En la trayectoria de un Auxiliar Clínico Veterinario existen momentos silenciosos que cambian el rumbo profesional.
- No siempre llegan como una decisión planificada; a veces surgen como una inquietud persistente, una necesidad de avanzar o la sensación de que aún queda margen para aportar más.
- Este artículo pone palabras a ese punto de inflexión.
El fenómeno "clic" como motor del cambio profesional en el ACV
¿Por qué una ACV que trabaja de forma estable en una clínica veterinaria, con funciones asentadas y un horario regular decide dar el salto a un hospital de referencia? No es una decisión ligera.
- Supone enfrentarse a un ritmo mucho más intenso, adquirir nuevas competencias y adaptarse a turnos rotativos, muchas veces en un servicio de urgencias donde todo ocurre deprisa y la presión es constante.
Con este artículo quiero compartir algo muy sencillo. Al final, todo se resume en encontrar tu lugar. En sentir que estás donde quieres estar, haciendo lo que mejor sabes hacer como Auxiliar Clínico Veterinario, y en atreverte a aceptar nuevos retos con la humildad necesaria para seguir creciendo.
- Una decisión así no aparece de repente, es el resultado de años de preparación, de estudio y, sobre todo, de vocación.
En la rutina diaria hay días que te llenan y otros que te ponen a prueba y ambos cuentan y ambos dejan huella. Poco a poco empiezas a darte cuenta de qué se te da mejor, qué disfrutas más, dónde están tus puntos débiles y cómo encaja todo eso con tu vida personal. En el fondo, la pregunta es sencilla... ¿dónde te sientes bien y por qué?
No hay un camino superior a otro, trabajar en un hospital, en una clínica, en un laboratorio o en recepción es igual de válido si te permite sentir que estás en el sitio correcto.
Qué me impulsó al cambio profesional
Reflexionando mucho esta pregunta, he llegado a la conclusión de que hay 3 factores determinantes:
- el fenómeno «clic»,
- la formación constante y
- el esfuerzo personal.
Espero que te sirvan de ayuda si estás en una tesitura parecida o andas perdido sin saber que camino tomar con respecto a tu futuro.
El fenómeno "clic"
Es el primer pilar y, curiosamente, el que más me costó identificar puesto que no ocurre de forma ruidosa ni planificada, simplemente aparece.
Para mí es un proceso casi físico. Mientras trabajas o estudias, surge una inquietud porque algo no termina de cuadrarte o, al contrario, algo te despierta una curiosidad inesperada.
De pronto, una idea atraviesa tu cabeza y sientes una activación inmediata, una mezcla de nervios e ilusión. Empiezas a darle vueltas, investigas, preguntas, buscas información… hasta que sucede. ¡Clic!
- Y cuando ocurre, lo sabes y te emociona solo pensar en ello llegando incluso a hablar del tema constantemente. Te apetece formarte, profundizar, mejorar.
- La motivación es tan intensa que roza la obsesión.
Estoy segura de que ya has vivido algún “clic”, y si crees que no, quizá simplemente aún no lo has reconocido.
En mi caso, he tenido varios y cada uno me ha ido acercando al lugar donde estoy hoy.
El primer "clic" debido a la seguridad en cirugía y hospitalización
Cuando empecé a ocuparme del área de cirugía y hospitalización, me sentía completamente verde. Preparar quirófano, monitorizar pacientes, controlar constantes...todo me imponía. Cada intervención era una fuente de dudas y estrés.
Hasta que ocurrió... ¡CLIC!
No quería seguir sintiéndome insegura, quería entender lo que hacía y hacerlo bien y gracias a varias formaciones con Gaspar Soler, gané esa seguridad que tanto necesitaba. Pero además se abrió una puerta nueva y empecé a interesarme por la estabilización del paciente.
El segundo "clic" asociado al manejo del paciente crítico
Más adelante, empezaron a llamarme la atención las complicaciones en consulta como hipoxias, taquicardias, disneas... También el manejo de patologías críticas durante el ingreso, como la diabetes o la insuficiencia renal.
Así que sentí esa inquietud de nuevo... ¡CLIC!
Necesitaba comprender mejor esos casos y estar más preparada y eso me llevó a especializarme en hospitalización y cuidados intensivos con María Teno en el Hospital Veterinario Puchol.
- Allí descubrí algo importante, me encantaba el papel del ACV en un entorno hospitalario, donde cada decisión cuenta.
El tercer "clic" porque quería entender lo que ocurre en el laboratorio
El último clic llegó cuando asumí una carencia evidente y es que la investigación de una enfermedad empieza muchas veces en el laboratorio, y yo apenas comprendía una analítica básica.
Por ello, de nuevo, llegó... ¡CLIC!
Decidí estudiar el FP de Laboratorio Clínico y para mi fue una herramienta clave para entender qué sucede realmente en el organismo durante un proceso patológico.
- De pronto, los resultados analíticos dejaron de ser números para convertirse en información con sentido clínico.
