Después de más de 25 años de profesión, Tris Sampayo sigue convencido de que siempre hay otras formas de hacer las cosas.
Veterinario especializado en endoscopia y cirugía de mínima invasión, divulgador y docente, ha construido una trayectoria marcada por la curiosidad, la innovación y las ganas de compartir conocimientos.
- Ahora, con nuevos proyectos en marcha, conversamos con él sobre las experiencias que han marcado su camino, su particular manera de entender la veterinaria y aquello que todavía le queda por hacer.
Tris, después de más de 25 años de profesión, ¿qué te llevó a elegir Veterinaria y cuánto queda de aquel veterinario que empezaba?
Yo, en realidad, no soy de esos veterinarios que querían serlo desde pequeños. Quería ser médico, pero cuando llegó el momento de elegir pensé que no iba a ser un buen médico porque los humanos no me caen muy bien (se ríe).
- Siempre había estado rodeado de animales de todas las especies y entendí que las especies a las que tenía que cuidar no eran la humana, sino todas las demás.
Empecé en la facultad como interno residente de cirugía de grandes animales, fundamentalmente caballos. Antes de acabar la carrera ya me ocupaba de la formación de los internos. Siempre he tenido esa vocación docente.
- De hecho, una de las razones por las que me fui de la universidad fue porque no me dejaban enseñar como yo creía que tenía que enseñar.
Después quise probar otras áreas de nuestra profesión para asegurarme de que la clínica era realmente lo que más me interesaba.
¿Y cuánto queda de aquel veterinario? Pues creo que bastante. Me sigue gustando transmitir, enseñar, aprender y hacer cosas diferentes.
- Lo establecido no me mueve y la vida es movimiento. Cuando creo que algo no funciona, busco la forma de hacerlo de otra manera.
- Creo que sentirnos cómodos con lo que hacemos no siempre significa que lo estemos haciendo bien.
Empezaste trabajando con fauna salvaje y llegaste a realizar procedimientos endoscópicos poco habituales en mamíferos marinos. ¿Cómo fue ese recorrido y cómo acabó convirtiéndose la endoscopia en tu especialidad?
Siendo interno de cirugía de caballos, me incorporé a un grupo de traumatología que montamos en la universidad para apoyar a los centros de recuperación de fauna salvaje.
- Trabajábamos principalmente con rapaces. Por la mañana hacíamos cirugía de caballos de 500 kilos y por la noche, de mochuelos de 100 gramos.
Colaborando con centros como GREFA y Brinzal, convencí a los veterinarios para probar el sexaje de búhos mediante celioscopia, utilizando el artroscopio que usábamos en caballos. Ahí tuve claro que la endoscopia valía para muchas más cosas de las que nos habían contado.
Años después llegué al mundo de los mamíferos marinos un poco de rebote. En un centro de Portugal habían encontrado un cuerpo extraño en un delfín y contactaron conmigo.
- Yo no sabía ni cómo ni cuántos estómagos tenía un delfín, pero tampoco había bibliografía disponible. Me fui al Algarve e hice mi primera endoscopia digestiva en un delfín.
A partir de ahí empezaron a llamarme de centros de Europa, Asia y África. No sé si fui el primero, pero sí de los primeros en hacer laparoscopia en leones marinos, broncoscopia en delfines, cistoscopia en delfines o histeroscopia. Apenas había nada escrito sobre aquellos procedimientos.
Curiosamente, aquello también me hizo ver que en pequeños animales se hacía muy poca endoscopia. En 2002 me hice independiente y creé el Centro de Endoscopia del Cantábrico, que atendía de forma móvil a Asturias, Cantabria y País Vasco.
- Sin darme cuenta, había puesto en marcha el primer servicio de endoscopia móvil de la península ibérica.
Recuerdo una anécdota de aquellos primeros años. Un día, en la facultad, uno de mis profesores me dijo: «Me he enterado de que estás haciendo endoscopia móvil». Yo, bastante ilusionado y un poco ingenuo, le contesté: «Sí, es maravilloso. Me está encantando. Creo que he encontrado mi lugar en el mundo». Y su siguiente frase fue: «Pues que sepas que te vas a morir de hambre, porque si nosotros aquí solo hacemos dos a la semana…».
Años después me lo encontré en un congreso en el que yo iba de profesor y él de alumno. Recordamos aquella conversación y pude darle los números de lo rentable que había sido aquella elección.
Desde entonces me he pasado la vida formando a otros veterinarios para conseguir que la endoscopia llegue a todas las clínicas. Y sigo defendiendo que es rentable, no solo económicamente, sino por su capacidad diagnóstica.
- Hay patologías nasales en las que, entrando con el endoscopio, en cinco minutos puedes tener un diagnóstico.
