¿Qué papel debe desempeñar hoy el Auxiliar Clínico Veterinario en la clínica de pequeños animales? ¿Cómo influye la formación, la experiencia y la delimitación de funciones en el día a día del equipo?
La clínica veterinaria actual depende cada vez más de equipos bien formados, cohesionados y con funciones claras.
En este contexto, la figura del Auxiliar Clínico Veterinario (ACV) ha ganado peso y responsabilidad, aunque no siempre acompañada de un marco homogéneo de competencias y reconocimiento profesional.
- Juan de la Cerda, veterinario con amplia experiencia hospitalaria y jefe de estudios de IVET Valencia, con formación específica en docencia, aporta una mirada sólida y comprometida sobre el papel del ACV en la práctica clínica.
En esta entrevista para Vetesfera Clinic, analizamos la evolución del rol del auxiliar, los retos formativos actuales y algunos de los debates que hoy marcan el día a día de las clínicas veterinarias.
Desde tu experiencia como veterinario clínico y formador, ¿cómo describirías la evolución del papel del ACV en las clínicas y hospitales veterinarios en España durante los últimos años?
La evolución ha sido claramente heterogénea. Hemos pasado de un rol poco definido a un perfil cada vez más técnico y relevante, aunque no de forma uniforme.
- En España conviven clínicas donde el ACV está plenamente integrado en el equipo sanitario con otras donde su papel sigue siendo básico o administrativo.
Aun así, el cambio es evidente, puesto que cada vez se buscan menos perfiles “todoterreno” y se avanza hacia una delimitación más clara de funciones asistenciales, lo que supone un paso importante hacia la profesionalización real del ACV.
¿Qué factores crees que han impulsado este cambio: mayor complejidad clínica, presión asistencial, evolución del cliente, o una mayor conciencia del valor del trabajo en equipo?
Es el resultado de varios factores combinados. La mayor complejidad clínica -hospitalización avanzada, UCI, diagnóstico sofisticado o manejo de pacientes crónicos-ha sido clave.
También ha influido la evolución del tutor, cada vez más implicado y exigente, lo que eleva el nivel asistencial.
- Además, la reducción de veterinarios que permanecen en clínica ha obligado a reorganizar funciones puesto que el veterinario debe centrarse en su labor clínica, mientras que el apoyo asistencial recae en auxiliares bien formados.
Todo esto solo es posible con una mentalidad abierta al trabajo en equipo, algo que aún es un reto en un sector mayoritariamente privado.
Como jefe de estudios, tienes una visión directa de la formación de los futuros profesionales. ¿Consideras que la formación actual de los ACV responde realmente a las necesidades reales de la clínica moderna?
De forma clara, no.
- La formación actual del ACV parte de un marco insuficiente
- No existe una titulación oficialmente reglada como tal, sino una cualificación profesional con una carga formativa mínima que no se ajusta a la complejidad real de la clínica moderna
Además, al no ser obligatoria para trabajar en clínica, la oferta formativa es muy desigual, con programas que priorizan el marketing frente a la calidad. Esto provoca que muchos alumnos lleguen a los centros con una preparación limitada, generando frustración tanto en ellos como en los equipos clínicos.
Desde la experiencia docente, cuando estos perfiles reciben una formación exigente y alineada con la práctica asistencial, su evolución es muy notable. El problema no es la vocación del alumno, sino el enfoque formativo.
- Por ello, la formación de ACV debería entenderse como una responsabilidad profesional, no solo como un negocio.
Desde tu punto de vista, ¿Qué competencias técnicas y profesionales debería dominar hoy un ACV bien formado para integrarse de forma eficaz y segura en un equipo veterinario?
El ACV debe ser un complemento imprescindible del veterinario, con autonomía funcional dentro de sus competencias.
- No debe diagnosticar ni prescribir, pero sí desempeñar con solvencia tareas asistenciales como el manejo del paciente hospitalizado, control de constantes, cuidados de higiene, colocación y mantenimiento de sondas, preparación de material y apoyo en consulta y quirófano.
Estas competencias solo pueden asumirse con seguridad mediante una formación rigurosa y práctica. Cuando esto se cumple, el equipo es más eficiente y el veterinario puede centrarse en sus funciones clínicas.
Uno de los debates recurrentes en el sector es si las funciones del ACV están o no claramente definidas. Como veterinario, ¿crees que existe una falta de delimitación real de funciones o el problema es más bien la heterogeneidad formativa?
El problema existe y es real, pero no se explica solo por una falta de definición teórica de funciones. En la práctica, las funciones del ACV no están claramente delimitadas porque varían enormemente de un centro a otro y, en muchos casos, según el modelo de clínica y el nivel asistencial.
Si nos ceñimos a lo que recogen la cualificación profesional o algunos convenios, el marco de actuación del auxiliar resulta limitado y poco representativo de la realidad de la clínica moderna.
- En el día a día, especialmente en centros con mayor complejidad, el ACV asume muchas más funciones de las que aparecen formalmente descritas.
Esto ha generado un rol híbrido, en el que el auxiliar combina tareas administrativas, funciones asistenciales y responsabilidades muy cercanas a las de una enfermería clínica, pero sin una definición clara, homogénea y consensuada.
- Esta falta de claridad provoca confusión, desigualdad entre centros y, en ocasiones, inseguridad tanto para el propio ACV como para el equipo veterinario.
