reforzar esa sensación de unión y conseguir que los auxiliares conozcan ANAVET y sientan que no están solos.
- Formar parte de un colectivo es fundamental para no perder la motivación y seguir apostando por la profesión, incluso en los momentos de mayor desgaste.
ANAVET aporta ese respaldo y esos valores, y lo digo desde la experiencia de llevar vinculado a la asociación desde 2012. Saber que contribuyes, aunque sea un poco, a hacer crecer la profesión es una de las razones por las que sigo implicado.
En el II Simposio ANAVET-UP se hablará de formación, comunidad y crecimiento. ¿Qué mensaje te gustaría transmitir a los auxiliares que están empezando su carrera?
Mi objetivo es transmitir la ilusión y las ganas con las que vivo mi trabajo. Si consigo despertar en ellos la inquietud por seguir aprendiendo y esforzándose en su día a día, para mí es más que suficiente. Me gustaría que entiendan que pueden crecer profesionalmente mucho más de lo que imaginan.
Ver hoy a compañeros auxiliares formándose y compartiendo conocimientos técnicos es motivo de orgullo y una muestra clara de hasta dónde puede llegar la profesión.
¿Cómo imaginas el futuro del ATV en España si se consolidan estándares formativos y competencias reconocidas?
Espero que el futuro pase por una homologación real y por el reconocimiento de una categoría académica adecuada, más allá de una simple acreditación. Alcanzar un modelo similar al de Portugal, un referente cercano y realista, ya supondría un gran avance.
Un cambio clave sería que los auxiliares asumiéramos responsabilidades claras dentro de nuestras competencias, lo que aportaría mayor seguridad profesional, reduciría tensiones y reforzaría nuestro compromiso con el paciente y con la calidad asistencial.
Óscar Blázquez representa a una generación de auxiliares veterinarios comprometidos no solo con la práctica clínica, sino también con la formación continua, el trabajo en comunidad y la representación profesional. Su experiencia internacional muestra que avanzar hacia modelos más claros y bien definidos es posible, y su labor en ANAVET refleja que ese camino ya ha comenzado a recorrerse en España.
Su participación en el II Simposio ANAVET-UP contribuirá a seguir fortaleciendo un colectivo que forma parte esencial del día a día de clínicas y hospitales veterinarios, siempre desde el trabajo en equipo y la colaboración entre profesionales. El reconocimiento y la correcta integración de todos los perfiles es un elemento clave para seguir avanzando hacia una veterinaria moderna, segura y de calidad.