- Y a lo mejor estamos hablando de pacientes que llevan seis o siete meses pasando por tratamientos sintomáticos que no llevan a ningún sitio.
Ya en 2002 estaba convencido de que pronto todo el mundo entendería las posibilidades de esta técnica. Y en 2026 me he dado cuenta de que, en algunos sitios, todavía estamos muy cerca de aquel 2002.
- Conoce la Escuela TRIS SAMPAYO y sus programas de especialización AQUÍ
¿Cómo nació Podcast Veterinario y qué conversación te hizo cambiar tu forma de ver la profesión?
Podcast Veterinario nació justo después de la pandemia. Habíamos tenido algunas pérdidas personales, sobre todo dos compañeros que murieron durante la COVID.
- Después de una charla con Marino, mi hijo mayor, sentados en el pico de una montaña y mirando al infinito, me convenció de que tenía que contar historias a través de un pódcast.
Surgió como un proyecto personal para reconectar con compañeros y compañeras que había conocido a lo largo de mis años de profesión.
Las entrevistas estaban orientadas a conocer su parte más personal y descubrí muchas cosas de profesionales con los que llevaba años trabajando, pero con los que nunca había profundizado en ese aspecto.
Ya no me definía como veterinario, sino como una persona con muchas facetas que, entre otras cosas, trabajaba de veterinario. Pero aquellas conversaciones me hicieron recuperar esa identidad con mi profesión.
- De ahí salió el lema del pódcast: «No trabajo de veterinario. Soy veterinario».
Además, siempre me había preocupado no dar lo mejor de mí, caer en la mediocridad. Y uno de los entrevistados, José Rodríguez, uno de mis ídolos dentro de la profesión, me hizo cambiar esa forma de pensar.
Me habló de la importancia de hacer todo lo que estuviera en tu mano y hacerlo lo mejor posible. Que, si habías hecho eso, aunque el resultado no fuera bueno, habías hecho lo necesario.
A partir de aquella conversación me quité una parte importante de esa carga del síndrome del impostor. Me di cuenta de que siempre había intentado hacer lo máximo que podía con lo que tenía. Eso me reconfortó muchísimo y me sentí muy orgulloso de ser veterinario.
Con Vets con Calma has abierto conversaciones sobre la salud mental en veterinaria. ¿Qué te llevó a impulsar este proyecto y crees que hemos aprendido a cuidarnos?
Después de revisar algunas conversaciones de Podcast Veterinario, fui consciente de la cantidad de compañeros y compañeras que conocía y que se habían suicidado a lo largo de mis años de profesión.
Me pareció importante aportar mi granito de arena y dar visibilidad a cómo veterinarios que aparentemente tenían éxito profesional también habían pasado por momentos muy oscuros.
- ¿Que si hemos aprendido a cuidarnos? Yo creo que no.
- Nos quedan muchísimas barreras por superar: el reconocimiento social, unos salarios muy poco proporcionales a nuestra tarea y una carga emocional que nadie nos ha ayudado a gestionar.
Me asusta un poquito que se ponga de moda la salud mental y que se rentabilice la salud mental del veterinario sin abordar el problema desde un punto de vista profesional.
- Debería haber programas más específicos, dirigidos por profesionales de la salud mental.
Al final, yo tenía un servicio de endoscopia móvil, pero gran parte de mi tiempo lo he dedicado a escuchar cómo se sentían los profesionales en sus centros de trabajo, cómo vivían la carga de los casos clínicos y a intentar ayudar en lo que he podido.
Precisamente por esa dificultad para acceder a cuidados profesionales, he decidido participar en un nuevo proyecto, todavía en desarrollo, con psicólogos, psiquiatras y terapeutas.
- Yo no soy psicólogo ni psiquiatra. Aporto mi visión desde dentro, como veterinario y como usuario, y ellos su conocimiento especializado.
Con TODO ES VET buscas mostrar la diversidad de la veterinaria y acercarla a la sociedad. ¿Qué crees que todavía desconocemos, dentro y fuera de la profesión, sobre nuestro trabajo?
Antes de decidirme por la clínica y la endoscopia pasé por muchas facetas de nuestra profesión. Trabajé en comedores colectivos, en alimentación, en fábricas de quesos y jamones. Hice inspecciones, trabajé en oficinas comarcales de ganadería y en salud animal en el Principado de Asturias.
- Y descubrí lo poco que hablamos unos veterinarios con otros cuando no pertenecemos a la misma especialidad.
Con el Real Decreto 666 se ha puesto en evidencia: compañeros de grandes animales ya venían advirtiendo de los problemas y hasta que no llegó a pequeños animales no fuimos capaces de juntarnos.
Por eso me parecía importante crear un espacio en el que cualquier veterinario, e incluso otras profesiones que colaboran con la salud del planeta, pudieran tener su propia voz.
