Las visitas al veterinario pueden generar ansiedad y estrés en perros por la exposición a un entorno desconocido, la manipulación y los procedimientos clínicos.
Reconocer indicadores de estrés en estas situaciones resulta relevante para el bienestar del paciente y para la calidad del manejo en consulta.
El estudio advierte, no obstante, que la conducta no refleja siempre de forma completa el estado emocional del animal, ya que puede verse influida por el temperamento, las experiencias previas, la edad o los tratamientos en curso.
Diseño del estudio
Se evaluaron 96 perros clínicamente sanos, de entre 2 meses y 16 años, que acudieron a una clínica veterinaria en la República Checa para vacunación rutinaria.
Todos convivían con sus tutores desde al menos cuatro semanas antes, no recibían medicación y no habían mostrado agresividad hacia personas. Solo se incluyeron animales cuya visita anterior había implicado procedimientos no invasivos o mínimamente invasivos.
La conducta se registró en cuatro intervalos de 5 minutos: sala de espera, sala de exploración antes del examen, durante la exploración clínica y después de la exploración.
Se evaluó la presencia o ausencia de 21 conductas relacionadas con estrés mediante observación directa por un etólogo entrenado ajeno a los procedimientos clínicos.
En un subgrupo de 45 perros se midió, además, la temperatura superficial de la carúncula lagrimal del ojo izquierdo mediante termografía infrarroja, y se registró la temperatura rectal durante la exploración.
La exploración concentró la mayor expresión de estrés
Los signos conductuales fueron frecuentes en todas las fases, pero alcanzaron su máximo durante la exploración clínica.
- En esta fase, 94 de los 96 perros (97,9 %) mostraron al menos una conducta relacionada con estrés, y 72 (75 %) presentaron cuatro o más.
- Las conductas más frecuentes fueron el lamido de labios (81 perros), el temblor corporal (64), la cola entre las patas (59), el "ojo de ballena" (53), las orejas hacia atrás (49) y la conducta de esconderse (43).
- Antes de la exploración, ya en la sala de examen, 84 perros mostraban signos conductuales, lo que los autores interpretan como ansiedad anticipatoria. En la sala de espera se registraron signos en 91 perros, y tras la exploración en 88.
La temperatura ocular ya sube durante la espera
La temperatura superficial de la carúncula lagrimal mostró una evolución progresiva.
- La medición realizada a los 5 minutos de espera fue significativamente más baja que todas las posteriores, lo que indica que la activación fisiológica se inicia durante la propia espera.
- Dicha temperatura alcanzó su valor máximo durante la exploración y se mantuvo elevada inmediatamente después, sin retornar a los valores del inicio de la visita.
No se encontró correlación significativa entre la temperatura ocular y la rectal, ni entre la temperatura ocular y la frecuencia de conductas de estrés.
La temperatura media ocular fue de 37,46 °C frente a una temperatura rectal media de 38,71 °C. Los autores argumentan que ambas medidas captan dimensiones distintas de la respuesta de estrés, aunque esta interpretación no está respaldada por correlación estadística entre ellas.
Peso y edad como factores individuales
- Los perros de hasta 5 kg mostraron significativamente más conductas de estrés que los de entre 5,1 y 20 kg. No se observaron efectos significativos del sexo ni de la altura a la cruz.
- Los perros de entre 2 y 6 años presentaron más conductas de estrés que los de 2 meses a 1 año y que los de entre 6 y 11 años.
- En termografía, el patrón fue inverso: los perros más jóvenes mostraron temperaturas oculares más altas.
Los autores proponen como hipótesis que los cachorros podrían tener una respuesta fisiológica más intensa pero menos manifestaciones conductuales visibles por desarrollo incompleto de estrategias de afrontamiento, mientras que los adultos jóvenes expresarían más señales por asociación aprendida con experiencias previas.
Limitaciones
El estudio incluyó solo perros sometidos a procedimientos rutinarios y excluyó animales agresivos o muy reactivos, lo que limita la extrapolación a toda la población clínica.
Las conductas se registraron como presentes o ausentes, sin cuantificar duración ni intensidad.
¿Qué indica el estudio?
- Los datos muestran que el estrés en una visita rutinaria de vacunación es medible desde la llegada a la sala de espera, con expresión máxima durante la exploración.
- La observación conductual y la termografía infrarroja aportan información complementaria sobre la respuesta de estrés, aunque en este estudio no mostraron correlación estadística entre sí.











