Colocar una sonda nasogástrica en un paciente hospitalizado es un gesto casi rutinario en medicina veterinaria. Sin embargo, un artículo recién publicado en el Journal of Veterinary Internal Medicine describe una complicación nunca antes documentada en gatos: la introducción accidental de la sonda en la cavidad craneal de un gatito de apenas 20 días de edad.
Este hallazgo obliga a reflexionar sobre la seguridad de un procedimiento tan habitual, especialmente en pacientes neonatos o con anatomía delicada.
El paciente: una gata de 260 gramos
La protagonista de este caso clínico era una gata común europea con neumonía viral y grave dificultad respiratoria. Ante la imposibilidad de alimentarla por biberón, se optó por la nutrición enteral mediante sonda nasogástrica.
El primer intento fue exitoso, pero la gatita retiró la sonda horas después.
En el segundo intento, el procedimiento se complicó: tras cierta resistencia inicial, la sonda avanzó hasta la longitud prevista.
La radiografía de control torácica no mostró la sonda en esófago ni estómago, y una segunda radiografía (que incluía cráneo y cuello) reveló la sorprendente localización: la sonda se había introducido por la lámina cribosa hasta el interior del encéfalo.
Evolución y hallazgos post mortem
La sonda fue retirada inmediatamente y, aunque la gatita no mostró un deterioro neurológico brusco, desarrolló signos compatibles con debilidad y alteraciones de la coordinación.
A pesar de los esfuerzos terapéuticos, la paciente falleció días después por insuficiencia respiratoria derivada de la neumonía.
El estudio post mortem confirmó la sospecha:
- Trayectos hemorrágicos en ambos hemisferios cerebrales asociados al paso de la sonda.
- Neumonía broncointersticial viral como principal causa de la muerte.
¿Por qué es importante este caso?
En medicina humana ya se han descrito episodios de colocación intracraneal de sondas nasogástricas, casi siempre asociados a fracturas de base de cráneo. La mortalidad en estos pacientes puede alcanzar el 64 %.
En veterinaria, hasta ahora, esta complicación no estaba documentada. Este primer caso obliga a tener en cuenta que, aunque improbable, el riesgo existe.
Lecciones para la práctica clínica
Este reporte aporta enseñanzas útiles para el día a día en la clínica:
- Atención a la resistencia: si al introducir la sonda se percibe un bloqueo inusual, es preferible detenerse y no forzar.
- Confirmación radiográfica completa: en neonatos y pacientes de riesgo, conviene ampliar la radiografía de control para incluir cabeza y cuello, no solo el tórax.
- Uso de técnicas avanzadas: cuando sea posible, modalidades como la fluoroscopia pueden reducir riesgos en casos delicados.
- Alternativas en neonatos: la vía orogástrica puede ser una opción más segura cuando el calibre nasal es extremadamente pequeño.
- Protocolos y formación: este caso debe servir como ejemplo para reforzar los protocolos internos de hospitalización y la formación del equipo en colocación de sondas.
Conclusión
La colocación de sondas nasogástricas es, en la mayoría de los casos, un procedimiento seguro y fundamental para el soporte nutricional de pacientes hospitalizados.
Sin embargo, el caso publicado en el Journal of Veterinary Internal Medicine recuerda que incluso en técnicas rutinarias pueden aparecer complicaciones graves e inesperadas.
La enseñanza es clara: ante la mínima duda, comprobar, ampliar el diagnóstico por imagen y no dar nada por hecho.
La seguridad del paciente siempre debe prevalecer sobre la rutina del procedimiento.
Nota: Este caso representa una complicación extremadamente rara que no debe desalentar el uso apropiado de sondas nasogástricas en pacientes que las requieren. Su publicación busca mejorar los protocolos de seguridad y fomentar la vigilancia clínica en situaciones de riesgo.












