La osteoartritis canina puede pasar desapercibida durante años. La enfermedad causa dolor, disminución del uso de las extremidades y deterioro de la calidad de vida, pero sus signos iniciales son a menudo sutiles y los propietarios no siempre los identifican.
Si no se evalúa de forma dirigida, puede progresar hasta fases con daño articular permanente antes de que el animal muestre cojera evidente.
Partiendo de esta realidad, investigadores del University of Tennessee College of Veterinary Medicine plantearon que los procedimientos que requieren sedación, como la profilaxis dental, podrían representar una oportunidad para obtener radiografías y detectar osteoartritis (OA) en perros sin diagnóstico previo.
Diseño y población del estudio
El trabajo, de diseño prospectivo observacional, incluyó perros admitidos para profilaxis dental rutinaria entre mayo de 2013 y febrero de 2014.
Los criterios de inclusión fueron: peso superior a 11 kg, edad entre 4 y 10 años, conformación no condrodistrófica y ausencia de diagnóstico previo de OA o cirugía ortopédica relacionada. Treinta perros cumplieron estos requisitos.
Antes de la sedación, los propietarios completaron un cuestionario sobre función y movilidad. Se realizó también exploración ortopédica, puntuación de cojera al paso, al trote y en estación, medición del rango de movimiento y análisis de fuerzas de reacción del suelo.
Bajo sedación, se obtuvieron radiografías de seis grupos articulares: glenohumeral, codo, carpo, coxofemoral, rodilla y tarso. La OA radiográfica se clasificó en función del tamaño de los osteofitos, desde ausencia de evidencia hasta osteofitos mayores de 5 mm.
Prevalencia y distribución de las lesiones
- El 60 % de los perros (18/60) presentaron evidencia radiográfica de OA en una o más articulaciones.
En los animales afectados, la media fue de 3 articulaciones con cambios, con un rango de 1 a 8. La mayoría tenía afectación múltiple: 16 de los 18 perros con OA presentaban dos o más articulaciones implicadas.
Las articulaciones afectadas con mayor frecuencia fueron la coxofemoral, en 11 perros, y el tarso, en 10. Con menor frecuencia se identificaron cambios en carpo (4 perros), rodilla (4), articulación glenohumeral (3) y codo (1).
La afectación de las extremidades pélvicas fue más frecuente que la de las torácicas; solo 2 perros presentaron OA limitada exclusivamente a las extremidades anteriores.
En cuanto a la gravedad radiográfica, de las 56 articulaciones con OA, 33 correspondieron a grado 1, 21 a grado 2 y 2 a grado 3. La mayoría de los cambios fueron, por tanto, de carácter leve.
Lo que detectan y lo que no detectan los propietarios
Los cuestionarios de los propietarios mostraron diferencias estadísticamente significativas entre perros con y sin OA en varios ítems de locomoción, aunque las diferencias en las puntuaciones individuales y totales fueron modestas.
Los ítems con mayor capacidad discriminatoria fueron la actividad general, subir y bajar escaleras, tumbarse, levantarse, y la dificultad para moverse tras el reposo o la actividad intensa.
Los autores señalan que, a pesar de estas diferencias, la mayoría de los propietarios no identificaba problemas de movilidad en sus perros.
Los autores señalan que estos resultados deben interpretarse con cautela dado que no todos los cuestionarios fueron devueltos, lo que limita la representatividad del análisis subjetivo.
Exploración clínica y evaluación de la marcha
Doce de los 30 perros presentaron alguna anomalía en el examen ortopédico, incluyendo derrame articular, dolor o disminución del rango de movimiento. Las puntuaciones de cojera fueron mayores en perros con OA, aunque el grado general fue leve y ningún perro superó una puntuación de 1.
Los autores apuntan que la evaluación de la marcha debe complementarse con exploración ortopédica completa, ya que la afectación bilateral puede enmascarar asimetrías en fases iniciales.
Limitaciones del estudio
Los propios autores reconocen que los criterios de selección (perros de más de 11 kg y de edad media) pudieron sesgar los resultados hacia una mayor prevalencia de OA.
El cuestionario empleado se construyó a partir de instrumentos validados, pero no ha sido validado de forma específica.
El tamaño muestral es reducido y los autores indican que no pueden extraerse conclusiones firmes sin estudios en grupos más amplios.
Qué indican los resultados
- La prevalencia de OA radiográfica en perros sin diagnóstico previo sometidos a profilaxis dental es elevada.
- Los signos pueden ser sutiles y una anamnesis detallada sobre movilidad, la observación de la marcha y una exploración ortopédica completa son necesarias para identificar casos antes de que aparezcan signos más graves.
- Los procedimientos que requieren sedación, como la profilaxis dental, podrían ser un momento adecuado para valorar el cribado radiográfico de OA en perros de mediano y gran tamaño, aunque los propios autores reconocen que se necesitan estudios con mayor número de casos para confirmar esta hipótesis.
¿Qué herramientas pueden ayudar a detectar OA en la clínica?
Ante la elevada frecuencia de la osteoartritis y las ventajas de identificarla en fases iniciales, corresponde a los veterinarios abordar su diagnóstico y tratamiento de forma proactiva.
Según las directrices de la WSAVA de 2022 para el reconocimiento, la evaluación y el tratamiento del dolor en perros y gatos, el Inventario Breve de Dolor Canino (CBPI) y la Osteoartritis de Liverpool en Perros (LOAD) son las herramientas recomendadas para su uso clínico en perros.
Fuentes
Millis DL, Hecht S. Osteoarthritis has a high prevalence in dogs undergoing routine dental prophylaxis. J Am Vet Med Assoc. 2025; 264(1): 1-8.
Monteiro BP, Lascelles BDX, Murrel J, et al. 2022 WSAVA guidelines for the recognition, assessment and treatment of pain. J Small Anim Pract. 2023; 64: 177-254.