- Para que el público general nos conozca, pero también para conocernos más entre nosotros.
Creo que muchas veces se nos juzga mal por falta de conocimiento. Si la sociedad entendiera lo que hacemos, las cargas que tenemos o que en muchos servicios aplicamos un 21 % de IVA, cambiaría su percepción. Esos impuestos van al Estado, no nos los quedamos nosotros.
- Trabajar en veterinaria es igual de caro que trabajar en medicina humana si queremos ofrecer un servicio de calidad. Y para dar ese servicio hay que facturar.
Pero también tenemos que luchar para que cuidar de la salud dentro de una familia no sea un artículo de lujo.
Por eso gran parte de lo que vamos a tratar en TODO ES VET son conversaciones incómodas: por qué cuestan las cosas lo que cuestan, cómo luchar ante las administraciones y cómo proporcionar el tratamiento más adecuado a nuestros pacientes al coste más adecuado.
Con tantos proyectos en marcha, ¿qué te ayuda a desconectar y qué encuentras en esos momentos de calma?
Hay algo que me digo a mí mismo muchas veces: «Qué difícil es ser Tris Sampayo». Disfruto tantísimo de la profesión que nunca lo he visto como un sacrificio. Pero es verdad que hay que desconectar.
- Ahora estoy volviendo al norte, que es donde mis emociones se tranquilizan. Estar cerca del mar Cantábrico siempre me ha ayudado.
Desde el instituto, cuando tenía algún problema grande, cogía mi mochila y el saco de dormir y me iba a Picos de Europa o a los Pirineos, muchas veces solo, a pensar. Tengo mis sitios por allí, por las montañas. Son mis sitios de pensar.
Estoy muy orgulloso de mi vida, aunque no siempre haya sido perfecto, obviamente. Si miro hacia atrás estoy orgulloso de todo lo que he hecho y de lo que he conseguido.
- Creo que no somos un modelo de negocio puro, somos un modelo de servicio. El servicio está por delante del negocio, aunque tiene que existir un modelo de negocio para que sea sostenible. Y esa rentabilidad tiene que ser ética.
Esos momentos de reflexión y de parar te ayudan también a entender que, en este momento de mi profesión, tengo la obligación de devolver a la veterinaria lo que la veterinaria me ha dado.
- Quiero un mundo mejor, y una de mis herramientas para cambiar las cosas es mi profesión.
Con la Escuela TRIS SAMPAYO inicias una nueva etapa. ¿Qué quieres transmitir a otros veterinarios y qué te gustaría aportar a la profesión?
La Escuela no tiene más objetivo que intentar transmitir lo que sabemos, juntándome con gente maravillosa que comparte los mismos valores de nuestra profesión. Para mí es un lugar donde, además de conocimientos técnicos, transmitimos valores.
- Me gusta mucho la figura del mentor. Nuestro trabajo no puede acabar simplemente en dar una charla teórica o un taller práctico.
A las personas que se están formando se las ayuda desde el conocimiento a desarrollar sus capacidades, pero también a superar esos miedos y esos comienzos que siempre son duros.
No entiendo una formación sin un acompañamiento posterior. Queremos acompañar a nuestros alumnos hasta que sean capaces de volar solos.
Recuerdo cuando enseñábamos a nuestros hijos a atarse los cordones. Podíamos haberles comprado zapatillas con velcro, pero queríamos que aprendieran y después decidieran. Pues esto es un poquito lo mismo: que adquieran las destrezas y la confianza en sí mismos.
- Para nosotros, como profesores, también supone aprender más, porque no hay mejor forma de aprender que enseñando.
Y recuperar aquella satisfacción de devolver a la naturaleza un animal que había llegado a un centro de recuperación y verlo volar otra vez.
Pero también queremos que sepan qué pueden hacer con solvencia y cuándo tienen que poner un límite y buscar ayuda. Tenemos que acostumbrarnos a pedir ayuda a personas que, en determinadas cosas, saben más que nosotros.
Al final, nuestro objetivo es cuidar de nuestros pacientes y también de sus familias. Y no siempre podemos hacerlo todo cada uno de nosotros.
Después de más de 25 años de profesión, Tris Sampayo mantiene una convicción que ha acompañado toda su trayectoria: siempre hay otras formas de hacer las cosas. Y también una vocación que nació en sus primeros años como veterinario: compartir lo aprendido.
- Esa filosofía toma ahora forma en la Escuela TRIS SAMPAYO, un proyecto que apuesta por una enseñanza que va más allá de los conocimientos técnicos, con especial atención al acompañamiento y al desarrollo de la autonomía profesional.
Su Edición Fundadora comienza en noviembre de 2026 con programas de Endoscopia, Odontología, Oftalmología y Gestión.

















