La dermatología veterinaria es una de las áreas que más ha evolucionado en la clínica de pequeños animales en las últimas décadas.
El aumento de las consultas por procesos cutáneos crónicos, la mayor exigencia diagnóstica y la necesidad de seguimiento a largo plazo han convertido esta especialidad en un pilar dentro de muchos hospitales y centros de referencia. En ese contexto, el trabajo en equipo resulta determinante.
- César Yotti, veterinario acreditado en Dermatología por AVEPA y director del Centro Dermatológico Veterinario Medivet Skinpet, acumula más de 15 años dedicado en exclusiva a esta disciplina.
- Además de su actividad clínica y su labor como autor y ponente, ha sido un firme impulsor de la formación de los Auxiliares Clínicos Veterinarios, apoyando activamente su presencia en congresos y foros profesionales.
Conversamos con él sobre la evolución de la dermatología, el papel del ACV en esta especialidad y el futuro del trabajo coordinado en clínica.
Su trayectoria profesional comenzó en clínica general y evolucionó hacia la dermatología hasta dirigir un centro de referencia. ¿Qué le llevó a especializarse de forma tan decidida en esta área y cómo ha sido ese proceso?
Comencé en clínica general, como muchos compañeros, y pronto me di cuenta de que los casos dermatológicos me generaban una mezcla de reto intelectual y vínculo muy estrecho con el paciente y su tutor.
- La dermatología exige escuchar, observar y pensar en procesos a medio y largo plazo. No es una especialidad de soluciones rápidas, sino de comprender mecanismos.
El proceso fue progresivo: formación continuada, estancias, congresos, horas de estudio y, sobre todo, muchos casos clínicos.
Con el tiempo entendí que para ofrecer el nivel asistencial que los pacientes necesitaban debía dedicarme en exclusiva. Dirigir un centro de referencia ha sido la consecuencia natural de esa inquietud por profundizar y protocolizar la atención dermatológica.
Desde su experiencia, ¿cómo ha cambiado la dermatología veterinaria en España en los últimos quince años en términos diagnósticos, terapéuticos y de organización asistencial?
El cambio ha sido muy notable. En el ámbito diagnóstico hemos pasado de abordajes más empíricos a protocolos estructurados: citologías sistemáticas, cultivos, pruebas de alergia mejor interpretadas, mayor uso de biopsias y una comprensión mucho más sólida de la dermatología basada en la evidencia.
En terapéutica, la aparición de nuevas moléculas para el control del prurito y de la dermatitis atópica ha transformado la calidad de vida de muchos pacientes.
También hemos avanzado en medicina preventiva y en el concepto de control a largo plazo, no solo de tratamiento puntual.
- En cuanto a organización, cada vez existen más servicios especializados y centros de referencia. Esto ha favorecido el trabajo en red y ha impulsado la necesidad de equipos mejor formados y coordinados.
En los pacientes dermatológicos, muchos procesos son crónicos o recurrentes. ¿Qué elementos considera esenciales para ofrecer una atención clínica rigurosa y sostenible en el tiempo?
Diría que hay tres pilares fundamentales:
- Diagnóstico preciso y protocolizado
- Comunicación clara con el tutor, explicando expectativas realistas
- Seguimiento estructurado
En dermatología debemos hablar de “control” más que de “curación” en muchos casos. Si el tutor comprende la naturaleza crónica del proceso y siente acompañamiento, el cumplimiento terapéutico mejora enormemente. Y ahí el equipo completo juega un papel decisivo.
En un centro especializado como Medivet Skinpet, ¿qué funciones concretas desempeña el Auxiliar Clínico Veterinario dentro del abordaje dermatológico?
El ACV es una figura absolutamente clave. Sus funciones incluyen:
- Educación y acompañamiento del tutor
- Seguimiento telefónico y resolución de dudas básicas
- Control de agenda y tiempos de revisión en procesos crónicos
En dermatología, donde el detalle importa, el ACV aporta orden, continuidad y cercanía.
Usted ha impartido numerosas ponencias tanto para veterinarios como para ACV. Cuando se dirige a cada uno de estos perfiles, ¿qué diferencias observa en el enfoque y en las necesidades formativas?
