Eso es lo que le ocurrió a M.a del Carmen Rastrilla Calleja, Mamen para quienes la conocen, después de más de una década viendo pasar por la consulta a los mismos gatos: primero cachorros curiosos que llegaban a sus primeras revisiones, vacunas y esterilización, y después, muchos años más tarde, animales ya enfermos que volvían cuando la enfermedad no daba tregua.
- De esa certeza nació su proyecto, un servicio de atención veterinaria felina a domicilio que hoy atiende en Salamanca a gatos y personas para quienes acudir a un centro veterinario puede resultar especialmente difícil.
El salto al maravilloso mundo del gato

Su interés específico por los gatos llegaría después, durante la carrera. Fue entonces cuando ella y su pareja acogieron a unos gatitos lactantes que iban a ser sacrificados.
Había que criarlos a biberón cada tres horas y aquella convivencia terminó abriéndole la puerta a lo que ella misma define como “el maravilloso mundo del gato”.
- A partir de ahí comenzó una relación profesional con la especie que fue ganando cada vez más peso hasta convertirse en el centro de su trayectoria.
Su formación avanzó además por dos caminos que hoy conviven en su actividad profesional: la clínica felina y el diagnóstico citológico. La primera le permite trabajar directamente con los gatos y sus tutores; la segunda, prestar apoyo diagnóstico a otros veterinarios.
Dos ámbitos diferentes que eligió porque ambos despertaban su interés y que han terminado dando forma a una manera muy particular de ejercer.
Un problema que se repetía durante años
Antes de independizarse, Mamen pasó catorce años en una clínica de la región, los últimos dedicados casi por completo a la clínica felina.
- Fue ahí donde empezó a detectar un patrón recurrente: gatos que durante su primer año de vida acudían con normalidad a sus citas y que después desaparecían durante años, hasta que algún problema de salud muy grave los hacía volver.
No era falta de interés de los tutores. El transportín, el trayecto, la espera junto a perros, los ruidos o los olores desconocidos podían generar tal nivel de estrés que algunos terminaban evitando nuevas visitas.
Mamen veía así regresar a pacientes con patologías que, mediante revisiones periódicas, podrían haberse detectado antes.
La prevención durante la edad adulta quedaba, sencillamente, interrumpida.
A eso se sumó otro límite, este más profesional que clínico. Seguía formándose y creciendo como veterinaria, pero sentía que en su trabajo no evolucionaba al mismo ritmo.
Cuando esa sensación coincidió con la certeza de que quería “ejercer de otra manera”, decidió hacerlo por su cuenta.

UNA CONSULTA SIN PRISA, EN TERRENO DEL GATO
Mamen se desplaza hasta el domicilio del paciente y adapta la visita al ritmo del gato. Llega, se sienta y habla con el tutor, preguntando por las costumbres del animal mientras lo observa con calma. Tarde o temprano, el gato se acerca solo.
- En su propio territorio, sin transportín ni desplazamiento previo, el animal se comporta de otra manera.
- Un vistazo al entorno -dónde está el arenero, cómo están distribuidos sus recursos- puede aportar además información para comprender determinados comportamientos que el tutor no sabía interpretar.
- En casa puede realizar analíticas y ecografías con equipo portátil y, cuando necesita sedar al paciente para una exploración, permanece pendiente de él durante todo el procedimiento.

Cuando el desplazamiento supone una dificultad, también puede encargarse del traslado del gato y del tutor.
Los abuelos y sus gatos
Si hay una parte de su trabajo de la que Mamen habla con especial cariño es la que tiene que ver con las personas mayores.
Entre las personas a las que atiende hay tutores de edad avanzada que viven solos con sus gatos y para quienes estos animales constituyen una compañía especialmente importante.
- También visita a personas con problemas de movilidad, para quienes salir de casa con el animal resulta complicado o directamente imposible.
- En estos casos, que la veterinaria llegue hasta el domicilio no es solo una comodidad, sino que permite que el gato siga recibiendo revisiones y cuidados preventivos.
“Visito, por ejemplo, a una señora de noventa años que me trata como si fuera su nieta y que me repite que, si no fuera por el servicio a domicilio, no podría seguir teniendo gatos”.
Una mirada que también ha cambiado
Cuando Mamen empezó a ejercer, el gato tenía mucha menos presencia específica en la formación y en la práctica clínica. Durante años, recuerda, era habitual aproximarse a él como a “un perro pequeño”, pese a las diferencias que existen tanto en sus patologías como en su comportamiento y manejo.
- Con el tiempo, la profesión ha ido incorporando un conocimiento mucho más específico del paciente felino. Para Mamen, sin embargo, una buena clínica felina no depende solo del conocimiento técnico.
- Como ella misma nos cuenta: “empieza por saber observar, manejar y explorar al gato respetando su comportamiento”.
También empieza a percibir cambios entre los propios tutores. Algunos solicitan ya revisiones aunque aparentemente no exista ningún problema, lo que supone precisamente el seguimiento que ella echaba de menos en muchos de los pacientes que veía desaparecer durante años.

Trabajar en red
Ejercer a domicilio no significa para Mamen trabajar de forma aislada. Su actividad necesita de clínicas, hospitales y compañeros a los que recurrir cuando un paciente requiere una prueba, una intervención o una hospitalización que no puede realizarse en casa.
- Por eso defiende una profesión con más colaboración y capacidad de derivación.
- Ella misma trabaja de esa manera: asume aquello que puede resolver en el domicilio y, cuando el caso supera esos límites, busca al profesional o al centro adecuado y coordina la continuidad del paciente.
Esa complementariedad es también parte de lo que aporta su modelo: ampliar las formas de acceder a la atención veterinaria sin perder la conexión con el resto de profesionales y centros que participan en el cuidado del gato.
FORMARSE, OBSERVAR Y RESPETAR AL GATO
A quien quiera especializarse en gatos, Mamen le pide sobre todo dos cosas: que le gusten de verdad y que aprenda a respetarlos como lo que son, sin compararlos con ningún otro animal. Después viene la formación continuada.
- Su propio recorrido muestra también cómo dentro de la profesión pueden desarrollarse formas diferentes de ejercer. En su caso, esa forma de ejercer nació de observar durante años a aquellos gatos que dejaban de acudir a revisión y preguntarse cómo podía seguir llegando hasta ellos.
- La respuesta fue cambiar el recorrido: en lugar de esperar siempre a que el gato llegue hasta la consulta, llevar la atención veterinaria hasta él.
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