La publicación del Real Decreto 489/2026, por el que se establece el Certificado profesional en Asistencia clínica en centros veterinarios, ha abierto un nuevo escenario para la formación oficial vinculada a las funciones de apoyo técnico y auxiliar en los centros veterinarios.
- Ante esta nueva norma, ANAVET ha trasladado su posicionamiento al sector y subraya que el real decreto supone “un cambio en el marco regulador” que afecta al colectivo auxiliar veterinario y a la forma en que se estructura la cualificación profesional en este ámbito.
El certificado, integrado en el Sistema de Formación Profesional, fija una formación oficial de nivel 3, con una duración de 690 horas y validez en todo el territorio nacional. Su denominación oficial es Asistencia clínica en centros veterinarios y queda adscrito a la familia profesional Agraria.
Un nuevo marco para ordenar la cualificación
El Real Decreto 489/2026 define un perfil profesional centrado en la atención a la clientela en centros veterinarios y en la realización de funciones de apoyo técnico y auxiliar en la atención clínica de los animales.
Estas funciones se sitúan en distintos espacios del centro veterinario, como consulta, quirófano, hospitalización, procedimientos de imagen para el diagnóstico y laboratorio de análisis.
La norma establece que estas tareas deberán realizarse de acuerdo con los protocolos del centro y bajo la indicación o supervisión del personal veterinario facultativo cuando proceda.
Este matiz resulta especialmente relevante para interpretar el alcance del certificado, ya que el texto no modifica las competencias propias del veterinario ni atribuye autonomía clínica al personal auxiliar. Su ámbito se enmarca en la formación profesional, la acreditación de competencias y la definición de un perfil de apoyo dentro del equipo veterinario.
ANAVET pide atención al desarrollo de la oferta formativa
Para ANAVET, la publicación del certificado oficial no cierra el proceso, sino que abre una fase decisiva para su implantación.
- “A partir de la publicación de este certificado oficial, será necesario desarrollar la correspondiente oferta formativa que permita su obtención y concretar los aspectos necesarios para su implantación”, señala la asociación.
Este punto será clave para el sector, ya que la utilidad real del certificado dependerá de cómo se despliegue la formación, de qué centros puedan impartirla, de cómo se organicen los módulos y de qué criterios se apliquen para garantizar una preparación adecuada a la realidad de las clínicas veterinarias.
El real decreto estructura el certificado en módulos vinculados a atención al cliente y gestión en centros veterinarios, análisis de muestras biológicas animales, cuidados auxiliares de veterinaria, apoyo en quirófano, atención en hospitalización, asistencia en procedimientos de imagen para el diagnóstico y prevención de riesgos laborales.
También incorpora un periodo de formación en empresa u organismo equiparado, conforme a la ordenación general del Sistema de Formación Profesional.
Formación, calidad y bienestar animal
ANAVET destaca que seguirá de cerca el desarrollo de este proceso y su impacto tanto sobre la profesión como sobre el conjunto del sector veterinario.
- La asociación señala que su objetivo será contribuir a que la formación vinculada a este certificado responda a “criterios científicos, veterinarios y de calidad”, además de atender a las necesidades reales de los profesionales y al bienestar animal.
La referencia al bienestar animal y a la calidad formativa conecta con uno de los puntos centrales del debate abierto por la norma: la necesidad de que la formación oficial no se limite a ordenar contenidos, sino que permita preparar perfiles capaces de integrarse con seguridad y eficacia en equipos clínicos cada vez más especializados.
En la práctica, las funciones auxiliares en centros veterinarios tienen impacto directo en la atención al tutor, la seguridad del paciente, la preparación de materiales, la gestión de muestras, la hospitalización, el apoyo en quirófano, la bioseguridad y el cumplimiento de protocolos internos.
Por ello, la implantación del certificado será observada con especial atención por clínicas, hospitales, centros formativos y asociaciones profesionales.
Qué implica para las clínicas veterinarias
Para los centros veterinarios, el nuevo certificado puede convertirse en una referencia común para ordenar perfiles, definir funciones internas y mejorar los procesos de selección y formación de personal auxiliar.
No sustituye los protocolos propios de cada clínica ni resuelve por sí solo la organización de los equipos, pero sí aporta una base oficial sobre los contenidos formativos y las competencias asociadas al perfil de asistencia clínica veterinaria.
En clínicas y hospitales donde los equipos han crecido y las tareas se han especializado, contar con una referencia homogénea puede ayudar a clarificar qué conocimientos debe incorporar una persona formada en este ámbito y qué funciones requieren indicación o supervisión veterinaria.
También puede tener implicaciones en la relación entre centros veterinarios y centros formativos, especialmente en el desarrollo de prácticas, estancias en empresa y programas de formación adaptados a la actividad real de los centros.
Lo que el certificado no regula
Una de las claves para interpretar correctamente la norma es diferenciar entre formación oficial y regulación profesional.
El Real Decreto 489/2026 establece un certificado profesional y las ofertas de grados B y A vinculadas a este, pero no constituye una regulación del ejercicio de una profesión regulada.
Por tanto, la aprobación del certificado no equivale a una regulación profesional completa del auxiliar clínico veterinario ni crea un marco competencial independiente del veterinario.
Su alcance se sitúa en el terreno de la Formación Profesional, la acreditación de competencias y la ordenación de una oferta formativa oficial.
Esta precisión es relevante para evitar interpretaciones erróneas dentro del sector. El certificado define una formación y un perfil profesional de apoyo, pero la práctica clínica veterinaria continúa sujeta a las competencias propias del personal veterinario facultativo y a los protocolos de cada centro.
Una fase de implantación que será determinante
El posicionamiento de ANAVET sitúa ahora el foco en la siguiente etapa: el desarrollo efectivo de la oferta formativa y su adaptación a las necesidades reales del sector.
La publicación del Real Decreto 489/2026 supone un paso en la estructuración de la cualificación vinculada a la asistencia clínica en centros veterinarios, pero su impacto dependerá de cómo se concrete su aplicación.
- En este proceso, la asociación afirma que continuará analizando la evolución de la norma y sus consecuencias para el colectivo auxiliar veterinario, los centros clínicos y el conjunto de la profesión.
La clave, a partir de ahora, estará en que la implantación del certificado combine seguridad jurídica, calidad formativa, criterio veterinario y una comprensión ajustada del papel que desempeñan los perfiles auxiliares dentro de los equipos clínicos.

















