El consentimiento informado en veterinaria sigue siendo una herramienta infrautilizada en muchas clínicas a pesar de su importancia para la seguridad clínica, la relación con el tutor del animal y la prevención de conflictos profesionales.
- En un entorno donde muchas decisiones implican riesgos, incertidumbre diagnóstica o distintas alternativas terapéuticas, documentar correctamente la información y el acuerdo con el propietario forma parte del ejercicio responsable de la profesión.
El consentimiento informado como herramienta clínica y profesional
En la práctica veterinaria moderna, el consentimiento informado escrito no es un simple trámite administrativo: es una herramienta clínica y deontológica esencial que protege al animal, ordena la toma de decisiones con el propietario y reduce el riesgo de conflictos posteriores adecuando objetivamente los criterios de responsabilidad.
- Además, refuerza la confianza, facilita que los tutores sigan correctamente las pautas terapéuticas y aporta trazabilidad a la actuación profesional, ofreciendo a nuestros clientes una visión más profesional de todos nuestros actos.
A pesar de todas estas ventajas que aporta el uso del consentimiento informado escrito, cabría esperar que todos los profesionales empleasen esta herramienta en aquellos actos veterinarios en los que resulta necesario.
- Sin embargo, a lo largo de mi experiencia profesional en el ámbito de la responsabilidad profesional veterinaria, constituye desgraciadamente una de las deficiencias más significativas que aparecen en los procesos metodológicos de investigación pericial cuando abordamos reclamaciones por supuestos actos de mala praxis veterinaria.
Y es precisamente en ese momento cuando los interesados se dan cuenta de la importancia y trascendencia de este acto profesional.
¿Qué es realmente el consentimiento informado en veterinaria?
En veterinaria, cuando nos referimos a este elemento documental debemos ser conscientes de su importancia por su gran valor probatorio en escenarios de exigencia legal. Hablamos de un documento exigido porque recoge un derecho esencial de nuestro ordenamiento jurídico.
- A través de él, los “pacientes” o tutores deben ser informados de forma clara y comprensible para poder autorizar una actuación sanitaria sobre el animal con conocimiento suficiente de la situación clínica.
Esta información debe incluir el diagnóstico o sospecha razonable, las alternativas disponibles (otras opciones médicas o quirúrgicas), los riesgos relevantes -incluidos los poco frecuentes pero graves-, las posibles secuelas o limitaciones terapéuticas, el pronóstico con y sin tratamiento, las implicaciones prácticas del proceso (hospitalización, cuidados, medicación o revisiones) y la estimación económica.
La Organización Colegial Veterinaria Española insiste en que este procedimiento aporta transparencia y seguridad, indicando que debe documentarse por escrito cuando en todas aquellas situaciones que puedan suponer un riesgo significativo para la salud del animal que debe ser conocidos por sus responsables para autorizar las actuaciones facultativas precisas.
En definitiva, este documento acredita que el profesional ha cumplido con su deber de información aclarando todos los temas necesarios para que cada responsable del animal tome las decisiones sanitarias oportunas bajo la garantía de autonomía propia del “paciente”.
Estos elementos son recogidos en la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.
Base deontológica y obligaciones profesionales
El Código Deontológico de la Profesión Veterinaria establece el deber de información y lo sitúa en el marco de la cumplimentación escrita del consentimiento informe: el veterinario debe informar en lenguaje comprensible sobre diagnóstico y opciones terapéuticas, y debe solicitar/obtener el consentimiento expreso y escrito del cliente antes de actos clínicos con riesgo, así como en supuestos como eutanasia o necropsia.
- Por tanto, la elaboración del consentimiento informado escrito no resulta algo discrecional, sino que constituye un imperativo de naturaleza legal por lo que todos los profesionales de la veterinaria en los escenarios referidos tienen el deber y la obligación de realizarlo.
Además, desde la óptica de consumo y buenas prácticas, la mayor parte de las administraciones recogen como deber del centro veterinario informar detalladamente y solicitar consentimiento cuando el acto clínico conlleve cierto riesgo, incluyendo diagnóstico, pronóstico, opciones y posología, en lenguaje comprensible.
Desde este punto de vista, en Veterinaria, la cumplimentación del consentimiento informado se refuerza de manera sólida en la deontología profesional y en la buena praxis (lex artis), y se convierte en un “pilar probatorio” cuando surgen discrepancias de gran valor para los facultativos.
¿Cuándo conviene que el consentimiento informado sea escrito (y no solo verbal)?
Aunque informar siempre es obligatorio, conviene documentarlo por escrito especialmente cuando exista un riesgo relevante para la salud del animal.
En la práctica clínica, resulta especialmente recomendable en situaciones como las siguientes:
- Procedimientos que implican riesgo anestésico o sedación, intervenciones quirúrgicas, procedimientos invasivos o pruebas diagnósticas con posibles complicaciones
- Hospitalizaciones y tratamientos de cierta complejidad o con una evolución clínica incierta
- Actuaciones terapéuticas como transfusiones, quimioterapia, tratamientos prolongados o aquellos asociados a efectos adversos relevantes
- Procedimientos con una carga ética o clínica significativa, como la eutanasia o algunos estudios post mortem como las necropsias
En términos generales, también resulta recomendable documentarlo por escrito en cualquier escenario veterinario en el que exista incertidumbre diagnóstica o varias alternativas razonables con costes o riesgos diferentes.
Asimismo, el consentimiento informado adquiere un valor especialmente relevante cuando existen limitaciones económicas por parte de los tutores que puedan condicionar el plan asistencial y sea necesario dejar constancia de las opciones ofrecidas, aceptadas o rechazadas por los responsables del animal.
El consentimiento informado como parte del ejercicio responsable de la veterinaria
En definitiva, el consentimiento informado escrito no debería entenderse como un mero requisito documental, sino como una extensión natural de la propia actividad clínica. Forma parte del proceso de información, de la toma de decisiones compartida con el tutor del animal y de la responsabilidad profesional que asumimos en cada acto veterinario.
Sin embargo, entre lo que la normativa establece y lo que realmente ocurre en muchas clínicas todavía existe una distancia significativa. Comprender su verdadero alcance y aplicarlo correctamente en la práctica diaria es clave no solo para prevenir conflictos, sino también para reforzar la calidad y la transparencia del ejercicio profesional.
En la segunda parte de este análisis abordaremos cómo debe elaborarse correctamente un consentimiento informado veterinario, qué elementos no pueden faltar en este documento y cuáles son los errores más frecuentes que pueden debilitar su valor clínico y jurídico.