Cuando el aprendizaje cambia tu perspectiva
Apliqué todo lo aprendido durante ese tiempo en el día a día de la clínica y me resultó sumamente gratificante comprobar cómo el estudio gana significado al tratar al paciente.
- Pero en algún momento algo volvió a moverse dentro de mí y empecé a preguntarme si podía aportar más a la comunidad veterinaria y a los animales enfermos con todo ese conocimiento acumulado. Y la respuesta fue un rotundo "¡Sí!".
Necesitaba un entorno más exigente, donde aplicar lo aprendido, asumir más responsabilidad y seguir creciendo y entonces apareció la pregunta inevitable... ¿sería descabellado postularme para un puesto de auxiliar en un hospital de referencia?
Y sí... fue otro ¡CLIC!.
La formación constante, una meta y un fin para el ACV
Cuando empecé a formarme tras salir de la academia lo hice por necesidad. En la clínica me encontraba con situaciones que evidenciaban mis carencias y necesitaba ganar seguridad, desde aspectos básicos como el cálculo de dosis hasta el manejo de pacientes más complejos. La formación fue, al principio, una herramienta para sentirme más preparada.
Con el tiempo dejó de ser solo una respuesta a mis dudas y pasó a convertirse en una elección consciente. Empecé a profundizar en aquellas áreas que realmente me interesaban y comprendí que estudiar no solo amplía conocimientos, también orienta tu camino profesional. Te ayuda a descubrir en qué destacas y hacia dónde quieres avanzar.
- Cada ACV tiene inquietudes distintas y todos los ámbitos ofrecen posibilidades de especialización
- La profesión evoluciona constantemente y siempre hay margen para seguir aprendiendo
- Además, las estancias y los congresos aportan algo difícil de explicar si no se vive, porque permiten compartir experiencias y crecer junto a otros compañeros que atraviesan procesos similares.
Con el tiempo, la suma de formación y experiencia se traduce en madurez profesional. Y cuando alcanzas ese punto puedes sentirte plenamente alineado con tu lugar de trabajo o empezar a notar que aún puedes dar más en otro entorno. Cuando esa sensación se instala con claridad, suele ser porque estás preparado para avanzar.
El precio real de crecer profesionalmente
Esforzarse significa comprometerte de verdad con tu carrera como ACV y aceptar que crecer tiene un coste. Intentas sostener una jornada completa, la formación continua y tu vida personal sin que nada se resienta, pero pronto descubres que el tiempo no se multiplica.
- Empiezas a madrugar más, a acostarte tarde y a cambiar fines de semana y vacaciones por horas de estudio
- Renuncias a planes con amigos o familia porque sabes que, si quieres avanzar, alguien tiene que pagar ese precio y ese alguien eres tú
Habrá etapas en las que te sentirás imparable, capaz de rendir al máximo en el trabajo, llevar al día los estudios y mantener la motivación intacta aunque duermas poco. Esa sensación es potente y adictiva, y llegas a pensar que podrás sostenerla siempre, pero siento contarte que no es realista, que en el cuerpo y la mente pasan factura.
En otras épocas el desgaste pesa más y empiezas a cuestionarte si merece la pena tanto esfuerzo, si compensa la inversión económica y emocional o si estás avanzando al ritmo que esperabas. Los apuntes se acumulan, la energía baja y aparece la idea de abandonar... Es una fase incómoda, pero forma parte del proceso de madurez profesional.
Y, sin embargo, todo ese sacrificio construye algo puesto que cada hora invertida, cada renuncia y cada momento de duda te acercan a la oportunidad que encaja contigo. Cuando finalmente llega, cuando recibes ese correo o esa propuesta que parece hecha a tu medida, todo cobra sentido y vuelve a suceder lo mismo de siempre.
"¡CLIC!"... Porque el clic no aparece por casualidad, llega después del esfuerzo, te lo garantizo.
Nada es casualidad en tu crecimiento como ACV
Como ves, lo que me impulsó a tomar una decisión tan importante han sido estos años en la clínica que me han aportado la experiencia, los recursos y una sólida trayectoria formativa.
- Me han convertido en la ACV que soy hoy y no cambiaría ni uno solo de los días que pasé allí, pues todos fueron necesarios para encontrar mi camino.
- Así que, te encuentres en la situación que te encuentres, aprovéchala para sacar el máximo partido porque te servirá para llegar a donde te sientas realizado como profesional.
Los cambios no llegan cuando uno quiere, sino cuando realmente estás preparado para afrontarlos.
El fenómeno "clic", la formación y tu esfuerzo personal confabulan constantemente a tu espalda para que avances en la dirección correcta, hacia ese lugar donde puedes desarrollar todo tu potencial, seguirás creciendo como profesional y donde, finalmente, seas feliz haciendo lo que mejor sabes hacer: ser Auxiliar Clínico Veterinario.
















