En el debate sobre la evolución del colectivo ACV solemos mirar hacia la especialización, los hospitales de referencia o las áreas técnicas de alta complejidad. Sin embargo, la realidad mayoritaria de la profesión en España se sostiene en otro escenario: la clínica veterinaria de barrio, generalista, donde cada jornada exige versatilidad, organización y una capacidad constante de adaptación.
- Marina Rincón trabaja en el Centro Veterinario Abrantes y representa precisamente ese perfil multifunción que mantiene en marcha la estructura diaria del centro.
Agenda, recepción, apoyo en consulta, preparación de material, seguimiento telefónico, explicación de tratamientos y acompañamiento emocional a los tutores forman parte de su rutina.
Su cercanía, paciencia y capacidad para traducir indicaciones clínicas al lenguaje cotidiano la han convertido en una figura de referencia para los clientes y en un pilar interno del equipo. En esta conversación abordamos el valor, a veces poco visible, de la ACV generalista y su papel clave en la experiencia clínica diaria.
En una clínica veterinaria generalista de barrio, donde cada jornada es diferente, ¿cómo describirías el papel que desempeña una ACV en el equilibrio y funcionamiento diario del centro?
Sin duda un papel multifunción. Nos apodaría las ¨thermomix¨ de los veterinari@s.
Empezamos el día desde la base: organizando la agenda, preparando fichas, dejando todo listo para que la consulta fluya. Y a partir de ahí, lo que vaya surgiendo: apoyo en consulta, preparar analíticas, pasar resultados al veterinario, hacer pedidos de medicación, de material o de alimentación...
- Pero también somos quienes cerramos el círculo puesto que despedimos a los clientes, hacemos seguimientos, recordamos revisiones, enviamos resultados. Estamos al principio, en medio y al final. Somos ese engranaje que hace que todo funcione sin que se note
Cuando eres una profesional “multifunción”, ¿qué habilidades organizativas y personales resultan imprescindibles para priorizar tareas y mantener la fluidez de la clínica?
La calma y la atención son, sin duda, dos habilidades fundamentales. Al final es cierto lo de “vísteme despacio que tengo prisa”. En el día a día, muchas tareas se inician y se interrumpen por nuevas prioridades, y es fácil sentirse desbordada.
- Prestar atención a la agenda, aprovechar esos pequeños momentos disponibles, y muy muy importante, apóyate en tus compañeras
- No te puede dar la vida para todo, así que siempre siempre recuerda que estás en un equipo, eso es lo que va a hacer que todo encaje, incluso en jornadas muy dinámicas.
Acompañas al paciente desde que entra por la puerta hasta que regresa a casa con su tratamiento. ¿Qué valor tiene esa continuidad en la calidad del servicio que ofrece una clínica generalista?
Tiene un valor enorme, somos la primera cara que ven al entrar y la última antes de irse y eso crea un vínculo.
En una clínica generalista ves crecer a los animales, conoces a sus familias, sabes sus nombres, sus manías... y ellos también te conocen a ti. No solo vienen cuando hay un problema, también vienen a por su comida, a saludar o a resolver dudas. Esa continuidad crea confianza. Saben que estás ahí, que conoces a su animal y que te importa. Y eso marca una diferencia muy grande.
Gran parte de tu trabajo consiste en explicar pautas y tratamientos indicados por el veterinario. ¿Qué importancia tiene esa labor pedagógica y de acompañamiento para el cuidado del animal en casa?
Es una parte clave del trabajo. Muchas veces los clientes salen de consulta con mucha información, con muchas preocupaciones, no siempre con buenas noticias, y necesitan que alguien se lo explique con calma y de forma clara.
Nosotras estamos familiarizas con las posologías, las curas, las técnicas, saber para qué, cuándo, cómo, dónde... poder resolver esa duda les da seguridad.
