El debate sobre el uso de sustancias psicodélicas con fines terapéuticos ha comenzado a trascender el ámbito humano para alcanzar, de forma incipiente, la medicina veterinaria.
Investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), el profesor Luis Alberto Henríquez Hernández y la doctoranda Elisa Hernández Álvarez, han publicado en The Conversation España un artículo titulado “El debate sobre si usar o no sustancias psicodélicas para evitar que perros y otros animales sufran” (2025), en el que analizan las posibilidades y riesgos de estas terapias en animales domésticos, especialmente en perros.
- El bienestar animal, recuerdan los autores, se fundamenta en las cinco libertades definidas por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) en 1965: estar libre de hambre, sed y desnutrición; libre de temor y angustia; libre de molestias físicas y térmicas; libre de dolor, lesiones y enfermedades; y libre para expresar comportamientos propios de su especie.
- En España, la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales ha situado estas libertades en el centro del debate social y legislativo.
Más allá de los indicadores fisiológicos
Durante décadas, el bienestar animal se ha evaluado a partir de parámetros fisiológicos (frecuencia cardiaca, niveles de cortisol) y conductuales (estereotipias, reactividad).
Sin embargo, la ciencia del comportamiento ha demostrado que el sufrimiento emocional en los animales es real y multifactorial.
Casos como la ansiedad o la depresión en perros que viven largos periodos en refugios ilustran cómo el componente afectivo puede condicionar su salud y dificultar su adopción.
- Incluso en el ámbito doméstico, los problemas emocionales son frecuentes: entre el 14 % y el 20 % de los perros sufre trastornos de comportamiento asociados a la ansiedad por separación.
- Estos animales pueden mostrar vocalización excesiva, destrucción de objetos o eliminación inadecuada cuando el propietario se ausenta.
- El tratamiento suele ser largo y complejo, requiriendo educación del tutor, modificaciones ambientales y terapia conductual.
- En muchos casos, los fármacos tradicionales, como los ISRS, tardan semanas en producir efecto o no logran una respuesta adecuada.
Psicodélicos: una hipótesis con base neurobiológica
En este contexto, Henríquez y Hernández plantean una hipótesis disruptiva: el uso controlado de psicodélicos podría ofrecer nuevas vías terapéuticas en el tratamiento de la ansiedad y otros trastornos emocionales en animales.
En medicina humana, sustancias como la psilocibina, la DMT o la LSD están siendo reevaluadas clínicamente para el manejo de la depresión resistente, la ansiedad o el trastorno de estrés postraumático, con resultados prometedores.
Dado que los mecanismos neuroquímicos implicados -particularmente los relacionados con la serotonina y la plasticidad neuronal- son similares en humanos y perros, es plausible que se observen efectos terapéuticos análogos.
Algunos estudios preliminares y observacionales citados por los autores sugieren que microdosis de 1cP-LSD, un análogo legal de la LSD, podrían modular la ansiedad canina sin inducir efectos alucinógenos, mejorando la regulación emocional y la vinculación social con el cuidador.
Consideraciones éticas y científicas
El uso de psicodélicos en animales plantea dilemas éticos significativos. ¿Es justificable alterar la conciencia de un animal, aunque sea con fines terapéuticos? ¿Cómo valorar su experiencia subjetiva sin comunicación verbal directa? Estas preguntas exigen un enfoque multidisciplinar que combine toxicología, etología, neurociencia y bioética.
Henríquez y Hernández subrayan que cualquier avance en este campo debe sustentarse en evidencia científica sólida, revisiones éticas rigurosas y protocolos veterinarios seguros.
No se trata de replicar prácticas humanas, sino de adaptar el conocimiento neurofarmacológico a la realidad emocional y cognitiva de los animales.
Hacia una nueva definición de bienestar animal
Los autores invitan a ampliar la concepción clásica del bienestar más allá de la ausencia de sufrimiento.
Reconocer que los animales poseen estados mentales complejos implica aceptar que su bienestar también se define por la presencia de experiencias positivas: juego, curiosidad, exploración, afecto.
Si los psicodélicos pudieran, en el futuro, favorecer estos estados de forma segura, podríamos estar ante un cambio de paradigma en la medicina veterinaria emocional.
No obstante, advierten, cualquier aplicación clínica requerirá investigación experimental controlada, análisis toxicológico detallado y una reflexión ética profunda.
Más que una invitación a la práctica, este trabajo es un llamamiento a la ciencia para explorar, con rigor y prudencia, nuevas herramientas para mejorar la vida emocional de los animales.
Referencia:
Henríquez Hernández, L. A. y Hernández Álvarez, E. (2025). El debate sobre si usar o no sustancias psicodélicas para evitar que perros y otros animales sufran. The Conversation España. DOI: 10.64628/AAO.d6tcgxwsm.
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).












