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Liderar equipos multigeneracionales en la clínica veterinaria

Las clínicas veterinarias conviven hoy con profesionales de distintas generaciones, expectativas laborales y formas de entender la vocación. Liderar estos equipos exige escuchar, adaptar la gestión y construir una cultura común sin enfrentar experiencia y cambio.

La convivencia entre generaciones es uno de los grandes retos de liderazgo en la clínica veterinaria actual. No se trata de decidir quién tiene razón, sino de entender qué espera cada profesional, cómo ha cambiado el contexto laboral y qué tipo de cultura necesita una clínica para sostener equipos cohesionados, motivados y capaces de avanzar juntos.

Equipos multigeneracionales en la clínica veterinaria

Un tema recurrente en el ámbito clínico actual es la dificultad de liderar equipos formados por profesionales de distintas generaciones y, en muchos casos, con visiones muy alejadas entre sí.

  • No se trata de un fenómeno nuevo. Siempre ha existido la necesidad de integrar a nuevas generaciones en cualquier industria.
  • Lo que hoy lo hace más evidente es la magnitud de las diferencias, impulsadas sobre todo por los cambios tecnológicos de las últimas décadas, que han transformado radicalmente la manera de trabajar, comunicarnos y entender la calidad de vida.

Hoy, una de las principales fuentes de frustración para muchos líderes es la distancia entre las expectativas laborales de las nuevas generaciones y las de quienes llevan más tiempo en la profesión. Cada vez son más los sectores que incorporan teletrabajo, inteligencia artificial y otras herramientas que han cambiado la idea de equilibrio entre vida personal y trabajo. Es normal, por tanto, que las prioridades de quienes se incorporan ahora al mercado sean distintas a las de hace 20 o 30 años.

Retos del liderazgo... ¿Han perdido valores las nuevas generaciones?

Es frecuente escuchar que las nuevas generaciones “ya no tienen los mismos valores”. Este comentario aparece a menudo entre profesionales con más experiencia o como crítica cuando una persona joven comete un error.

  • Cada vez son menos los profesionales que anteponen el trabajo a todo lo demás y relegan su vida personal a un segundo plano.
  • También existe más rechazo hacia condiciones laborales que hace una década parecían aceptables.

Asimismo, podemos encontrar situaciones inversas: nuevas formas de liderar se incorporan en sistemas ya establecidos, con personal de larga trayectoria que puede oponerse al cambio.

La solución no está ni en lamentarse por el pasado ni en imponer cambios sin escuchar al equipo. Un liderazgo autoritario puede funcionar a corto plazo, pero rara vez sostiene una cultura sana y estable en el tiempo.

Cómo liderar mejor

Liderar significa leer el contexto, entender a las personas y tomar decisiones con criterio, no desde el ego. También implica convertirse en el elemento que conecta perfiles distintos alrededor de un objetivo común.

  • Para ello, es fundamental definir una misión y unos valores claros, compartidos por todo el equipo y coherentes con la forma de trabajar de la clínica.
  • También es clave mantener una actitud accesible, escuchar de forma activa y anticiparse a los conflictos antes de que crezcan.

Un buen liderazgo debe estar siempre orientado a la misión. Y para lograrla hace falta un equipo cohesionado, que crea en ella. Eso exige un liderazgo flexible, adaptativo y abierto a distintas formas de entender el trabajo y la profesionalidad.

Técnicas para salvar las diferencias generacionales

1. Abre tu mente

Si quieres progresar como líder para que tu equipo prospere, debes aceptar la realidad tal y como es y tomar decisiones sin dejarte influenciar por el ego. Las expectativas han cambiado, y no debemos confundir diferencias generacionales con falta de compromiso.

  • Cuando no concuerdo con la forma de hacer las cosas o pensar de otros, intento desapegarme de mi visión del mundo, entender por qué actúan así y cuestionarme si eso conlleva ventajas.

