Muchos veterinarios no se alejan de la clínica por falta de vocación, sino porque el ritmo de trabajo y las condiciones asociadas al ejercicio profesional terminan siendo difíciles de sostener. Además de revisar los problemas estructurales del sector, es necesario reflexionar sobre cómo entendemos la profesión y qué decisiones podemos tomar para ejercerla de otra manera.
El desgaste que está alejando a los veterinarios de la clínica
El abandono de la profesión veterinaria y el desgaste emocional que vivimos muchos profesionales del sector se han convertido en temas cada vez más presentes dentro del debate veterinario. Jornadas interminables, guardias, urgencias y una enorme dificultad para conciliar la vida personal forman parte de una realidad que, durante demasiado tiempo, hemos normalizado.
- En España, esta situación empieza a notarse también en las clínicas: falta de personal, equipos saturados y un aumento claro del estrés entre quienes seguimos trabajando en ellas... y no es una percepción aislada.
Distintos estudios del sector señalan que más del 80 % de los veterinarios presenta síntomas de burnout y que entre un 30 % y un 50 % se ha planteado abandonar la profesión en algún momento de su carrera. Además, una parte relevante termina dejando la clínica durante los primeros años, no porque no le guste la veterinaria, sino porque no puede sostener el ritmo de vida que implica.
Cada vez más compañeros reconocen sentirse desbordados por la carga de trabajo y por unas condiciones que hacen muy difícil sostener una carrera a largo plazo.
El burnout veterinario también es una cuestión de mentalidad
Desde mi punto de vista, el problema no es solo estructural, sino también una cuestión de mentalidad dentro de la propia profesión.
Por eso, me gustaría compartir con los profesionales veterinarios cinco consejos que he ido aprendiendo con los años y que tienen mucho que ver con nuestra actitud y con las decisiones personales que tomamos.
1. Seguir avanzando hacia unas condiciones más sostenibles
Durante años, el ejercicio de la veterinaria ha estado asociado a jornadas prolongadas, una elevada disponibilidad y dificultades para conciliar. En los últimos tiempos, muchas clínicas y hospitales veterinarios han empezado a prestar una mayor atención a estas cuestiones, revisando horarios, organización de equipos y modelos de trabajo.
- Sin embargo, la propia exigencia asistencial, la atención continuada y la dificultad para disponer de equipos suficientemente amplios hacen que todavía quede camino por recorrer.
- No se trata de señalar responsabilidades individuales, sino de seguir buscando fórmulas que permitan responder a las necesidades de los pacientes sin comprometer la sostenibilidad profesional de quienes los atienden.
Con frecuencia hablamos del abandono de la profesión como si fuera únicamente un problema de vocación. Sin embargo, muchos veterinarios no se alejan de la clínica porque hayan dejado de valorar la medicina veterinaria, sino porque encuentran dificultades para mantener a largo plazo el ritmo de vida asociado a su trabajo.
2. Adaptar el modelo a una profesión especialmente exigente
La presión se hace especialmente evidente en áreas como las urgencias veterinarias, donde muchos profesionales jóvenes comienzan su carrera.
Los turnos nocturnos, las situaciones críticas y la necesidad de tomar decisiones constantes bajo presión convierten este entorno en uno de los más exigentes de la clínica. Al mismo tiempo, también representa una etapa de enorme aprendizaje y crecimiento profesional.
- En un año trabajando en urgencias se puede adquirir una experiencia difícil de alcanzar en otros entornos más rutinarios.
- Por tanto, el problema no está en que la profesión sea exigente ni en eliminar los retos que forman parte de ella, sino en seguir buscando modelos organizativos que permitan afrontarlos de una manera sostenible.
Muchas clínicas y hospitales ya están avanzando en esta dirección mediante una mejor planificación de los turnos, la ampliación de equipos y una mayor atención al descanso y a la conciliación. El reto es continuar adaptando el modelo para que la intensidad asistencial pueda convivir con una carrera profesional duradera.
3. Construir una carrera profesional más sostenible
En los últimos meses he podido comprobar hasta qué punto la exigencia de la profesión veterinaria preocupa a muchos compañeros. Lo he visto a raíz de un evento presencial que organizamos desde Citopet.
En aquella ocasión no hablamos de medicina veterinaria, sino de un aspecto que no siempre recibe suficiente atención durante la formación y el desarrollo profesional: cómo construir una carrera sostenible a largo plazo.
- Uno de los puntos clave fue trabajar junto a una psicóloga cuestiones relacionadas con la mentalidad y el autocuidado. Con frecuencia estamos tan centrados en nuestros pacientes y en las responsabilidades del día a día que nuestras propias necesidades terminan quedando en un segundo plano.
4. Entender que no estás solo
En este evento hubo algo aún más importante: la comunidad.
El ejercicio de la veterinaria puede vivirse, en algunos momentos, con cierta sensación de soledad. El ritmo diario, la carga de trabajo y la necesidad de tomar decisiones de manera constante no siempre dejan espacio para compartir con otros profesionales cómo nos sentimos o qué dificultades estamos atravesando.
- Cuando te reúnes con otros compañeros y empiezas a hablar, descubres que muchas de esas preocupaciones son compartidas y que no eres el único que se siente así.
He conocido a veterinarios que llevaban años sin cogerse vacaciones y a otros que encontraban dificultades para reorganizar sus horarios o ampliar sus equipos por la incertidumbre que supone introducir determinados cambios. Sin embargo, conocer la experiencia de otros profesionales puede ayudar a plantearse nuevas formas de organizar el trabajo y cuidar también la vida personal.
- A mí me funciona muy bien marcarme un horario, compensar los días más largos -porque todos los tenemos- y reservarme un día libre. También me ayuda hacer ejercicio y dormir las horas necesarias.
- Cuando no se está descansado, no se trabaja igual, no se toman las mismas decisiones ni se piensa de la misma manera. Todo eso es importante, tanto para ti como para tus pacientes.
5. Colaborar con una red de veterinarios
A menudo centramos el debate en factores externos, como la presión económica o las dificultades estructurales de la profesión. Todos ellos influyen, pero una parte del reto también tiene que ver con cómo afrontamos el ejercicio profesional y con los apoyos de los que disponemos.
- En este sentido, la especialización y el trabajo en red con otros profesionales pueden formar parte de la solución. La medicina veterinaria es cada vez más compleja y pretender abarcar de manera individual todas las áreas y situaciones clínicas no siempre es realista.
Al igual que sucede en medicina humana, colaborar, derivar y compartir criterios con otros profesionales puede contribuir a ofrecer una mejor atención al paciente, reducir la sensación de aislamiento y distribuir de una manera más equilibrada determinadas responsabilidades.
Contar con una red de compañeros con los que compartir experiencias, dudas y dificultades también puede ayudar a afrontar la profesión con mayor perspectiva y a sentirse acompañado en las decisiones del día a día.
Una veterinaria compatible con una vida equilibrada
Necesitamos seguir avanzando hacia una forma de ejercer la veterinaria que, aun siendo exigente, permita desarrollar una carrera profesional compatible con una vida equilibrada.
La vocación continúa estando presente en muchos de los profesionales que se plantean abandonar la clínica. Sin embargo, las dificultades para conciliar, la intensidad del trabajo y el desgaste acumulado pueden hacer que permanecer en ella resulte difícil a largo plazo.
- Por eso, construir una profesión más sostenible no depende únicamente de las decisiones individuales. Es un reto compartido que implica al conjunto del sector y que requiere seguir revisando cómo trabajamos, cómo nos organizamos y cómo cuidamos a quienes ejercen la veterinaria.











