El manejo del paciente traumatológico en pequeños animales sigue centrándose en muchos casos en la resolución estructural de la lesión, pese a que esto no siempre garantiza una recuperación funcional completa.
- Entender qué ocurre más allá de la consolidación ósea es clave para mejorar los resultados clínicos.
Introducción a la traumatología en pequeños animales y su diferenciación con la ortopedia
La traumatología constituye una de las áreas más frecuentes en la práctica clínica de pequeños animales, abarcando desde lesiones agudas de origen traumático hasta procesos crónicos derivados de una resolución subóptima.
Debemos recalcar dos conceptos que muchas veces se utilizan indistintamente: traumatología y ortopedia.
- La traumatología se ocupa del diagnóstico y tratamiento de las lesiones agudas derivadas de un agente externo, como traumatismos, caídas o accidentes; incluye principalmente fracturas, luxaciones y lesiones de tejidos blandos asociadas, y se caracteriza por un abordaje generalmente orientado a la estabilización y resolución de la lesión.
- Por el contrario, la ortopedia engloba el estudio y manejo de las patologías del sistema musculoesquelético, tanto de origen congénito como del desarrollo o degenerativo, incluyendo procesos como la displasia de cadera, enfermedad del compartimento medial de codo o la osteoartrosis.
Debido a que en esta ocasión nos centramos en la traumatología y como interviene la rehabilitación, veremos por ello aquellas patologías ocasionadas o derivadas de caídas, politraumatismo, etc.

De la estabilización estructural a la recuperación funcional del paciente
La falsa sensación de curación tras la estabilización
Tradicionalmente, el enfoque del paciente traumatológico se ha centrado en la estabilización de la lesión, especialmente en el caso de fracturas o luxaciones, priorizando la resolución estructural del problema y ofreciéndonos la falsa sensación de seguridad de que el paciente estaba “curado”.
- Pero, ¿cuántos de ellos, que son habituales de nuestra clínica, han aparecido al cabo de meses o incluso años, manteniendo una leve cojera o sin tener el resultado que hubiéramos esperado?
Más allá de la cirugía en la evolución del paciente
En los últimos años, la recuperación funcional del paciente ha ido ganando terreno en esta recuperación. Y es que la correcta evolución de los casos no depende únicamente de la técnica quirúrgica o del manejo inicial, sino de una serie de factores que incluyen el estado de los tejidos blandos, el control del dolor y la adecuada progresión hacia la movilidad, así como la supervisión del manejo de los tutores en sus casas.
El papel de la rehabilitación en el manejo traumatológico
En este contexto, la rehabilitación juega un papel clave dentro del manejo traumatológico permitiendo optimizar los resultados clínicos, reducir complicaciones y minimizar la progresión hacia patologías crónicas como la osteoartrosis.
Un enfoque clínico centrado en la recuperación funcional completa
Cuando me propusieron el tema de traumatología y rehabilitación me pareció tremendamente extenso y amplio así que mi objetivo es revisar los puntos clave en el abordaje del paciente traumatológico, desde la lesión inicial hasta su evolución funcional ya que como acostumbro a decir, “Una cirugía no finaliza con la intervención, sino con la recuperación funcional completa del paciente”.

Más allá del hueso en traumatología clínica
Cuando la consolidación ósea no se traduce en recuperación clínica
Uno de los errores más frecuentes en el manejo del paciente traumatológico es centrar la atención exclusivamente en la fractura.
- No obstante, una correcta resolución de una fractura en las radiografías postoperatorias no siempre se traduce en una recuperación clínica satisfactoria.
Es relativamente frecuente observar pacientes con una correcta consolidación ósea que mantienen cojera, rigidez o intolerancia al ejercicio semanas o meses después del tratamiento y no encontramos en las radiografías de control una explicación de ese déficit que detectamos clínicamente.
Factores no óseos que condicionan la evolución
Esto puede deberse a otros factores como el daño muscular, el trato de los tejidos blandos durante la intervención como el foco de fractura, el hematoma, etc; la afectación ligamentosa o el dolor persistente, en ocasiones por la interrupción prematura de AINEs o analgesia.
