La vocación sigue ahí, pero el desgaste también, y el sector veterinario en España atraviesa un momento crítico que ya no puede explicarse solo desde la percepción individual del clínico.
- Un estudio reciente impulsado por Gosbi, basado en datos reales de profesionales en activo, pone cifras a una realidad marcada por el agotamiento emocional, la pérdida de motivación, la dificultad para desconectar y una presión creciente sobre el ejercicio clínico.
Comprender estos datos es el primer paso para entender qué está ocurriendo en la profesión y por qué sus consecuencias van mucho más allá de la consulta.
Un perfil profesional altamente experimentado, pero sometido a presión
El estudio se basa mayoritariamente en veterinarios de pequeños animales, que representan el 97,03 % de la muestra, reflejando fielmente la estructura del mercado clínico español.
- Se trata de una profesión claramente feminizada (58,42 %) y con un alto nivel de experiencia: más del 73 % lleva más de 11 años ejerciendo y un 40,59 % supera los 21 años de trayectoria profesional
En cuanto a la carga laboral, aunque la mayoría trabaja entre 35 y 45 horas semanales, casi un 12 % supera las 46 horas, y más de un tercio realiza guardias o turnos nocturnos, un factor que incrementa de forma notable el estrés físico y emocional.
La crisis salarial, el principal detonante del malestar
Uno de los datos más contundentes del informe es la percepción de injusticia salarial.
- El 76,24 % de los veterinarios considera que su salario no refleja adecuadamente el nivel de responsabilidad ni la carga emocional de su trabajo
Este desequilibrio aparece como el principal motor de insatisfacción profesional y actúa como catalizador de otros problemas estructurales del sector.
Burnout generalizado y pérdida de motivación
El agotamiento emocional no es una excepción, sino la norma.
- El 94,05 % de los encuestados ha experimentado burnout, y más de la mitad lo sufre de forma frecuente o constante.
- A este dato se suma una pérdida significativa de motivación: el 85,14 % reconoce haberla perdido en algún grado, y casi el 44 % afirma haber perdido bastante o mucha ilusión por su trabajo
Cuando el trabajo invade la vida personal
La dificultad para desconectar es otro de los ejes clave del estudio.
- Solo el 22,77 % de los veterinarios consigue desconectar siempre fuera del horario laboral
- En paralelo, el 59,40 % experimenta interferencia frecuente o continua del trabajo en su vida personal y familiar, lo que favorece un estrés crónico sostenido en el tiempo
Una emergencia silenciosa de salud mental
Los síntomas de ansiedad, insomnio y depresión aparecen de forma alarmantemente elevada.
- El 92,08 % ha sufrido ansiedad relacionada con el trabajo, el 85,15 % insomnio y el 63,37 % síntomas depresivos
- Casi un tercio ha necesitado apoyo psicológico profesional en el último año, pero el 70,29 % declara tener pocos o ningún recurso de apoyo psicológico en su entorno laboral
Especialmente preocupante es que el 11,88 % reconoce haber tenido pensamientos relacionados con el suicidio vinculados al trabajo, un dato que el propio estudio señala como una llamada urgente a la intervención y al establecimiento de protocolos de apoyo.
Burocracia y marco legal: un nuevo factor de estrés
El Real Decreto 666/2023 emerge como un elemento adicional de presión.
- El 74,26 % de los profesionales lo considera injusto y perjudicial para la práctica veterinaria, señalando principalmente el aumento de la burocracia, la incertidumbre legal y la sobrecarga de trabajo sin recursos adicionales como impactos negativos directos
Una brecha profunda entre expectativas y realidad
Solo el 3,96 % afirma que su carrera profesional ha cumplido plenamente sus expectativas iniciales.
- El 74,25 % reconoce una clara desalineación entre lo que esperaba al comenzar y la realidad actual del ejercicio clínico, una brecha que alimenta la desmotivación y el desencanto, especialmente entre los profesionales más experimentados
Este estudio no aporta opiniones, sino datos. Datos que confirman que el malestar del sector veterinario es estructural, profundo y sostenido en el tiempo.
Visibilizar esta realidad es esencial para abrir un debate informado que permita proteger a los profesionales… y, con ellos, garantizar el bienestar animal que da sentido a la profesión.