Cuando me dirijo a veterinarios, el enfoque es más fisiopatológico y terapéutico. Profundizamos en algoritmos diagnósticos, estudios comparativos y toma de decisiones clínicas complejas.
Con los ACV, el enfoque es más práctico y operativo: cómo reconocer lesiones, cómo preparar muestras correctamente, cómo explicar un protocolo de baño, cómo detectar signos de alerta.
- Pero algo que me parece muy enriquecedor es la participación activa del colectivo auxiliar; suelen plantear preguntas muy enfocadas a la realidad diaria de la clínica.
Ha apoyado activamente la presencia de ponentes ACV en congresos sectoriales. ¿Cómo valora la incursión de auxiliares como ponentes dentro del sector veterinario?
La valoro de forma muy positiva. El crecimiento profesional del sector pasa por reconocer que la medicina veterinaria moderna es trabajo en equipo.
- Cuando un ACV comparte su experiencia en organización clínica, atención al cliente o seguimiento terapéutico, está aportando conocimiento práctico de gran valor
- Además, su visibilidad en congresos refuerza la autoestima profesional y eleva el estándar de todo el equipo
¿Qué evolución ha experimentado la figura del ACV en los últimos años en términos de competencias y reconocimiento profesional?
La evolución ha sido clara. Hoy encontramos auxiliares con mayor formación técnica, mayor implicación en protocolos clínicos y mayor responsabilidad en la comunicación con tutores.
- Aún queda camino en términos de reconocimiento formal y regulación homogénea, pero el cambio cultural dentro de las clínicas es evidente: el ACV ya no es solo apoyo logístico, sino parte activa del proceso asistencial.
En dermatología, donde el cumplimiento del plan terapéutico es determinante, ¿qué papel desempeña el ACV en la comunicación con los tutores y en el seguimiento del tratamiento en casa?
Es un papel fundamental. Muchas veces el éxito del tratamiento no depende solo de la molécula elegida, sino de cómo se aplica en casa.
El ACV puede:
- Reforzar instrucciones tras la consulta
- Mostrar de forma práctica cómo realizar un baño terapéutico
- Resolver dudas iniciales que, si no se atienden, podrían derivar en abandono del tratamiento
- Detectar precozmente incidencias y derivarlas al veterinario
Esa cercanía y accesibilidad generan confianza y favorecen el cumplimiento correcto del plan terapéutico en el domicilio.
En este proceso de profesionalización, ¿qué papel pueden desempeñar asociaciones como ANAVET en la formación y visibilización del ACV?
Las asociaciones profesionales son fundamentales para estructurar la formación continua, generar comunidad y defender estándares de calidad.
Pueden actuar como puente entre clínicas, centros formativos y congresos, fomentando la actualización constante y la cohesión del colectivo. Además, contribuyen a visibilizar el valor real del ACV dentro del ecosistema veterinario.
Pensando en los próximos años, ¿cómo imagina la integración del ACV dentro de servicios dermatológicos cada vez más especializados?
Imagino una integración aún mayor y más estructurada. En servicios altamente protocolizados, el ACV puede asumir responsabilidades claras en:
- Gestión de planes de seguimiento
- Monitorización de pacientes crónicos
- Educación sanitaria especializada
- Coordinación de revisiones periódicas
La dermatología del futuro será cada vez más técnica, pero también más humana. Y en ese equilibrio, el ACV no será un complemento, sino un pilar estratégico del servicio.
La especialización veterinaria no solo implica más conocimiento científico, sino mejor organización y mayor cohesión de equipo.
En dermatología, donde el acompañamiento a largo plazo es esencial, el desarrollo profesional del ACV no es opcional: es parte inseparable de la calidad asistencial que nuestros pacientes y sus tutores merecen.
La dermatología veterinaria refleja con claridad hacia dónde se dirige la clínica de pequeños animales: mayor especialización, protocolos más definidos y equipos cada vez más coordinados.
- La experiencia de César Yotti subraya que el avance técnico no puede desligarse del desarrollo profesional del conjunto del equipo.
- En especialidades donde el seguimiento y la comunicación son claves, el papel del ACV se consolida como un elemento estructural dentro de la calidad asistencial.
- Una evolución que acompaña la transformación global del ecosistema veterinario en España.


