La consolidación ósea no garantiza el éxito del caso, y es que éste, no debe medirse únicamente en las proyecciones radiológicas.
El papel del tutor en la evolución funcional del paciente
Un ejemplo clásico pueden ser las fracturas de Salter Harris, en las cuales cada día transcurrido es fundamental por tratarse de lesiones presentadas en pacientes jóvenes y el papel de los tutores juega un papel clave.
Aunque la evolución radiológica de la consolidación ósea sea favorable, son casos en los que, si los tutores no favorecen el apoyo temprano controlado, la movilización pasiva y el control del dolor, pueden producirse complicaciones tan graves como anquilosis articulares o contracturas musculares.

Manejo inicial del trauma agudo y su impacto en el pronóstico
El abordaje inicial del paciente traumatológico es clave, en ocasiones recibimos pacientes que han sido sometidos a un tratamiento de AINE sin una evaluación previa y por lo tanto sin un diagnóstico, posponiendo la aplicación de un tratamiento adecuado y este factor puede ser clave en el pronóstico del paciente.
Evaluación sistémica en pacientes politraumatizados
Vamos a empezar mencionando los pacientes politraumatizados, los cuales una evaluación sistémica será clave.
Cabe recordar que serán pacientes en los que el diagnóstico y estabilización de aquellas lesiones que puedan comprometer sus funciones vitales será primordial, por más llamativas que puedan ser sus lesiones a nivel musculoesquelético, siendo pacientes que típicamente se presentarán con luxaciones, facturas abiertas o daño masivo a nivel de tejidos musculoesqueléticos, generalmente por abrasión.
Exploración ortopédica en traumatismos leves
Sin embargo, en aquellos pacientes que se nos presentan con traumatismos más leves, tales como caídas, será igualmente fundamental llevar a cabo una exploración ortopédica exhaustiva en y alcanzar un diagnóstico.
Muchas lesiones detectadas en las primeras horas pueden tener un pronóstico más favorable, que si se ha prolongado innecesariamente un tratamiento conservador que puede no ser el adecuado para aquel caso.
Criterios en la toma de decisiones terapéuticas
La elección entre tratamiento quirúrgico o conservador debe basarse en múltiples factores, como el tipo de lesión, la edad del paciente, su nivel de actividad y las posibilidades del propietario.
En este sentido, la planificación quirúrgica no debe centrarse únicamente en la estabilización rígida de la lesión, sino también en minimizar el daño adicional y preservar, en la medida de lo posible, la vascularización y la integridad de los tejidos blandos, en el caso de que se trate de una lesión quirúrgica.
Actualmente, el enfoque tiende hacia una consolidación más biológica, priorizando la preservación de los tejidos circundantes frente a la búsqueda exclusiva de una fijación rígida y una ‘radiografía postoperatoria perfecta’.

Importancia de los tejidos blandos en la recuperación
Tras un traumatismo, se desencadena una respuesta inflamatoria que, si bien es necesaria para la reparación tisular, puede contribuir al dolor, la rigidez y la limitación del movimiento.
- Además, la inmovilización prolongada o el reposo estricto favorecen la aparición de atrofia muscular y pérdida de rango articular.
- Es bien sabido actualmente, que son contadas las ocasiones donde la inmovilización con férulas o vendajes estará indicada, dado que se favorecerá principalmente el apoyo temprano del paciente.
El control del dolor desempeña un papel fundamental en este proceso, ya que conduce a una disminución del uso de la extremidad afectada, generando un círculo vicioso de desuso, hipotrofia muscular, disminución de rango de movilidad, mayor dolor. Esto puede deberse como ya hemos avanzado, a una interrupción prematura de fármacos como AINEs o analgésicos.
- Esto puede deberse en ocasiones a un temor a efectos secundarios de dichos fármacos, a la sensación de los tutores de un tratamiento “demasiado prolongado” o a prescribir de manera rutinaria la misma posología entre otras causas, que conllevan la interrupción de la analgesia sin haber controlado correctamente el dolor.
