La gestión clínica como salida profesional para ACV se vuelve cada vez más relevante en muchas clínicas veterinarias, donde los problemas que más desgaste generan no tienen que ver con la veterinaria en sí, sino con la forma en que se organiza el trabajo.
Falta de estructura, procesos poco definidos y una gestión que se improvisa acaban afectando al equipo, a la continuidad del día a día y, en último término, a la calidad del servicio.
- Carmen Rosa Almenar Cañizares, ACV y practice manager del Centro Veterinario VetCali en Tenerife, Canarias, trabaja precisamente en ese plano menos visible pero decisivo.
- Su experiencia combina práctica asistencial y gestión interna, y aporta una visión clara sobre el papel que puede desempeñar el ACV cuando participa activamente en la organización de la clínica.
En esta entrevista para Vetesfera Clinic, hablamos de gestión aplicada a la realidad diaria, del valor organizativo del ACV y de las dificultades añadidas que supone desarrollar la profesión en un territorio con menor acceso a formación y eventos profesionales.
Desde tu experiencia en gestión, ¿qué parte del funcionamiento diario de una clínica depende directamente del trabajo del ACV y suele pasar desapercibida?
Desde mi experiencia, buena parte del funcionamiento diario de una clínica veterinaria depende directamente del trabajo del ACV.
- Más allá de las tareas visibles, el ACV organiza citas, atiende al público y, en muchos casos, realiza el primer triaje y recoge la anamnesis inicial del paciente.
- A ello se suma un trabajo logístico imprescindible que suele pasar desapercibido: limpieza, desinfección y esterilización del material, reposición de fungibles y medicación, y gestión del material textil.
- El ACV actúa además como nexo de coordinación entre veterinarios, servicios y familias, asegurando el flujo de información.
Por último, la atención continuada a los pacientes hospitalizados recae en gran medida en el ACV y resulta clave para su seguimiento. En conjunto, su labor sostiene la fluidez del día a día y garantiza un funcionamiento ordenado y eficiente de la clínica.
Cuando el ACV participa activamente en la organización de la clínica, ¿qué problemas habituales se evitan y qué mejora de forma inmediata en el día a día del centro?
Cuando el ACV participa activamente en la organización de la clínica, se evitan muchos de los problemas que suelen aparecer por falta de coordinación y exceso de improvisación.
- La presencia de una figura que conecta equipos y procesos permite anticiparse a incidencias, reducir errores y ganar fluidez en la toma de decisiones.
Esta implicación se traduce también en una mejora inmediata de la relación con las familias. Una comunicación más ordenada y cercana evita malentendidos, aporta información más fiable y reduce la tensión en momentos delicados, mejorando la experiencia del cliente y el manejo del paciente.
- A nivel interno, la organización que aporta el ACV alivia la sobrecarga del equipo veterinario, especialmente en contextos de alta presión asistencial.
Esto permite trabajar con más calma, aplicar un manejo más respetuoso con los animales y optimizar tiempos, con un impacto directo en el ambiente laboral y en la calidad global del servicio.
En las clínicas donde la gestión no está estructurada, ¿qué señales indican que el problema no es asistencial, sino organizativo?
Cuando la gestión no está estructurada, una de las primeras señales es la falta de roles profesionales claros. Si cada persona no sabe exactamente qué se espera de ella, aparecen confusión, expectativas poco realistas y formas de trabajar inadecuadas, lo que afecta tanto al funcionamiento del centro como al desarrollo profesional del equipo.
- La ausencia de protocolos, responsabilidades definidas y una organización clara genera además un entorno laboral muy estresante, con problemas de comunicación y coordinación y una sensación constante de ineficiencia.
- En muchos casos, la atención veterinaria es clínicamente correcta, pero la falta de estructura termina deteriorando la experiencia del cliente.
Algunas señales habituales de este problema son agendas mal gestionadas, tiempos de espera excesivos, incidencias continuas de stock, fallos en la comunicación interna o errores en los procedimientos.
- Cuando el equipo está quemado, hay tensión constante y el ambiente laboral se resiente, casi siempre el origen no es asistencial, sino organizativo.
Cada vez se habla más de especialización dentro del colectivo ACV. ¿Crees que la gestión clínica debería consolidarse como una vía profesional clara y reconocida para los auxiliares veterinarios?
La especialización del ACV es hoy una necesidad real. La figura del “chico para todo” ya no es viable en las clínicas actuales, donde no es posible asumir múltiples tareas a la vez con el mismo nivel de calidad.
- En los últimos años se observa además una tendencia clara a incorporar más auxiliares para asumir funciones que antes recaían en el veterinario, permitiendo una atención clínica más enfocada y eficiente.
En este contexto, el papel del ACV coordinador o practice manager surge como una especialización necesaria. No se trata solo de delegar tareas, sino de hacerlo con formación, criterio y responsabilidad. Por eso es imprescindible una capacitación específica, tanto técnica como organizativa.
- Al igual que existen ACV especializados en áreas clínicas, la gestión clínica debería consolidarse como una vía profesional reconocida.
- El ACV conoce el funcionamiento real de la clínica, los flujos de trabajo y las necesidades del equipo y de las familias, lo que le permite asumir este rol con eficacia y aportar un beneficio claro al centro y a la calidad del servicio.
Desde tu trayectoria, ¿qué habilidades o competencias consideras imprescindibles para que un ACV pueda asumir un cargo de responsabilidad como el tuyo?
Para asumir un cargo de responsabilidad es clave combinar competencias personales y técnicas.
- A nivel personal, destacan el liderazgo, la empatía, la capacidad de comunicación, la responsabilidad y una actitud resolutiva, fundamentales para gestionar equipos y resolver conflictos.
