La prescripción veterinaria y dispensación en farmacia forman hoy parte de una preocupación creciente en la práctica clínica de pequeños animales.
Desde la experiencia acumulada en consulta, este artículo de opinión reflexiona sobre las implicaciones clínicas, legales y profesionales que surgen cuando las decisiones terapéuticas se alejan del criterio veterinario.
Una reflexión desde la experiencia profesional
Hola a todos y todas los que leéis estos artículos que tan amablemente se me ha invitado a escribir.
- No voy a hacerlo para contentar a los que lo leen, sino más bien para levantar ampollas o agitar conciencias de lo que nos está pasando a la profesión veterinaria en los últimos tiempos.
Lamento si alguno o alguna se siente incómodo con lo que escribo, se me han puesto unas normas, pero creo que por lo demás tengo libertad para expresar mi opinión.
Más de 35 años ejerciendo la profesión veterinaria como clínico de pequeños animales me han dado una perspectiva que, quizás no la tengan otros más jóvenes.
- No vengo a contar las batallitas del “abuelo cebolleta”, pero los que llegáis ahora a la profesión debéis saber lo diferente que era hace 35 años.
- Quizás los que ahora son eminentes veterinarios con Diploma europeo de especialización se subieron a hombros de gigantes, los que yo llamo los precursores, para llegar a dar esa excelencia profesional de la que tanto se habla.
Un caso clínico que evidencia el problema
Lo cierto es que me están pasando unas cosas últimamente que no consigo entender, no siendo ni la primera ni la última que las voy a encontrar.
La cuestión es que hace unos días hice una receta electrónica (RECEVET) para un tutor con un gato con asma para que le dispensasen prednisolona de 5 mg. Como es preceptivo, se la receté de un preparado de uso veterinario.
Cuál es mi sorpresa que, hablando con el tutor de cómo le iba con el tratamiento, me dice que la farmacia dispensadora no tenía el que yo había prescrito y que le había dado prednisona de 5 mg de humana. Mi reacción en aquel momento fue de espanto, sabiendo que la responsabilidad va a recaer en mí si le pasa algo al gato.
Llamé a la susodicha farmacia y me pusieron con el farmacéutico, y le digo de qué se trata.
- Me contesta que no tenían prednisolona y que, como la prednisona es igual y muchos veterinarios la intercambian, le dio esa.
- En ese momento me subió por el cuerpo un no sé qué. Le dije que si había visto la receta, que era para un gato y que estos no metabolizan correctamente la prednisona. Me dice que ellos no ven eso en la receta.
Le digo que no pueden cambiar la composición de lo prescrito, en todo caso la marca, y que, si tuviera alguna duda, en la receta viene mi teléfono para consultar. Me dice que es la primera vez que le pasa.
Le digo entonces que el farmacéutico no tiene ni idea de veterinaria y que, por tanto, no está capacitado para vender medicamentos de especies tan distintas como las que atendemos los clínicos de pequeños animales.
Que lo único que ha hecho es llevarse al bolsillo una venta más y engatusar a un cliente que tampoco sabe nada de la normativa vigente. Que, como le pase algo al gato, le pienso demandar junto al cliente y yo mismo le haré la pericial.
Pide disculpas, pero le digo que a quien se las tiene que dar es al tutor y que le devuelva el dinero.
Responsabilidad profesional y marco regulatorio
Así están las cosas. La responsabilidad es toda nuestra, así como las sanciones, pero los farmacéuticos siguen haciendo lo de siempre, lo que les da la gana. Porque esto no se lo hacen a una prescripción de un médico.
Además, la unión profesional en la que se han reunido profesiones sanitarias al unísono para defender el One Health, muchas de ellas presididas por presidentes de colegios veterinarios, plantea una pregunta inevitable:
- ¿A dónde vamos a reclamar estas negligencias de los farmacéuticos si el propio colegio no quiere saber nada de ellas por estar bien avenidos?
La AEMPS solo nos conmina a los veterinarios a reflejar los problemas con los medicamentos, y ¡ay del que no lo haga!, pero al sector farmacéutico lo tratan como a reyes.
Por ser animales, no deben ser considerados distintos ante las leyes que los protegen, y los veterinarios no estamos para el capricho de ministerios o consejerías que cada vez más nos obligan a agachar la cabeza.
Una mirada crítica al presente y al futuro profesional
Añoro tiempos pasados, pero el futuro es de los que vienen detrás y no los veo con capacidad para enfrentarse a estos problemas.
Quizá el verdadero reto no sea solo reconocer lo que está ocurriendo, sino decidir hasta dónde estamos dispuestos a tolerarlo como profesión y qué papel queremos asumir en la defensa de nuestro propio criterio clínico.