A todo ello se suma la heterogeneidad formativa. Sin una formación mínima común y exigente, es muy difícil establecer qué competencias puede asumir un ACV con garantías.
Por eso, más que debatir únicamente sobre funciones en abstracto, el foco debería ponerse en qué formación es necesaria para asumir determinadas responsabilidades y cómo estructurar equipos en los que cada profesional tenga claro su papel dentro de la clínica.
Algunos veterinarios hablan de intrusismo profesional. ¿Cuál es tu lectura de este debate?
Este debate no puede entenderse sin la falta de definición clara de funciones y sin una formación homogénea. Cuando estos elementos no existen, es fácil que surjan tensiones y percepciones de intrusismo que, en muchos casos, no responden a una invasión real de competencias, sino a problemas de estructura y confianza dentro de los equipos.
- Un ACV bien formado no debe diagnosticar ni tomar decisiones terapéuticas, pero sí debería comprender los procedimientos en los que participa
- Entender una cirugía, aunque no la realice, le permite asistir mejor al veterinario y mejorar el funcionamiento del equipo.
En mi opinión, este debate también se alimenta de visiones inseguras o poco actualizadas del trabajo en clínica.
- En lugar de ver al auxiliar como un apoyo que eleva el nivel asistencial, a veces se le percibe como una amenaza. Y conviene recordar que quien tiene un criterio sólido no necesita limitar el crecimiento profesional de los demás para destacar
¿Una mejor definición de competencias y un marco formativo homogéneo ayudarían a mejorar la convivencia en clínica?
Sin duda. Cuando cada profesional sabe qué puede hacer, con qué formación y bajo qué responsabilidad, el trabajo en equipo mejora y aumenta la seguridad del paciente.
- Gran parte del cambio debe producirse desde dentro del sector. Muchos veterinarios desconfían del ACV por experiencias previas con una formación deficiente.
- Elevar el nivel formativo es clave para construir confianza, que no se impone, se gana.
Desde tu experiencia colaborando con ANAVET, ¿qué papel consideras que deben jugar las asociaciones profesionales en la profesionalización, la formación continua y la defensa del colectivo ACV?
Las asociaciones son fundamentales para la profesionalización del ACV. Ofrecen formación continua, espacios de intercambio y defensa del colectivo. No solo se trata de mejorar condiciones laborales, sino de establecer estándares, visibilizar el valor del ACV y fomentar el respeto profesional.
- Desde mi experiencia colaborando con ANAVET, además de apoyar en todo lo anterior, te diría que su principal función es dar alas a quien no las tiene, ya que buscan auxiliares que pueden ser referentes para otros y demostrarles que, con esfuerzo, trabajo y dedicación, el auxiliar puede crecer una barbaridad.
- ANAVET eleva la figura del auxiliar para destacarla como el profesional sanitario que es, pero también ayuda a ver al colectivo que para ser bueno hay que currárselo y estar en formación continua.
Mirando a otros países, ¿qué modelos serían realistas para España?
La realidad española es distinta por razones económicas, laborales y regulatorias. En otros países existen carreras de enfermería veterinaria bien estructuradas, mientras que aquí aún falta un marco básico sólido.
- Lo deseable sería avanzar hacia una formación reglada de mayor duración, incluso universitaria, pero es un camino complejo que requiere tiempo, consenso y un cambio cultural profundo en un sector privado muy diverso...
Para cerrar, ¿qué mensaje te gustaría trasladar tanto a los ACV que están formándose como a los veterinarios que trabajan con ellos, sobre la importancia de construir equipos basados en el respeto, la formación y la responsabilidad compartida?
Para los auxiliares en formación o en los primeros años de su carrera les diría que sigan creciendo, que inviertan en su formación y recuerden siempre que todos hemos pasado por esa etapa de aprendizaje.
- Si pueden, ayuden a quienes vienen detrás a orientarse, a encontrar dónde formarse bien y a mejorar cada día.
- Y si sienten que en su centro están estancados o no se valora su trabajo, no duden en dar el salto a un lugar donde realmente se reconozca su papel y puedan desarrollarse plenamente.
Para los veterinarios: debemos entender al auxiliar como un complemento esencial de nuestro equipo.
- Mientras ellos están gestionando cuidados fundamentales, como colocar una sonda de alimentación, nosotros podemos centrarnos en tareas que requieren nuestra formación, como elaborar diagnósticos, planificar tratamientos o atender consultas.
- Cuando cada profesional trabaja en su rol con confianza y respeto, el equipo funciona mejor y, sobre todo, la atención al paciente mejora de manera notable.
La conversación con Juan de la Cerda pone sobre la mesa una idea clave para el presente y el futuro de la clínica veterinaria. La calidad asistencial no se construye desde compartimentos estancos, sino desde equipos en los que cada profesional conoce su función, su responsabilidad y su valor dentro del conjunto.
Su visión como veterinario y formador subraya la necesidad de avanzar hacia una formación del ACV más homogénea, exigente y conectada con la realidad clínica, así como hacia un mayor entendimiento entre perfiles que comparten un mismo objetivo. El bienestar del paciente y el buen funcionamiento de los centros veterinarios.
- En un sector marcado por la complejidad asistencial y la presión diaria, miradas como la suya aportan criterio, ayudan a rebajar tensiones y abren espacios de diálogo necesarios.
- Solo desde la formación, el respeto profesional y la colaboración real será posible construir una clínica veterinaria más sólida, más segura y preparada para los retos que vienen.