- Agradecen enormemente que les recuerdes cómo dar la medicación, se lo apuntes, y además ahora es maravilloso con las posibilidades informáticas que tenemos como, por ejemplo, con WhatsApp, antes de que se marchen ya puedes enviárselo directamente.
Tal vez eso te suma trabajo, pero para ellos es una tranquilidad saber que pueden preguntar sin problema y que alguien les acompaña en el proceso. Y eso no solo ayuda al cliente, también mejora el cuidado de la mascota.
La cercanía con los tutores y tu vínculo con los animales son rasgos muy visibles en tu perfil profesional. ¿Cómo influyen en el manejo en consulta y en la confianza que generan en la clínica?
La cercanía con los tutores y el vínculo que estableces con los animales generan, sobre todo, confianza y fluidez en la consulta. Al final, se crea un círculo en el que intervienen tanto tus compañeros veterinarios como los propios tutores, que confían en la forma en la que manejas a su perro o a su gato.
Es cierto que, como tutor, no siempre resulta agradable ver cómo se inmoviliza a un animal para realizar una inyección, un raspado o una exploración más invasiva. Sin embargo, dentro de la consulta todos entendemos por qué se hace y, sobre todo, que se hace desde el respeto, el cuidado y el cariño.
- Desde procedimientos aparentemente sencillos (como el corte de uñas, que para algunos animales puede ser especialmente estresante) hasta los momentos más delicados, todo forma parte de un mismo enfoque.
En un centro como el nuestro, compartimos la idea de que cada actuación debe realizarse como nos gustaría que nos trataran a nosotras mismas. Ese criterio marca la diferencia: favorece que los tutores confíen en el equipo y que los animales se dejen manejar, lo que nos permite llevar a cabo lo necesario en las mejores condiciones posibles. Y eso, sin duda, se percibe y se agradece.
ANAVET trabaja por dar visibilidad y estructura al colectivo ACV. ¿Qué aporta una asociación profesional como ANAVET a auxiliares que desarrollan su carrera en clínicas generalistas?
ANAVET crea una comunidad donde nos apoyamos, compartimos experiencias y nos sentimos representadas. Tener una asociación como ANAVET hace que no te sientas sola en la profesión. Sabes que hay un grupo de personas que entienden tu trabajo, tus dificultades y tus ganas de seguir mejorando.
- En una profesión donde muchas veces empiezas con poca formación específica y aprendes mucho sobre la marcha, tener acceso a ese conocimiento y a esa red de compañeras marca una gran diferencia
- ANAVET nos da herramientas, confianza y la esperanza de que esta profesión puede seguir evolucionando y dignificándose.
¿Qué mensaje trasladarías a otras ACV que trabajan en clínicas de barrio para que reconozcan el valor de su papel dentro del equipo y dentro del sector veterinario?
Es un trabajo que requiere vocación, mucha paciencia y mucha humanidad. Y aunque a veces el salario o la formación no estén a la altura de todo lo que damos, eso no quita el valor enorme que tiene nuestro trabajo en el día a día de las clínicas.
Mi mensaje sería que no pierdan las ganas de seguir aprendiendo y creciendo, que busquen apoyarse en otras compañeras y en asociaciones como ANAVET, porque juntas podemos seguir formándonos, compartir experiencias y poco a poco dar más visibilidad y más valor a nuestra profesión.
¿Cuáles serían, para ti, tres imprescindibles que toda ACV debería tener en cuenta para que el tutor y el animal perciban esa cercanía y empatía en la clínica?
Esta pregunta me gusta mucho, porque me permite destacar algo que considero fundamental en nuestro trabajo: la cercanía real con las personas y sus animales.
El primer imprescindible, sin duda, es recordar sus nombres. No hay nada más bonito que un cliente entre por la puerta y puedas decir: “Hola, Luna” o “¿Qué tal está Max?”. A todos nos gusta sentirnos reconocidos, y eso genera una cercanía inmediata. Hace que la clínica se perciba como un lugar familiar, no como un sitio frío al que solo se acude cuando hay un problema.
