La prevalencia de enfermedades en perros de raza y mestizos es un debate recurrente tanto en la clínica veterinaria como en la conversación social, habitualmente condicionado por percepciones simplificadas y por la ausencia de un enfoque genético-poblacional riguroso.
- El desarrollo de los estudios genómicos a gran escala ha permitido analizar la distribución real de las enfermedades hereditarias en la especie canina, incorporando variables como la homocigosidad, la selección artificial y la estructura de las poblaciones
- Ante esta nueva evidencia, surge una pregunta inevitable: ¿son los perros mestizos realmente más sanos? La ciencia desmonta el mito...
Este artículo te invita a mirar más allá del mito, a comprender los mecanismos genéticos poblacionales que realmente están detrás de las enfermedades hereditarias, y a replantear tu enfoque clínico desde la evidencia.
Porque en genética veterinaria, como en toda la medicina, lo invisible importa tanto como lo que vemos en consulta.
Por qué las enfermedades genéticas en perros siguen siendo un desafío científico
Los perros constituyen la segunda especie con mayor número de enfermedades hereditarias descritas, solo por detrás del ser humano.
Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en medicina humana, no existe un registro único, completo y estandarizado que recopile de forma sistemática las enfermedades genéticas caninas, lo que dificulta la comparación fiable entre poblaciones y estudios.
- Esta fragmentación de la información, unida a la escasez de bases de datos consolidadas y de bibliografía específica en el ámbito veterinario, limita la caracterización global de estas patologías y justifica la necesidad de profundizar y ordenar el conocimiento existente sobre las enfermedades genéticas en la especie canina
Asimismo, a diferencia de la especie humana, caracterizada por una elevada diversidad genética en un contexto multicultural y multirracial, los perros presentan una marcada diferenciación morfológica y genética asociada a la selección artificial.
La existencia de razas puras, con poblaciones genéticamente cerradas, y de perros mestizos con una mayor heterogeneidad genética, condiciona la distribución, prevalencia y expresión de numerosas enfermedades hereditarias, convirtiendo a la especie canina en un modelo singular para el estudio de la genética de poblaciones y de las patologías de base genética.
¿Por qué creemos que las razas puras son menos sanas?
De forma generalizada, existe la creencia de que los perros de raza pura presentan una mayor probabilidad de padecer enfermedades genéticas en comparación con los perros mestizos.
- Esta percepción se basa en el aumento de la homocigosidad y en la mayor expresión de alelos recesivos asociada a la selección intensa, el uso repetido de reproductores emparentados y el fenómeno del in-breeding.
Cabe destacar, asimismo, la presencia de enfermedades hereditarias dominantes, pero en las mismas no tenemos portadores o afectados, sino que la presencia de un solo alelo ya causa la enfermedad, y por lo tanto no importaría el “pool genético” ni los portadores silenciosos.
La base genética de las enfermedades hereditarias en el perro se sustenta principalmente en el grado de homocigosidad presente en una población.
- La homocigosidad hace referencia a la presencia de dos copias idénticas de un mismo alelo, lo que incrementa la probabilidad de que se expresen mutaciones recesivas patogénicas, ya que una sola copia del alelo recesivo produciría que simplemente fuese “portador”
- En poblaciones caninas sometidas a selección cerrada, como ocurre en muchas razas puras, este fenómeno se ve favorecido por la reducción de la variabilidad genética y por la reproducción entre individuos emparentados, efecto fundador.
El efecto fundador desempeña un papel clave en la aparición de enfermedades específicas de raza. Cuando una raza se origina a partir de un número reducido de individuos, las variantes genéticas presentes en esos fundadores, incluidas mutaciones patogénicas, quedan sobrerrepresentadas en la descendencia.
Si estas mutaciones no son eliminadas mediante selección genética, pueden alcanzar frecuencias elevadas y convertirse en enfermedades características de la raza, al igual que el uso intensivo y repetido de machos como sementales.