Tener la mente abierta permite encontrar soluciones; si el problema solo lo percibo yo, entonces es mío, no de los demás. Exigir que otros hagan como yo simplemente por estar a cargo no es liderar.

2. Reconoce que lo nuevo tiene una razón de ser

Puede que las formas antiguas tuvieran sus ventajas, pero también sus inconvenientes. Encontrar lo positivo de las nuevas tendencias ayuda a promover el cambio y la mejora.

  • Una idea frecuente es que los profesionales jóvenes son más reacios al riesgo o al error. En el pasado, muchos aprendieron enfrentándose a situaciones complejas sin experiencia ni apoyo.
  • Lo que suele obviarse es que entonces también eran distintas las exigencias de los clientes, la exposición pública y el impacto emocional de equivocarse.

El progreso implica que hoy tenemos acceso a servicios o alternativas que antes no existían. Privar a profesionales de esas ventajas no beneficia a nadie.

3. Ten una misión y valores claros

Como líderes, debemos ser el ejemplo a seguir para cualquier nueva incorporación si queremos que aprendan nuestros valores y se adapten a nuestra forma de trabajar.

Todo el equipo debe conocer y seguir la misión y los valores. Esos valores darán forma a la cultura del equipo. En este caso, no importa lo que prediquemos si no lo practicamos. Uno de los errores más comunes es establecer valores que suenan bien, pero que ni se exigen ni son seguidos por el líder.

En mi caso, siempre he dado mucha importancia al apoyo mutuo y la honradez ante todo, exigiendo esto de mis equipos y de mí mismo, incluso cuando hacerlo puede traer problemas.

Dejar esto claro desde el primer día y ser la personificación de los valores que pretendes transmitir es crucial. Los valores trascienden las diferencias generacionales.

4. Conocer a nuestro equipo

Demasiado a menudo me encuentro clínicas con rotación de personal continua que aceptan esto como realidad inevitable, sin hacer un esfuerzo por averiguar qué está pasando ni por cambiarlo.

  • Debemos conocer las expectativas de los integrantes de nuestro equipo, independientemente de su experiencia o edad.

A lo largo de los años, he comprobado que mantener reuniones individuales con cada integrante del equipo cada 6-12 meses (y cada 1-2 meses para nuevas incorporaciones) permite valorar sus expectativas y su estado actual, lo que nos da la oportunidad de realizar ajustes antes de que sea demasiado tarde. Saber qué le está costando a alguien nos permite ofrecer apoyo, entrenamiento o ajustes; y en ocasiones, simplemente hablar del tema ayuda mucho a mitigar su estrés.

5. Estimular el progreso

Hablamos mucho del burnout, pero se habla poco del rust-out (oxidamiento). Tanto en nuevas generaciones como en profesionales más veteranos, puede haber tendencia a estancarse y no evolucionar, lo que termina en desmotivación.

  • En el primer caso, puede ser más por miedo y falta de guías y apoyo; en el segundo, por aferrarse a lo conocido combinado con falta de estímulo para mejorar. En cualquier situación, es labor del líder conseguir que el equipo siga evolucionando.

En reuniones regulares con cada integrante, debemos analizar su progreso, indicar lo que han conseguido, reforzar buenas tendencias y acordar juntos cuál es el siguiente paso y el apoyo que puedan necesitar.

En las reuniones cada 6-12 meses, intento acordar objetivos con cada integrante según sus aspiraciones (objetivos SMART). Por ejemplo, para alguien interesado en adquirir habilidades de ecografía, podríamos acordar enviarle a un curso dentro de 6 meses si consigue realizar 6 ecografías abdominales guiado por un compañero y otras 4 en solitario.

6. Refuerzo positivo

¿Quieres una cultura de equipo sana? Reconoce y remunera aquellos comportamientos acordes con los valores que quieres en el equipo. Los más novatos entienden a qué le damos importancia y qué comportamientos deben replicar.