El segundo es la actitud. Los tutores acuden a nosotras para pedir consejo, resolver dudas o simplemente sentirse acompañados, y eso merece siempre una sonrisa, seguridad y una actitud agradable. Incluso en días de mucho trabajo, es importante recordar por qué estamos ahí. Esa energía se transmite, y se nota. Todos valoramos entrar en un sitio donde nos hacen sentir bien.
Y el tercero sería, precisamente, esa cercanía construida con el tiempo. En una clínica generalista, el vínculo no se genera de un día para otro, sino a través de cada interacción. Todo suma: la forma en la que te muestras, la relación con tus compañeros, la confianza que vas ganando poco a poco. Empatizar, ponernos en el lugar del otro y entender que estamos en el mismo lado (buscando lo mejor para los animales) es lo que realmente crea ese lazo.
Trabajar en una clínica generalista implica acompañar a las familias en momentos felices pero también en situaciones delicadas. ¿Qué es lo que más te motiva y qué crees tú que marca la diferencia en la forma de tratar en momentos delicados a los animales y tutores?
Lo que más me motiva, sin duda, es sentir su agradecimiento, incluso en los momentos más difíciles. A veces no hacen falta palabras: una mirada, que un tutor te coja la mano o que su perro o su gato se acerque a ti con confianza ya te confirma que estás haciendo las cosas bien.
- En esos momentos, intento pensar siempre que así es como me gustaría que me trataran a mí. Cuando una persona se siente más vulnerable, no solo necesita atención profesional, sino también comprensión y cercanía.
Después de tantos años, dejan de ser solo pacientes. Forman parte de tu día a día. Has visto crecer a ese animal, has acompañado a esa familia durante mucho tiempo, y es inevitable implicarte. Que ellos perciban que estás ahí no solo como profesional, sino también como persona, que entiendes lo que están viviendo, es lo que realmente marca la diferencia.
¿Qué es lo más gratificante y lo menos gratificante de trabajar en una clínica generalista?
Sin duda, lo más gratificante es el vínculo que se crea con el paso del tiempo. El día a día, los años compartidos… Recuerdo que, cuando empecé, escuchaba a una compañera veterinaria hablar con algunos tutores y decir cosas como: “¡Pero si tu hijo era pequeñísimo cuando llegó Toby, míralo ahora!”. En aquel momento me parecía algo lejano, pero después de 15 años he tenido la suerte de vivirlo en primera persona, y es realmente bonito.
- Ver crecer a los cachorros, acompañar a las familias en sus cambios, a niños que se convierten en adultos, parejas que evolucionan… incluso ver cómo todos, poco a poco, vamos haciéndonos mayores. Es un privilegio formar parte de esas historias y de ese recorrido.
Y, precisamente por eso, también es la parte menos gratificante. Con el tiempo, esos vínculos tan especiales llegan a su fin cuando los animales se marchan, y eso siempre deja una huella. Pero incluso ahí hay algo valioso: saber que has estado acompañando en todo ese proceso. Después de tantos años, lo positivo pesa muchísimo más.
La conversación con Marina Rincón sitúa el foco en una realidad que a menudo queda fuera del discurso más visible del sector. La mayoría de la asistencia veterinaria en España se desarrolla en clínicas generalistas donde la figura de la ACV sostiene la organización, la continuidad y la experiencia diaria de pacientes y tutores.
- En estos centros no siempre hay áreas superespecializadas, pero sí una atención constante, una relación prolongada con las familias y un trabajo silencioso que da coherencia al funcionamiento del equipo.
- Reconocer el valor de las ACV de clínica de barrio no es una cuestión simbólica, sino estructural. Son ellas quienes convierten la práctica clínica cotidiana en un espacio de confianza, claridad y acompañamiento real dentro del ecosistema veterinario.


