Desmontando el mito con la evidencia... Todos tienen mutaciones, no todos las expresan
Estos fundamentos teóricos se han visto respaldados por estudios genómicos a gran escala:
- Estudios a gran escala, realizados por J. Donner, han demostrado que más de la mitad de los perros son portadores de al menos una variante genética asociada a enfermedad, con una prevalencia estimada del 57,2%
- En un análisis de más de un millón de perros que incluía 250 enfermedades genéticas, se observó que el 82,8% de las variantes estudiadas se detectaron al menos en un individuo, y que el 87,9% de estas se presentaron de forma comparable en perros de raza pura y mestizos
- Un estudio realizado en más de 90.000 perros indica que la expresión de las enfermedades genéticas es heterogénea a nivel poblacional, observándose afecciones que se manifiestan con igual frecuencia en perros de raza pura y mestizos.
De hecho, todas las alteraciones genéticas analizadas fueron identificadas en perros mestizos, si bien algunas mostraron una mayor prevalencia en determinadas razas puras.
En términos generales, los perros mestizos tienden a ser portadores de enfermedades recesivas comunes, generalmente en estado heterocigoto, mientras que los perros de raza pura presentan una mayor predisposición a enfermedades genéticas específicas de su linaje.
La menor probabilidad de que dos portadores de la misma mutación recesiva coincidan en perros mestizos reduce la expresión clínica de estas enfermedades, pese a una elevada frecuencia de portadores.
- Contrariamente a la percepción popular, varios estudios han evidenciado que no existen diferencias significativas en la prevalencia de mutaciones oncológicas entre perros de raza pura y mestizos, ya que este tipo de alteraciones suele distribuirse de forma amplia en la población y está influida de manera relevante por factores ambientales.
Algunas patologías, como la luxación rotuliana o la luxación del cristalino, se presentan con una frecuencia similar en ambas poblaciones, aunque muestran una mayor asociación con razas de pequeño tamaño. Esta relación parece estar vinculada a rasgos morfológicos seleccionados de forma intencionada más que al estatus racial en sí.
¿Vemos más enfermedades o las buscamos más?, el sesgo que distorsiona la percepción
Finalmente, una limitación importante de muchos estudios epidemiológicos es el sesgo diagnóstico y económico.
Los propietarios de perros de raza pura tienden a invertir más recursos económicos en atención veterinaria, y los hospitales de referencia suelen evaluar con mayor frecuencia a razas conocidas por su predisposición genética, lo que incrementa la probabilidad de diagnóstico y puede distorsionar la percepción real de la prevalencia de determinadas enfermedades.
Gestión genética responsable más allá de la etiqueta racial
Este abordaje permite reinterpretar la enfermedad genética en el perro desde una óptica más precisa y menos reduccionista, desplazando el foco desde la etiqueta racial hacia la gestión responsable de la reproducción.
- La incorporación progresiva de pruebas genéticas, junto con programas de cría orientados a preservar la variabilidad genética, constituye en la actualidad una de las herramientas más eficaces para reducir la carga de enfermedad hereditaria en la población canina.
A su vez, nos permite otorgar importancia a lo “invisible” y dar importancia a los portadores para reducir la presencia de heterocigotos y eliminar la “idea” de que los perros mestizos son más sanos.
En consecuencia, el abordaje moderno de la genética veterinaria debe apoyarse en la evidencia científica y en la educación tanto de profesionales como de propietarios, promoviendo decisiones informadas que contribuyan a mejorar la salud y el bienestar de los perros con independencia de su origen racial.
La veterinaria no está destinada a reaccionar, sino a anticiparse, y la genética es el camino para lograrlo.
Bibliografía: Donner J, Anderson H, Davison S, Hughes AM, Bouirmane J, et al. (2019) Correction: Frequency and distribution of 152 genetic disease variants in over 100,000 mixed breed and purebred dogs. PLOS Genetics 15(1): e1007938. Donner, J., Freyer, J., Davison, S., Anderson, H., Blades, M., Honkanen, L., Inman, L., Brookhart-Knox, C. A., Louviere, A., Forman, O. P., & Chodroff Foran, R. (2023). Genetic prevalence and clinical relevance of canine Mendelian disease variants in over one million dogs. PLoS Genetics, 19(2), e1010651. Marelli, S. P., Polli, M., Frattini, S., Cortellari, M., Rizzi, R., & Crepaldi, P. (2020). Genotypic and allelic frequencies of MDR1 gene in dogs in Italy. Veterinary Record Open, 7(1), e000375













