Erika Conejo es uno de los perfiles que mejor representa la evolución y profesionalización del Auxiliar Clínico Veterinario (ACV) en España, en un momento en el que la especialización avanza a gran velocidad y el papel del ACV se vuelve cada vez más estratégico para garantizar la calidad asistencial en clínicas y hospitales.
- Actualmente ACV en el área de urgencias y hospitalización de la Fundació Hospital Clínic Veterinari, coordinadora del equipo de ACVs y Delegada de Cataluña de ANAVET, Erika encarna una trayectoria sólida, reconocida por colegas, docentes y referentes del sector.
Ponente habitual en congresos y encuentros profesionales, comparte una visión muy clara sobre el futuro del ACV, la importancia de la formación continuada y la necesidad urgente de avanzar hacia un marco regulado que aporte garantías y reconocimiento al colectivo.
En esta conversación para Vetesfera Clinic analizamos su recorrido, los retos actuales de la profesión y cuestiones clave como la diferencia entre homologación y acreditación, así como el debate creciente en torno al intrusismo profesional. Una mirada honesta y fundamentada al presente y futuro del ACV en España.
Erika, tu carrera como Auxiliar Clínico Veterinaria es una referencia en el sector. ¿Cómo recuerdas tus inicios y qué elementos crees que marcaron tu desarrollo profesional hasta llegar al área de urgencias y hospitalización de la Fundació Hospital Clínic Veterinari?
Desde muy pequeña tuve claro que mi vocación eran los animales. Estudié bachillerato científico y, durante el "treball de recerca", descubrí la profesión de enfermería veterinaria, que encajaba completamente con lo que buscaba.
Al no existir estudios homologados, opté por un curso de dos años en una academia de Barcelona y completé mis 600 horas de prácticas en un hospital de referencia para aprender lo máximo posible.
- Durante esas prácticas entendí que aún me faltaban muchos conocimientos para trabajar con autonomía, pero tuve la suerte de contar con una tutora, Maribel Valencia, que me transmitió su vocación y se convirtió en mi referente.
- A los tres meses me ofrecieron una vacante en urgencias y acepté sin dudarlo: era la oportunidad de mi vida.
Pasé cinco años en ese servicio, formándome a diario en exploración física, monitorización, farmacología, ECG, anestesia y en todo aquello que necesitaba reforzar. Cada caso era una ocasión para crecer. Esa experiencia me permitió conocer distintas áreas, pero también descubrir qué era lo que realmente me apasionaba: las urgencias y los pacientes críticos.
Tras una reestructuración del equipo, surgió la oportunidad de reencontrarme con antiguos compañeros y continuar mi desarrollo profesional en el FHCV, donde pude seguir evolucionando en el ámbito que más me motiva.
A nivel clínico, el área de urgencias y hospitalización exige competencias técnicas y emocionales muy particulares. ¿Qué habilidades consideras esenciales para un ACV que quiera especializarse en este ámbito?
Lo primero de todo, es tener una base de conocimientos en las patologías más frecuentes de urgencias, así de su tratamiento.
Conocer los principales sistemas ( cardiovascular, respiratorio, neurológico) es fundamental para dar una atención a estos pacientes. Tenemos que reflexionar en este punto ya que en España quienes trabajan en urgencias en veterinaria suelen ser los más inexpertos.
- Hay que tener un pensamiento crítico que nos ayude a tener la capacidad de evaluar y reaccionar rápidamente, identificar los problemas prioritarios, anticiparnos a posibles complicaciones y trabajar bajo presión.
A nivel de habilidades técnicas, necesitamos obtener un acceso venoso en cualquier situación, cálculo y administración de medicaciones, detectar una parada cardiorrespiratoria e iniciar las maniobras de RCP, dominio de la monitorización básica y avanzada, manejo de bombas de infusión, monitores, ventiladores y una buena asistencia en procedimientos invasivos.
Es muy importante ser rápidos y tener las cosas claras para evitar perder tiempo.
Esta área requiere además de formación continuada y actualización continua para adaptarnos a los cambios de protocolos, capacidad de aprendizaje en cada caso y trabajo en equipo.
Por último, la comunicación con el equipo ayuda a crear una zona de confianza mutua, ayudando a gestionar situaciones de estrés y un manejo emocional ante casos graves y fallecimientos.
Además de tu actividad asistencial, coordinas un equipo de ACVs en la UAB. ¿Cuáles son los principales desafíos en la gestión de equipos en un entorno de alta presión como urgencias?
Gestionar un equipo en un entorno de alta presión como urgencias es un reto enorme. Sigo teniendo una actividad clínica muy intensa, y compatibilizarla con la coordinación se ha vuelto cada vez más complejo a medida que el equipo ha crecido.
- Sin un tiempo específico para organizar, muchas jornadas se basan en resolver incidencias inmediatas, lo que dificulta planificar de forma estratégica o preventiva.
Atender las necesidades de un equipo de 35 personas implica gestionar críticas, reorganizar flujos de trabajo cuando algo no funciona y cubrir sustituciones por vacaciones o bajas, además de coordinar los calendarios anuales. Son tareas que impactan directamente en el día a día de ATVs y veterinarios, por lo que intento mantener esa parte lo más equilibrada posible.