Junto a ello, son imprescindibles habilidades que se adquieren con formación y experiencia, como la organización, la planificación, la gestión del tiempo y la capacidad de priorizar, además de conocimientos básicos de gestión, presupuestos y protocolos internos.
Por último, es un puesto que requiere una clara vocación y compromiso para desempeñarse con eficacia.
Ejercer como ACV en Canarias implica una realidad distinta. ¿Cómo condiciona la insularidad el acceso a formación continua y las oportunidades reales de desarrollo profesional?
La insularidad condiciona de forma notable el desarrollo profesional de los ACV en Canarias. La oferta formativa es más limitada y el acceso a congresos y cursos presenciales implica costes elevados de desplazamiento y alojamiento, lo que dificulta la especialización.
Ante esta realidad, muchos profesionales dependen de la formación online y de iniciativas formativas impulsadas desde los propios centros, que no siempre resultan accesibles.
A ello se suma la menor presencia de eventos de networking y estancias formativas, lo que reduce las oportunidades reales de crecimiento profesional.
¿Crees que asociaciones y organizadores de eventos tienen en cuenta de forma real la insularidad al planificar formación y eventos profesionales?
Ha habido una mejora en los últimos años, pero todavía resulta insuficiente.
- Muchas formaciones se planifican con horarios peninsulares sin tener en cuenta el desfase horario de Canarias, lo que genera confusión, errores de asistencia y dificultades prácticas que podrían evitarse con una mejor planificación.
Además, gran parte de los eventos se organizan en la península sin valorar el impacto real que suponen los desplazamientos para los profesionales canarios, que implican más tiempo, costes adicionales y una reorganización compleja de los turnos.
- Apostar por formatos híbridos y acercar formación de calidad a las islas, adaptada a su realidad y casuística, sería un paso clave para mejorar el acceso y la participación.
Como delegada de ANAVET en Canarias, ¿cuáles son las principales necesidades que detectas actualmente en el colectivo ACV del archipiélago?
Las necesidades del colectivo ACV en Canarias no difieren mucho de las del resto del país. Sigue siendo clave contar con una formación inicial de calidad, rigurosa y centrada en competencias profesionales reales, que permita incorporarse al entorno laboral con una base sólida.
También es fundamental disponer de formación de especialización accesible, adaptada a los horarios y aplicable a la realidad del trabajo diario. A ello se suma una demanda clara de mayor reconocimiento profesional, mejores condiciones laborales y vías definidas de crecimiento.
- En Canarias ha comenzado el proceso de acreditación, impulsado por organizaciones veterinarias, pero todavía falta un acompañamiento más claro.
- Existe desinformación y falsas expectativas, por lo que sería necesario un comité orientador que asesore a los ACV y explique el proceso con claridad.
Por todo ello, detecto una gran necesidad de orientación, acompañamiento y espacios propios donde compartir experiencias y seguir creciendo profesionalmente.
¿Qué papel puede jugar ANAVET para apoyar a los ACV que asumen más responsabilidad dentro de las clínicas, especialmente en áreas como la gestión y la organización?
Creo firmemente en el papel de ANAVET como herramienta real de apoyo y dignificación de la profesión.
- Su labor no solo respalda a los ACV que asumimos más responsabilidades dentro de la clínica, sino que también nos da visibilidad como colectivo y refuerza nuestro papel cuando ocupamos puestos de mayor responsabilidad.
En áreas como la gestión y la organización, donde la formación y la capacitación son clave, ANAVET resulta fundamental para facilitar acceso a formación especializada, colaborar con congresos y entidades del sector y ofrecer recursos como webinars, simposios y descuentos en cursos.
Además, al ser una asociación creada por auxiliares, fortalece nuestra voz, defiende nuestros intereses y contribuye a profesionalizar el trabajo del ACV dentro del ecosistema veterinario.
¿Qué le dirías a un ACV que aspira a crecer profesionalmente y ocupar un rol de gestión dentro de una clínica veterinaria, pero no encuentra todavía un camino claro para hacerlo?
Le diría que confíe en sus capacidades, aunque no siempre sean reconocidas de inicio. Asumir responsabilidades, proponer mejoras y participar en la toma de decisiones es clave para visibilizar su valor. Muchas clínicas necesitan profesionales que coordinen y mejoren procesos, y estas iniciativas suelen ser bien recibidas.
- La formación en gestión y administración clínica aporta una base sólida en organización, protocolos y atención al cliente, y resulta especialmente eficaz cuando se combina con experiencias prácticas dentro de la propia clínica, como liderar pequeños proyectos.
- Además, reforzar la formación clínica avanzada aporta criterio y seguridad para asumir roles de responsabilidad.
La gestión se aprende con la práctica, pero también con actitud. Creer en el propio valor y atreverse a dar el paso es fundamental.
La experiencia de Carmen Rosa Almenar Cañizares refleja una realidad compartida por muchas clínicas veterinarias. La calidad asistencial no depende solo del conocimiento clínico, sino también de la organización del trabajo, la coordinación de los equipos y el reconocimiento de quienes sostienen el funcionamiento diario del centro.
- Su visión como ACV y practice manager refuerza que la gestión no es un complemento, sino una pieza estructural para la sostenibilidad de las clínicas y para el desarrollo profesional del colectivo ACV.
Desde Vetesfera Clinic, seguiremos dando espacio a conversaciones que ayuden a comprender la clínica desde dentro y a avanzar hacia modelos de trabajo más sólidos y sostenibles.


