Me costó mucho aprender que, cuando alguien del equipo hace las cosas bien, conviene reconocerlo de forma pública, especialmente cuando son comportamientos excepcionales. Un “oye, sé que tuviste que quedarte más tarde ayer para resolver esa queja de un cliente. Gracias por hacerlo; vete a casa un par de horas antes este viernes para compensar” demuestra al equipo que estamos atentos y que valoramos el compromiso.

7. Involucra al equipo

Si quieres que las distintas generaciones en tu equipo se entiendan y trabajen juntas, involucrales en la toma de decisiones. Mantén reuniones de equipo en las que informes del estado actual, pidas opiniones e ideas y las incorpores. Los más nuevos aprenderán de ello; los más veteranos sentirán que pueden aportar experiencia. El equipo entero crecerá junto.

  • En los equipos más grandes con los que trabajé, cada mes le tocaba a una persona distinta estar a cargo de la reunión de equipo, desde el más novato hasta el más veterano.
  • Siempre lo he considerado una de las mejores maneras para que el equipo obtenga una visión general de lo que ocurre y aprenda a liderar solo.

8. Explica el porqué

Cuando se tomen decisiones, explica el motivo y el objetivo que se quiere conseguir. Cuando el equipo entiende el motivo de una medida implementada y cómo les beneficiará, trabajará juntos para alcanzarlo a pesar de sus diferencias.

  • La implementación de nuevos sistemas informáticos o alguna nueva tecnología, por ejemplo, suele ser un tema contencioso para todo el equipo.

Lo que siempre he intentado hacer es explicar al equipo lo que queremos conseguir con su implementación y cómo debería beneficiarles una vez pasado el mal trago del cambio. Cuando todos entienden por qué es importante, aparecen situaciones como los más jóvenes ayudando a los más veteranos para que todos se beneficien.

9. Pide feedback de todos por igual

Aportamos más valor a las ideas de aquellos con mayor experiencia, pero la experiencia clínica no siempre equivale a experiencia vital, y las mejores ideas pueden provenir de la persona menos esperada.

Siempre he hablado con compañeros tanto de casos clínicos como de temas de gestión, independientemente de su nivel de experiencia, pidiendo sus opiniones. Puede parecer que estamos dando una impresión de indecisión, pero paradójicamente ocurre lo contrario: la humildad nos acerca más a compañeros de todas las edades.

10. Ser la fuerza moderadora del equipo

Liderar significa encontrar el equilibrio. A veces esto conlleva ceder ante ciertas expectativas del equipo y, a veces, implica imponer algo por no haber margen de maniobra. Siempre que podamos encontrar el equilibrio y ser conscientes de no tender hacia un extremo u otro, mantendremos el respeto y la confianza de nuestros compañeros.

  • En equipos con personal de grandes diferencias de edad, mi tendencia natural ha sido hacia lo progresivo y lo nuevo.
  • Saber frenarme e incorporar planes más conservadores propuestos por los más veteranos, a la larga consiguió ganar su confianza, hacer que se involucraran más y acabaron siendo menos reacios al cambio.

Evolucionar para liderar

En esencia, el problema no está ni en las nuevas generaciones ni en las antiguas, sino en la resistencia al cambio. Si un líder se estanca, cada vez le resultará más difícil conectar con su equipo. La clave está en evolucionar, no en intentar que todo permanezca igual.

  • Liderar equipos multigeneracionales exige aprender, adaptarse y dejarse influir también por quienes vienen detrás.
  • Al mismo tiempo, hay que escuchar a los profesionales más veteranos, explicar con claridad la necesidad de cambiar y darles un papel activo en esa evolución.

Cuando un equipo se siente escuchado, comprendido y valorado, trabaja mejor. No se trata de imponer una forma de trabajar, sino de construir una cultura compartida. Cuida a tu equipo, y tu equipo cuidará de ti.

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