Aun contando con un gran equipo, lo más difícil es manejar el desgaste emocional que genera un entorno tan exigente.
- La sobrecarga, unida al ritmo de urgencias, requiere mucha fortaleza para no verse superado y poder seguir sosteniendo al equipo de forma adecuada.
Eres Delegada de Cataluña en ANAVET y ponente habitual en congresos nacionales. ¿Qué papel crees que debe jugar la formación continua en la evolución de la profesión del ACV?
La formación continua debería ser prácticamente obligatoria para los ACVs porque, como ocurre en todas las profesiones sanitarias, es esencial mantenerse actualizado.
Formarnos de manera constante nos aporta nuevos conocimientos y técnicas, nos ayuda a prevenir errores, aumenta nuestra seguridad en el trabajo y mejora la calidad de nuestras decisiones clínicas.
Existe una confusión frecuente entre los conceptos de “homologación” y “acreditación” en la formación de auxiliares veterinarios. Desde tu experiencia, ¿qué diferencias deberían entender claramente los profesionales y los centros formativos?
La acreditación de las competencias nos reconoce unas habilidades y conocimientos adquiridos por experiencia laboral o formación no reglada. Esto no equivale a un título universitario, por lo que no nos reconoce para trabajar en otros países.
La homologación es un procedimiento administrativo estatal mediante el cual se reconoce una titulación oficial, por lo que se reconocería la profesión de auxiliar o enfermero veterinarios en España.
- Es muy importante entender que acreditar las competencias no nos reconoce una titulación oficial y que las competencias acreditadas siguen siendo muy básicas, lo que no representa a los muchísimos auxiliares que diariamente realizan tareas de enfermería asumiendo responsabilidades queque, según esta acreditación, no les correspondería, y que lo hacen por vocación, profesionalidad y amor a la profesión.
¿Cómo afecta esta falta de claridad a la calidad formativa de los ACV y a la percepción externa de la profesión dentro del sector veterinario?
La falta de regulación afecta directamente a la calidad formativa del ACV, porque permite que cualquier centro imparta cursos sin estándares mínimos de contenidos, prácticas o profesorado.
Esto genera una enorme variabilidad en la preparación real de los alumnos y dificulta garantizar la seguridad del paciente, ya que no siempre se adquieren las técnicas adecuadas ni un conocimiento sólido de los fármacos o de la monitorización clínica.
Además, esta ausencia de reconocimiento oficial repercute en la valoración externa de la profesión, que a menudo no refleja la responsabilidad ni el nivel de competencias que muchos auxiliares asumen cada día.
ANAVET trabaja para visibilizar y profesionalizar el rol del ACV en España. Desde tu posición como delegada, ¿ qué avances destacarías y qué retos siguen pendientes para lograr un reconocimiento regulado y uniforme?
ANAVET ha avanzado de forma notable en la visibilización y profesionalización del ACV, consolidando un equipo comprometido, impulsando formación de calidad y participando activamente en los principales congresos del país. Aun así, quedan retos importantes por delante.
- Es necesario seguir desarrollando protocolos y estándares de trabajo, y construir un proyecto a medio y largo plazo que siente las bases de una regulación real de la profesión.
También será clave fortalecer alianzas con entidades veterinarias, administraciones y organizaciones sectoriales para lograr un reconocimiento uniforme y sólido en todo el territorio.
Y, para terminar: con tu experiencia clínica, docente y organizativa, ¿qué mensaje darías a los jóvenes que desean convertirse en ACVs y contribuir a un sector cada vez más profesionalizado y exigente?
A quienes quieren convertirse en ACVs les diría que esta es una profesión apasionante que requiere conocimientos y técnica, pero sobre todo actitud.
- La curiosidad, las ganas de aprender y la capacidad de afrontar retos con humildad y constancia son lo que realmente impulsa el crecimiento.
- Es un ámbito en continua evolución, que invita a no conformarse y a seguir avanzando siempre dentro de unos límites éticos y competenciales claros.
También es fundamental recordar la responsabilidad que asumimos: cada gesto tiene un impacto en el paciente, desde una cura sencilla hasta la administración de una medicación.
La vocación, el respeto y la profesionalidad deben ser la base de todo. Con esa mirada, se puede construir un perfil sólido y contribuir a una profesión cada vez más exigente y necesaria.
La voz de Erika Conejo resume a la perfección el momento de cambio que vive la profesión, un sector cada vez más técnico, más formado y más consciente de su propio valor dentro del ecosistema veterinario.
Sus palabras ponen el foco en lo esencial, como es la necesidad de reconocer el papel del ACV, ordenar su formación y garantizar que cada profesional pueda ejercer con seguridad, respaldo y proyección de futuro.
En un contexto donde la calidad asistencial depende de equipos cohesionados y cualificados, perspectivas como la suya ayudan a trazar un camino común.
Un camino donde la profesionalización, la regulación y la cooperación entre perfiles serán la base de una clínica veterinaria más preparada, más rigurosa y más humana.
Desde Vetesfera Clinic seguiremos acompañando estas conversaciones que construyen el presente y proyectan el futuro del sector.












