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La suplementación con Enterococcus lactis SF68 se asocia a cambios en la microbiota intestinal y a la reducción de SDMA e indoxil sulfato en perros con enfermedad renal crónica

Un estudio en perros con enfermedad renal crónica en estadios IRIS II y III evidenció que la suplementación durante 60 días con Enterococcus lactis SF68 modifica la microbiota intestinal, reduce de forma significativa las concentraciones plasmáticas de SDMA e indoxil sulfato y previene el incremento de la presión arterial sistólica y la proteinuria observados en […]

Un estudio en perros con enfermedad renal crónica en estadios IRIS II y III evidenció que la suplementación durante 60 días con Enterococcus lactis SF68 modifica la microbiota intestinal, reduce de forma significativa las concentraciones plasmáticas de SDMA e indoxil sulfato y previene el incremento de la presión arterial sistólica y la proteinuria observados en el grupo placebo.

Contexto de la disbiosis intestinal en la patología renal crónica

La enfermedad renal crónica (ERC) es una afección de alta prevalencia en la clínica de pequeños animales que conlleva una pérdida irreversible y progresiva de la función de las nefronas.

  • El manejo clínico actual se fundamenta en intervenciones dietéticas dirigidas a restringir el aporte de fósforo y proteínas, mitigar el estrés oxidativo y aplicar tratamientos farmacológicos sintomáticos o protectores.
  • Pese a su demostrada eficacia, estas terapias no logran detener por completo la progresión del daño renal.
  • En medicina veterinaria despierta un creciente interés el concepto del eje intestino-riñón.
  • La uremia altera el microambiente digestivo, induciendo una disbiosis que incrementa la producción de toxinas urémicas derivadas de la degradación bacteriana de aminoácidos, tales como el indoxil sulfato (IxS).
  • Al no eliminarse correctamente por los riñones dañados, estas toxinas se acumulan en el plasma, promoviendo inflamación, estrés oxidativo y una aceleración de la propia disfunción renal.

La modulación de la microbiota mediante el uso de probióticos específicos emerge como una prometedora estrategia terapéutica complementaria.

Diseño experimental y metodología de la investigación

Un reciente ensayo clínico aleatorizado y doble ciego desarrollado por investigadores de la Universidad de Córdoba y el Hospital Valencia Sur-Anicura, publicado en la revista científica Veterinary Quarterly, evaluó el impacto de un probiótico comercial en perros diagnosticados con ERC.

  • En la investigación participaron un total de 16 perros diagnosticados en estadios IRIS II y III, clínicamente estables y sin sintomatología de crisis urémica aguda.
  • Para ser incluidos, los animales debían presentar niveles de creatinina sérica entre 176,8 y 442 µmol/l o valores de dimetilarginina simétrica (SDMA) entre 0,89 y 2.67 µmol/l.
  • Todos los pacientes recibían una dieta de prescripción renal idónea y homogénea desde al menos dos meses antes de iniciar el estudio, la cual se mantuvo inalterada durante el seguimiento para evitar variaciones añadidas en el microbioma feculento.
  • Los perros se asignaron de forma ciega a dos grupos de tratamiento: el grupo placebo (n=8), que recibió una cápsula diaria con el componente vehicular sin bacterias, y el grupo probiótico (n=8), al que se administró una dosis diaria de 0,5 gramos de una formulación comercial que contiene el microorganismo vivo Enterococcus lactis SF68.

El periodo de administración activa se fijó en 60 días.

Adicionalmente, se recolectaron muestras de heces de diez perros sanos para establecer un perfil microbiótico de referencia comparativo.

Alteraciones específicas en el perfil del microbioma fecal

La secuenciación del gen de ARN ribosomal 16S de las muestras de heces reveló diferencias muy marcadas en la estructura de la comunidad bacteriana basal entre los animales sanos y aquellos aquejados de disfunción renal.

  • Los perros con ERC manifestaron una presencia significativamente superior de microorganismos de la familia Lachnospiraceae, del género Blautia y del grupo bacteriano Ruminococcus gnavus.
  • Por el contrario, mostraron una menor abundancia relativa de Gammaproteobacteria, Burkholderiales, Sutterellaceae y el género Sutterella al compararse con el grupo de control sano.
  • Tras completar los dos meses de monitorización, la intervención con el probiótico bacteriano demostró un efecto modulador directo sobre el ecosistema intestinal infectado.
  • La administración continuada de Enterococcus lactis SF68 consiguió disminuir de forma estadísticamente significativa la abundancia relativa de Ruminococcus gnavus en el tracto digestivo de los perros tratados.

En marcado contraste, la población de este grupo bacteriano específico no sufrió ninguna modificación ni reducción adaptativa dentro del grupo de control que recibió el placebo.

Impacto analítico sobre los niveles de SDMA y toxinas urémicas

Las analíticas sanguíneas seriadas efectuadas a los días 0, 30 y 60 desvelaron hallazgos muy relevantes sobre la función de filtración glomerular.

  • En los perros asignados al grupo placebo, no se apreciaron variaciones significativas en las concentraciones séricas de urea, creatinina ni SDMA a lo largo del tiempo.
  • Sin embargo, la cohorte suplementada con la cepa SF68 experimentó un descenso progresivo y estadísticamente significativo en los valores plasmáticos de SDMA.
  • En concreto, la SDMA disminuyó desde un nivel basal de 1,50 ± 0,18 µmol/l hasta situarse en 1,38 ± 0,19 µmol/l a los 30 días (p=0,031) y consolidar una bajada hasta 1,35 ± 0,16 µmol/l al cabo de los 60 días de tratamiento (p=0,008).
  • Los niveles medios de creatinina plasmática se mantuvieron estables en ambos grupos terapéuticos (185,6 ± 26,5 µmol/l en el día 0 frente a 185,6 ± 35,4 µmol/l en el día 60 en el grupo tratado).