Por todo ello, la evaluación y el manejo de los tejidos blandos deben formar parte integral del abordaje traumatológico desde las fases más tempranas.
Evolución hacia la cronicidad y sus implicaciones clínicas
Una de las principales complicaciones es la evolución hacia procesos crónicos.
Una recuperación incompleta o inadecuada puede dar lugar a cojeras persistentes, alteraciones biomecánicas y, en ocasiones, al desarrollo de osteoartrosis, que puede ser debida a una inestabilidad residual, incongruencia articular en casos de fracturas articulares, mala alineación, una falta de recuperación funcional, etc.
- Asimismo, existen patologías ortopédicas, como la displasia de cadera, en las que el componente traumático puede no ser el origen primario, pero sí un factor desencadenante o agravante de la sintomatología clínica.
En estos casos, el manejo debe ir más allá de la lesión puntual, integrando una visión global del sistema musculoesquelético. Tenemos que recordar que no estamos tratando una fractura o una luxación, sino un paciente con todas sus comorbilidades.
La rehabilitación como parte del tratamiento traumatológico
De enfoque complementario a pilar terapéutico
En la práctica clínica actual, la rehabilitación se ha consolidado como una parte fundamental del tratamiento del paciente traumatológico.
- A diferencia de lo que ocurría hace años, en los que su uso era más limitado, hoy la mayoría de los pacientes se benefician de un abordaje rehabilitador integrado en su proceso de recuperación.
Su objetivo no es únicamente acelerar la recuperación, sino guiarla para restaurar la funcionalidad completa del paciente.
Los pilares de la rehabilitación veterinaria
El enfoque del veterinario rehabilitador se basa en tres pilares fundamentales: el control del dolor, la recuperación del rango de movimiento y la reintroducción progresiva de la carga y el ejercicio.
- La movilización temprana, siempre que esté indicada, contribuye a preservar la funcionalidad articular y a prevenir la hipotrofia muscular.
- Del mismo modo, un adecuado control del dolor mejora la participación del paciente en el proceso de recuperación.
Trabajo coordinado entre traumatología y rehabilitación
La colaboración entre el traumatólogo y el rehabilitador es clave para adaptar el plan terapéutico a las necesidades de cada paciente.
- La integración de ambas disciplinas permite optimizar la evolución clínica y forma parte del manejo actual del paciente traumatológico.
Evolución del enfoque clínico y nuevas herramientas diagnósticas
Este cambio responde tanto al avance en las técnicas de fisioterapia veterinaria como a una mayor comprensión de la recuperación funcional y al desarrollo de herramientas diagnósticas como la ecografía musculoesquelética, la TC o la resonancia magnética.
- En este contexto, es cada vez más habitual derivar a programas de rehabilitación a pacientes intervenidos por fracturas o luxaciones, así como optar por manejos conservadores en lesiones tendinosas y musculotendinosas previamente infradiagnosticadas.
Impacto en la evolución clínica y calidad de vida
La rehabilitación permite reducir la atrofia muscular, favorecer una reincorporación más precoz a la actividad y mejorar la calidad de vida del paciente.
- La colaboración con especialistas en rehabilitación facilita además el diseño de protocolos individualizados adaptados a cada caso.
Abordaje integral del paciente traumatológico
El abordaje del paciente traumatológico no finaliza con la estabilización de la lesión, sino que continúa a lo largo de todo el proceso de su recuperación.
- La integración de una visión global, que contemple tanto la reducción o estabilización de la lesión como el estado de los tejidos blandos y la evolución clínica del paciente, resulta fundamental para optimizar los resultados.
En este sentido, la colaboración entre traumatología y rehabilitación permite mejorar el pronóstico, reducir la incidencia de complicaciones y minimizar la progresión hacia procesos crónicos, constituyendo un enfoque cada vez más necesario en la medicina veterinaria actual.
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