La mediación en clínica veterinaria se ha convertido en una herramienta estratégica para afrontar un escenario, cada vez más común en el día a día de los veterinarios clínicos, como aquellos debidos a conflictos con clientes que surgen tras una cirugía, un tratamiento complejo o unas expectativas no satisfechas.
Estas situaciones no solo generan reclamaciones por supuestas negligencias, sino que también provocan un desgaste económico y emocional que repercute en todo el equipo veterinario.
Frente a este panorama, la mediación en clínica veterinaria ofrece una vía profesional y constructiva puesto que se trata de un proceso voluntario, confidencial y económico que transforma la confrontación en acuerdos viables sin necesidad de pasar por un procedimiento judicial.
Qué es la mediación y por qué funciona en veterinaria
La mediación es un proceso voluntario en el que un tercero neutral facilita el diálogo entre las partes en conflicto. Su finalidad no es juzgar ni imponer, sino guiar hacia un acuerdo justo y aceptado por ambos.
Los pilares que la sostienen garantizan seguridad a veterinarios clínicos y clientes:
- Voluntariedad: nadie está obligado a participar o a llegar a un acuerdo
- Confidencialidad: lo que se hable no podrá usarse después en un juicio
- Imparcialidad: el mediador no dicta sentencia; acompaña y equilibra la comunicación
En veterinaria, además, la mediación requiere un valor diferencial: conocer el lenguaje médico y la realidad clínica. Un mediador con formación veterinaria entiende lo que significa explicar una eutanasia, un tratamiento quirúrgico complejo o un resultado inesperado. Esa comprensión técnica reduce malentendidos y crea confianza.
La mediación como estrategia de gestión de riesgos
Un conflicto en la práctica diaria veterinaria no solo implica una pérdida de tiempo y recursos, sino que también puede poner en riesgo la estabilidad económica y la reputación de toda la clínica. En este contexto, la mediación en clínica veterinaria se presenta como una estrategia eficaz que aporta ventajas concretas y medibles para los profesionales veterinarios:
- Ahorro de tiempo y costes: mientras un procedimiento judicial puede prolongarse años, una mediación se resuelve en semanas o meses, con costes mucho menores
- Protección de la reputación: la confidencialidad evita que el conflicto se haga público, protegiendo la imagen de la clínica frente a reseñas negativas y rumores
- Acuerdos más duraderos: cuando el acuerdo nace del diálogo, no de una sentencia impuesta, suele cumplirse y genera mayor satisfacción
- Bienestar profesional: reducir la confrontación significa también reducir el burnout y la carga emocional de los veterinarios, que a menudo se sienten injustamente señalados
Un ejemplo práctico de cómo funciona la mediación en clínica veterinaria es el de un cliente que acusa a la clínica de negligencia tras una cirugía y amenaza con llevar el caso a los tribunales, un proceso que podría alargarse durante años y generar un gran desgaste económico y emocional para ambas partes.
Con mediación, en cambio, el conflicto se resuelve en pocas sesiones mediante un acuerdo que puede contemplar la devolución parcial de los honorarios, un compromiso de seguimiento postoperatorio y, sobre todo, la posibilidad de mantener la relación profesional en un clima de mayor confianza.
La cláusula de mediación como una herramienta preventiva
Una recomendación práctica para los clínicos veterinarios es incorporar una “cláusula de mediación” en sus consentimientos informados o condiciones de servicio.
Esta cláusula establece la mediación como primera vía formal de resolución de conflictos. Aunque la mediación sigue siendo voluntaria, su sola mención en la documentación canaliza la frustración inicial del cliente hacia un proceso civilizado y profesional, en lugar de un enfrentamiento judicial inmediato.
Un ejemplo sencillo de la redacción puede ser: “Las partes acuerdan intentar previamente la resolución de cualquier conflicto derivado de la presente relación mediante un procedimiento de mediación en derecho animal.”
Conclusión: apostar por ética y solución
Como hemos visto a lo largo de este artículo, la mediación se consolida como un Medio Alternativo de Solución de Conflictos (MASC): rápido, confidencial, económico y centrado en la solución. Y, además, no hablamos de una mediación genérica, sino de una herramienta adaptada al ámbito veterinario como es la Mediación en Derecho Animal, un espacio donde los mediadores comprenden tanto la dimensión legal como la veterinaria.
Asimismo, la mediación en derecho animal no es solo una técnica jurídica: es un compromiso con la ética profesional y con el bienestar de todos los implicados. Supone reconocer que detrás de cada conflicto hay emociones, expectativas y animales que dependen de decisiones rápidas y responsables.
En VetLexis reunimos ambas competencias: somos veterinarios y mediadores especializados en derecho animal. Esta doble visión permite tender puentes entre la técnica médica y la sensibilidad del cliente, transformando un enfrentamiento en un acuerdo viable.
Para el veterinario clínico, incorporar la mediación como herramienta de gestión de conflictos significa reducir riesgos, proteger su reputación y reforzar su profesionalidad.
En definitiva, la mediación convierte la confrontación en colaboración. Y en un sector donde la confianza lo es todo, esa puede ser la diferencia entre perder un cliente… o ganar una relación más sólida y justa.