Las concentraciones plasmáticas de colesterol total se elevaron de forma estadísticamente significativa en el grupo probiótico (7,03 ± 0,93 mmol/l inicial frente a 8,17 ± 0,85 mmol/l al día 60), una tendencia al incremento que también experimentó de manera no significativa el grupo placebo.

El análisis avanzado de toxinas urémicas mediante cromatografía líquida de alta resolución, llevado a cabo de forma centralizada en el Laboratorio de Nefrología del Hospital Universitario de Gante en Bélgica, identificó cambios contundentes en el aclaramiento de metabolitos de origen intestinal.

  • La concentración total de indoxil sulfato (IxS) plasmático reflejó una tendencia al incremento no significativo en los perros del grupo placebo, comportamiento esperable debido a la evolución natural de la nefropatía.
  • Al contrario, los animales que recibieron la cepa probiótica exhibieron una reducción muy sustancial y estadísticamente significativa en los niveles circulantes de IxS, disminuyendo desde un valor promedio de 19,1 ± 6,8$ µmol/l en el día basal hasta los 12,8 ± 4,8$ µmol/l constatados al término del ensayo clínico (p=0,04).

El resto de toxinas urémicas determinadas en sangre (como el ácido hipúrico y el ácido úrico) permanecieron estables, mientras que compuestos como el ácido indolacético y el p-glucurónido se mantuvieron de forma persistente por debajo del umbral mínimo analítico de detección.

Evolución clínica de la proteinuria y la presión arterial sistólica

La monitorización de la presión arterial sistólica (PAS) mediante el método oscilométrico estandarizado aportó datos clave sobre la progresión sistémica de la patología renal.

  • En los perros que integraban el grupo placebo, la PAS experimentó una elevación lineal y progresiva a lo largo de las semanas, partiendo de un valor basal de 144 ± 6 mmHg hasta alcanzar registros de 163 ± 11 mmHg a los 60 días de seguimiento, una alteración estadísticamente significativa (p=0,033).
  • Por el contrario, los perros que recibieron la terapia complementaria con Enterococcus lactis SF68 no mostraron ningún incremento en sus cifras tensionales, manteniendo una presión arterial sistólica completamente estable durante todo el periodo evaluado.

De forma paralela, el análisis cuantitativo de la Proteinuria mediante el índice de relación proteína/creatinina urinaria (UPC) reflejó dinámicas muy similares entre ambos grupos de estudio.

  • El ratio UPC tendió a empeorar e incrementarse en los pacientes caninos que consumieron el producto placebo, pasando de una media de 1,2 ± 0,5 al inicio hasta valores de 1,5 ± 0,6 al concluir el estudio.
  • En clara contraposición, los niveles de proteinuria en el grupo suplementado con la bacteria probiótica permanecieron estables y protegidos frente al deterioro funcional secundario.

La densidad urinaria medida por refractometría clínica no experimentó cambios en ninguno de los dos frentes de estudio.

Comportamiento de los biomarcadores inflamatorios sistémicos

La evaluación laboratorial de las citocinas proinflamatorias y reguladoras en plasma no arrojó variaciones estadísticamente significativas entre el grupo suplementado y el grupo placebo, ni tampoco variaciones longitudinales a lo largo de las revisiones mensuales.

  • Las concentraciones analíticas de interleucina 2 (IL-2), interleucina 10 (IL-10) y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) se situaron de manera constante por debajo del límite técnico de detección cuantitativa de la metodología de esferas magnéticas empleada.
  • Los investigadores sugieren en la discusión del artículo que esta ausencia de lecturas concluyentes responde con alta probabilidad a una limitación analítica intrínseca de los kits comerciales de inmunoensayo disponibles para la especie canina.
  • Tampoco se observaron alteraciones o desvíos con significación estadística en otros biomarcadores de fase aguda o reclutamiento celular medidos, tales como la proteína quimioatrayente de monocitos-1 (MCP-1), la interleucina 6 (IL-6), la interleucina 8 (IL-8) o la proteína C reactiva (PCR).

Por su parte, la capacidad antioxidante total (TAC) de las muestras plasmáticas mostró una tendencia biológica hacia el aumento exclusivo en el grupo tratado con el probiótico vivo, aproximándose notablemente al nivel exigido de significación estadística al término de la intervención (p=0,071).

Limitaciones metodológicas indicadas por los investigadores

El equipo de investigación responsable del ensayo clínico describió de forma rigurosa ciertas limitaciones que deben considerarse al interpretar las conclusiones.

  • La principal debilidad señalada es el tamaño reducido de la muestra analizada, integrada únicamente por 16 perros en total, si bien puntualizan que el reclutamiento se ajustó de forma estricta a un análisis de potencia estadística previo basado en variables de referencia renal.
  • Asimismo, al tratarse de un estudio clínico de campo desarrollado con perros de propietarios particulares, existió cierta heterogeneidad intrínseca inevitable en cuanto a la edad de los sujetos, la raza, la causa primaria del daño renal y el tipo de dieta específica de prescripción utilizada por cada propietario.

Finalmente, los autores enfatizan la brevedad del periodo de seguimiento de 60 días y la falta de sensibilidad de algunas técnicas de laboratorio para aislar citocinas, concluyendo que resulta imprescindible diseñar nuevos ensayos veterinarios multicéntricos, con mayor población y con un diseño longitudinal más prolongado, para determinar la verdadera trascendencia clínica a largo plazo de estos prometedores hallazgos biológicos.

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